Los porqués de una irritación

Hoy estoy irritado. En realidad hace un tiempo que lo estoy y bastante. Me irritan un poco los pseudos revolucionarios que hacen infantilismo de izquierda, repitiendo hasta el cansancio consignas que ya dejaron atrás la fecha de vencimiento y fundamentalmente estériles.

Me irritan mucho más los progres que hacen oposición cerrada al gobierno nacional y solo se dedican a criticar (cosas criticables que las hay y otras por puro oportunismo) sin considerar la formidable transformación que operó en el país cambiando definitivamente de signo y circunstancias la suerte de las luchas populares, que hoy se dan para ir por más y no para defender lo poco que nos dejaban las políticas neoliberales, impuestas a sangre y fuego; que no consideran las correlaciones de fuerzas y la condición necesaria de producir los cambios culturales y del propio sentido común de la sociedad (que sigue estando en disputa) para poder proponerse metas más ambiciosas. Y estoy mas irritados con ellos porque coincidimos en la visión de país y de sociedad que queremos y podríamos estar luchando juntos – y estamos enfrentados – para empujar esta puerta enorme que entreabrió el kirchnerismo para que no solo no se cierre sino que permita la entrada de todos nuestros sueños (que nadie nos va a regalar, ni siquiera este gobierno).

Dejo afuera de mi irritación a los trogloditas y añoradores de la Argentina conservadora, que los hay de todo pelaje: fachos, neoliberales, clericales, democratistas (no, demócratas) o usufructuadores de los diversos poderes corporativos. Los dejo afuera porque ya se que están del otro lado, no tengo dudas. Hay que vigilarlos, combatirlos, diluir su poder destructivo, su capacidad de influencia, impedir que se rearmen para volver a imponer condiciones. Dentro de estos los más peligrosos son los que se disfrazan y que dentro del movimiento popular esperan su oportunidad para dar el zarpazo, y los tenemos al lado nuestro. Hay que saber detectarlos y cuidarse de ellos.

Pero la verdad que los que mas me irritan, me ponen de la nuca, son los kirchneristas bobos, los “sicristinistas”, los que hacen saludo uno, saludo dos, ordene y obedezco, lo que justifican todo con los mismos clichés y descalificaciones que la pseudo izquierda precámbrica y no son capaces de entender que este es un modelo en construcción, que vivimos una etapa de transición “hacia”, que no hemos llegado a ningún lado. Y que por mas voluntad y claridad política que tenga este gobierno, hay barreras, hay limites, hay objetivos que solo se consiguen y se superan con lucha, con el protagonismo de los distintos sectores de la sociedad reclamando lo que por derecho creemos que corresponde. Y disputando en el terreno ideológico y político, debatiendo, denunciando a los traidores, y criticando para avanzar no para destruir.

Siendo lo mejor que nos ha pasado desde los 70 para acá, no han sido infalibles ni impolutos Néstor y Cristina, ni lo será ninguno. La complacencia, la obsecuencia, el seguidismo (la lealtad es otra cosa) es la necrosis de uno de los procesos mas vivos y ricos de la historia argentina y latinoamericana que nos está tocando en suerte vivir.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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3 respuestas a Los porqués de una irritación

  1. Muy bueno Alberto!!!

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  2. jorge dijo:

    Fa! claro y contundente! El que lo lee, si no lo entiende, es por estrechez mental o por que esconde (u ostenta) turbios intereses.

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  3. Mario Burgos dijo:

    Grande jefe.Solo 3 observaciones: 1-sobre la autonominada izquierda vale la pena leer “AFLORAN LOS LÍMITES DEL MODELO” http://ar.nykom.com/2012/04/09/nuevo-documento-del-edi-economistas-de-izquierda/ . Es interesante esa visión de proponer los mecanismos y beneficios de la revolución sin hacerla. 2- No sé si quiero el mismo país que le progresismo. Yo quiero un país a la medida de nuestro pueblo, producto de su acción, cultura y conciencia. Ellos quieren un país a su medida, demarcado por los límites del liberalismo “bueno” . Y, si es posible al pueblo entenderlo, que lo disfrute. 3- Aunque estemos calientes, coincidiremos en que no es que no hayamos llegado a ningún lado. Puede decirse que es una transición pero si nos parece posible que una transición dure décadas., Mientras tanto es la primera vez que una ofensiva conservadora mundial encuentra un muro de contención en Argentina y América. Con todos los kilombos que la bobería ignora, pero con más identidad y carnadura que cualquier gobierno anterior, salvo el ´45.
    Abrazo

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