Andando en Colombia por el sistema de salud

La salud en colombia: una mercancía más

En estos días el sistema de salud colombiano ocupa buena parte de los minutos y las lineas de todos los medios de comunicación. Se hacen programas especiales donde los ciudadanos hacen llegar quejas de todos colores sobre las deficiencias en la atención, las colas para obtener turnos, las llamadas telefónicas que no son respondidas o nunca dan con un ser humano y al final se interrumpen, etc. El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, anunció en estos días la designación de una veintena de gerentes para otros tantos hospitales con la consigna de “terminar con la corrupción, producto de la politiquería, los gastos desmedidos, las designaciones clientelares de personal y empezar a sentar las bases de un sistema preventivo de salud”. Han empezado a salir a luz algunas deudas millonarias que las administraciones anteriores han dejado en los hospitales, la carencia de profesionales médicos, la falta de mantenimiento de los equipos, el exceso de personal administrativo y casos de negligencia o mala praxis.

Cuando el mercado manda

Colombia tiene una economía de mercado, abierta y casi totalmente desregulada o sin controles, donde todo se compra y se vende, se negocia y se regatea. Cada uno se salva como puede, impera la ley del mas fuerte o el más rico. Solo el 4 % de los trabajadores están sindicalizados y menos que eso son los que están bajo convenio colectivos de trabajo. El mercado manda y también en la salud a pesar de la legislación aprobada en el año 1993 y las reformas de los años 2007 y 2011 que apuntan a dar cobertura a toda la población con distintas condiciones según sea el estrato social al que pertenezca. El sistema combina e integra el hospital público con los oferentes privados y el conjunto se sostiene con fuertes partidas de subsidios y el aporte personal o la facturación de los pacientes. La puerta de entrada son las EPS (Entidades Prestadoras de Salud), que son empresas privadas que compiten entre si y a las que los colombianos deben afiliarse pagando una cuota y abonando sus servicios; éstas deben cumplir con las prestaciones a las que la obliga el Plan Obligatorio de Salud (POS) y si corresponde hacen las derivaciones a las IPS (Instituciones Prestadoras de Salud), de mayor complejidad, que pueden ser públicas o privadas.

En las IPS se cobran a buen precio las consultas y los estudios lo que no es garantía de celeridad y eficacia. La burocracia y la ineficiencia ponen a prueba la paciencia de los Bogotanos. Los medicamentos y los servicios se brindan en forma gratuita o abonando un porcentaje según el estrato social en que se encuentre el paciente y si es contributivo, subsidiado o vinculado (depende de su capacidad contributiva). Claro que aquellos sectores de altos ingresos, recurren al sector privado sin tener que soportar los padecimientos del resto de la población.

La realidad bastante lejos de las intenciones

La ultimas leyes dejaron plasmada la voluntad de darle forma a un sistema de “calidad, incluyente, equitativo y universal” pero la realidad dista mucho de eso y es resistente a cambiar. Las EPS, bajo la lógica de maximizar las ganancias, no cumplen con todas las prestaciones a las que están obligadas y las cargan con derivaciones al sector público que a su vez está cruzado por la corrupción, por lo que los fondos públicos que se destinan al sistema van a parar en buena medida a un agujero negro.

Acompañé a G.D. en todo su peregrinar para atender sus pulmones, debilitados por una bronquitis persistente. Ya llevaba dos semanas tratándose con unos inhaladores recetados por el médico de su EPS. Cuando fue por primera vez por esta dolencia en una emergencia respiratoria que requería atención inmediata, “ el médico que debía atenderme – cuenta G.D.- se negó a hacerlo porque tenía la agenda completa y me indicó que sacara una cita que me daban para unos quince días después”. Pero en esa situación no se podía esperar así que siguió insistiendo hasta que encontró otro clínico de buena voluntad que la atendió. Y esa es otra de las habilidades que debe desarrollar un bogotano para sobrevivir en esta selva: la picardía para sortear las reglas. Transcurridos esos días sin que mejorara de su bronquitis, con una tos persistente y dificultades para respirar, la paciente volvió a la EPS, donde el médico le indicó unos estudios y una radiografía de tórax. Con las indicaciones se dirigió a la ventanilla de facturación, allí pago 34000 pesos (hay que dividir por 400 para expresarlos en pesos argentinos) por la radiografía y otro tanto por los demás estudios y la derivaron al Hospital del Guavio en la zona suroriental de la ciudad donde supuestamente la iban a atender inmediatamente. Anoticiados de que el equipo de rayos del hospital estaba fuera de servicio, le indicaron que debía ir al Hospital de la Victoria, más al sur. Hacia allí fue, en ayunas, luego de abonar un taxi. Ya en el puesto de ingreso del hospital, donde ya tenia historia clínica, le explicaron que no podían hacerle la placa porque debía ser indicada por un profesional de ese centro asistencial y que podían darle un turno para el especialista para dentro de 15 o 20 días y luego otro para sacarse la placa. No sirvieron los argumentos de la urgencia del caso ni el hecho de que haya sido derivada por la EPS con la certeza de la atención inmediata.

 La feria de las clínicas privadas

 Como se veía que este trámite iba para largo, G.D. Decidió recurrir al sector privado. Llegamos a la zona de “clínicas” – toda actividad económica se agrupa por zonas: la de las ferreterías, de las tiendas, de las imprentas, de los celulares, de la informática, de los talleres mecánicos etc.- donde la realidad golpea a quien no está prevenido y está imbuido de la cultura del derecho a la salud, de las obras sociales y la salud publica gratuita y universal. Mas que clínicas eran “boliches” de salud. En lugares reducidos funcionaban con un escritorio y un par de divisorios que hacían las veces de consultorios. Los había más grandes y mejor equipados, pero también los que cabían en lugares reducidos. En la calle, empleados de esos centros ofrecían atenciones a precios diversos.

– A la orden señora ¿que necesita? – la abordó uno de ellos

– una radiografía de tórax – le contestó G.D.

– Venga conmigo que se la hacemos por 30 (mil)

Estuvimos recorriendo esos negocios de salud y los precios variaban desde 20.000 hasta 45.000; finalmente optó por el más barato y que le entregaba el informe en el acto.

 Y otra vez a peregrinar por los hospitales

 Con la radiografía en la mano y habiendo pagado menos que en el hospital público volvimos al médico, con el consiguiente gasto en transporte (que merece un articulo aparte, por lo caro y caótico). Ya se había retirado así que hubo que volver al día siguiente. Cuando vio la placa, le dijo que no tenia nada y que se hiciera los estudios; que neumonía no era porque si no ya se hubiera muerto y que se le iba a pasar, que se quedara tranquila. Para los estudios fuimos, unos cuantos días después, luego de varias llamadas telefónicas para averiguar donde quedaba y sacar turno, al Hospital del Guavio que le correspondía por la zona. Una vez allí verificó que el aparato de rayos si había estado en funcionamiento y que podía haberse hecho la placa. Se hizo los estudios y se sacó una nueva radiografía, ya que la había pagado y no le iban a reintegrar el dinero. Aun no se la entregaron porque debe informarla el neumólogo. Nuevamente debimos ir al Guavio por los resultados de los análisis. Como casi todo aquí, el régimen de seguridad en los hospitales es riguroso y no dejan entrar a nadie que no tenga que hacer en él, así que debí quedarme afuera. Aproveché la circunstancia para conversar un par de horas con Miguel, que se las rebusca, como muchísimos bogotanos, vendiendo unas arepas riquísimas en la calle frente a su casa vecina del hospital, pero esta es otra historia.

Volvimos uno o dos días después al clínico y con los resultados en la mano la derivó al neumólogo. Allí empezó otra odisea, ya que al parecer hay déficit de estos profesionales en los hospitales públicos. Finalmente la derivaron para el Hospital de Santa Clara, también en la zona sur y a unas veinte cuadras del domicilio de nuestra paciente. Para sacar el turno se comunicó telefónicamente al turnero, tal como indican las instrucciones oficiales y después de varias respuestas tipo: si quiere un turno para clínica, marque uno, si quiere para…..marque 2 y así, logró comunicarse con un ser humano que le dijo que se llegara por el hospital a eso de las 3 o 4 de la mañana que daban turnos limitados y que iba mucha gente. G.D. se fue a esa hora (en taxi, porque no circulaban los colectivos) y se encontró con una cola de unas 150 personas, muchas de las cuales estaban desde la noche anterior, durmiendo en el piso, arrumbados y cubiertos con mantas. Consiguió un turno para las primeras horas de la tarde y pagó 100.000 pesos de facturación por la consulta (el 30% del total porque es subsidiada), no sin antes perder un par de horas por errores del personal administrativo en el procedimiento correspondiente . Fuimos caminando y de esa forma logramos reducir el acumulado de transporte que ya llevábamos. Esta vez mediante un ardid logré entrar con ella y nos dirigimos al neumólogo, quien nos atendió inmediatamente. El profesional le indicó que continuara con los inhaladores y le pidió una espirometría (con la misma placa que ya había visto el otro médico) porque observó lesiones en sus pulmones. Como los estudios debía hacérselos en la misma institución, fuimos al laboratorio de neumología; allí dos personas que aparentaban ser profesionales del área y que estaban sin hacer nada nos dijeron que tenían la agenda completa y que debía sacar un turno. Fuimos a donde nos indicaron y allí la empleada nos explicó que cada quince días se armaba la agenda, que había que comunicarse telefónicamente en ese plazo para ver cuando le iban a dar cita. No había urgencia que valga. Antes de retirarnos GD tuvo la suerte de encontrarse con una gentil empleada que fuera de su lugar de trabajo estaba de visita en otra sección y que casualmente era del laboratorio quien le informó que no era cierto que la agenda estuviera cerrada y que cuando volviera la viera a ella obviando la cola. Por supuesto que deberá pagar la facturación correspondiente. Así está GD, esperando todavía para saber que tiene, con tos, respirando mal, cuidándose de no enfriarse por el clima cambiante de Bogotá, desde hace más de un mes.

 Al final tan mal no estamos en Argentina

 No he pretendido hacer un examen exhaustivo del sistema pero esta fue mi experiencia y me dejó pensando que si esto es en Bogotá, lo que debe ser el interior, sobre todo en zonas donde la pobreza llega al 80 o 90 % de la población.

Menos mal que soy un tipo sano. Cruzo los dedos para no tener que recurrir a ningún centro de salud colombiano o que en ese caso el seguro de salud que contrate por 500 dolares me cubra la atención en centros privados, donde se atienden los ricos, que seguramente funcionaran mejor que lo que he visto y experimentado. Aunque lo mejor es que cualquier dolencia que me acogiera pudiera esperar hasta que llegue a la Argentina. Viendo esto, uno que se ha cansado de despotricar contra el sistema de salud en nuestro país, se da cuenta de que tan mal no estamos y que es fundamental seguir luchando por afirmar la idea de la salud como un derecho y no como una mercancía.

Alberto Hernández

Bogotá 31-05-2012

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s