Mestre en su laberinto

matices-1resaltadoEstando en campaña en 2011, como precandidato a intendente, la excelente revista Matices, me hizo una nota y entre otras cosas me preguntó sobre lo peor que podía pasarle a Córdoba. Mi respuesta fue: “ Que gane Mestre o que Juez invente otro candidato”.

Ganó Mestre y pasó lo peor, aunque no me imaginaba cuanto más lo iba a ser.

En aquel momento mi respuesta se basaba en la comprensión de que la UCR – y sobre todo la de Córdoba-, alejada desde hace tiempo de aquella declaración de Avellaneda, hizo un viraje permanente – salvo un breve interregno de coqueteo Alfonsinista con la internacional socialista – hacia un neo Alvearismo que es, ni más ni menos que neoliberalismo sin vueltas, mal que les pese a algunos Yrigoyenistas que todavía quedan en el más que centenario partido. Esta certeza se fue afirmando a partir de las declaraciones del joven Mestre y de sus promesas electorales de “orden”, “firmeza” y privatizaciones por doquier.

Cuando se piensa que la actividad privada y la economía de mercado son el motor del desarrollo y del progreso de todos, se concibe al Estado como esencial generador de ese clima de negocios y por ende de promotor de la actividad privada; la consecuencia principal es llevarlo a una situación de subsidiariedad y desentendimiento de la intervención en la economía y de la prestación directa de servicios susceptibles de convertirse en buenos negocios para particulares, tales como, en el caso del municipio, el transporte o la recolección de residuos entre otros.

Mestre, en cumplimiento de sus promesas electorales, privatizó la recolección de residuos, liquidando la CRESE y reemplazándola por concesiones más onerosas que no han demostrado mejorar el buen servicio que prestaba la empresa municipal, o el sistema de transporte, liquidando también la TAMSE que hacía los recorridos que ninguna privada quería hacer por no ser rentables – esa es la sustancia y el valor agregado de las empresas del Estado- y poniendo en marcha otro que hasta la fecha sigue promoviendo duros reclamos de vecinos, sobre todo los de los barrios mas humildes y alejados que se han quedado sin el transporte que antes cubría el anterior sistema y en buena medida la empresa estatal.

Pero fue mucho más allá porque concibiendo al estado municipal como un socio insustituible de los negocios privados, adoptó la lógica gerencial de las sociedades comerciales incursionando inclusive en las inversiones financieras. Al sentir que el Municipio es parte del mundo de los negocios, a Ramón y sus funcionarios les ha parecido absolutamente natural que ERSA los invitara a su fiesta y les pagara los gastos, no podían de ninguna manera observar nada malo en ello. Tampoco al arriesgar dineros públicos en la mesa de dinero de la malograda CBI.

Cuando pensaba que lo peor que podía pasarle a la ciudad es que ganara el Radicalismo, me basaba en el hecho de que el nudo del pensamiento neoliberal es la creencia de que yéndole bien a los privados nos va bien a todos y, como ha quedado larga y dolorosamente demostrado en los 90, solo les va bien a los dueños de la plata, quedando la mayoría de la población excluida de derechos y de la riqueza generada.

El gran teórico marxista francés, Enri Lefebvre por los años sesenta y posteriormente el célebre geógrafo Inglés David Harvey elaboraron y actualizaron respectivamente la idea del “derecho a la ciudad” a partir de la constatación de que la lucha entre el capital y el trabajo o lo que es lo mismo la distribución de la riqueza, ha adquirido definitivamente dimensión urbana y es en las ciudades donde principalmente ese conflicto se presenta. El dominio fáctico del capital con la aquiescencia y complicidad de las administraciones locales que, como la de Ramón Mestre, adhiere a concepciones neoliberales, permite y coadyuva a que prosperen los negocios, fundamentalmente los inmobiliarios y a su ritmo y voluntad se va diseñando la ciudad: proliferan los guetos para ricos y pobres, se acrecienta el valor de la tierra desplazando a los grupos de menores ingresos a la periferia, con menores servicios y menores derechos, se deteriora la salud pública y se contamina el ambiente. Lo único que se democratiza es el pago de impuestos. Todo es negocio. Todo se compra y se vende. Los que no tienen poder de lobby no tienen el derecho a opinar y menos decidir sobre la ciudad que quieren para ellos y sus hijos; la planificación urbana es un privilegio de pocos. Y si no que lo digan los vecinos de la Rafael Nuñez a los que nadie consultó si querían que les sacaran los árboles que hace años forman parte de su paisaje, del estilo de su barrio y su propio bienestar en nombre de un dudoso nuevo servicio de transporte.

Esta concepción se ubica en las antípodas de la nuestra que pone el eje en el “derecho a la ciudad” que cada habitante tiene para desarrollar una vida plena, en un ámbito integrado y democrático. Por todo esto nuestra certeza de lo mal que nos iba a ir con el actual intendente

Pero todo fue peor. Luis Juez supo decir que “para tapar baches no hace falta ideología” y en eso- solo en eso- tenía razón. Hay que tener un poco de sentido común, hacer las inversiones necesarias, tener un poco de sensibilidad social y querer conservar el capital político. Mestre Jr., como yo decía en aquella campaña, en otro artículo es “…un peligro para la ciudad porque no tiene ni idea” “ no va a conseguir (…)para decepción de sus votantes y el padecimiento de todos, (…)hacer funcionar el aparato administrativo”. Solo prometía “orden”, “firmeza” y privatizaciones.

Si orden quería decir que la ciudad funcionara, a mas de dos años de gestión nada funciona: las calles reproducen fielmente el paisaje lunar para la tortura de los automovilistas; los semáforos no funcionan, o peor, en las encrucijada andan unos y no los otros; la oscuridad reina en los barrios y en muchas calles céntricas; el hedor cloacal es parte de los aromas urbanos casi en todos los barrios y fuente de insalubridad especialmente para los niños; el nuevo sistema de transporte deja mucho que desear al igual que la recolección de residuos; los servicios administrativos municipales viven paralizados por los conflictos, particularmente los mas sensibles como la salud y para mejor los funcionarios y hasta el mismo intendente son sospechados de corrupción y violación de las más elementales normas éticas.

El único orden que existe es una consigna pintada con inmensas letras en carteles igualmente gigantes colocados por toda la ciudad y prepotentemente en las plazas donde dice que las arreglaron. Se supone que terminaron la obra y que no tienen mas sentido pero siguen ahí clavaditos nomás, obstaculizando la vista y afeando los lugares públicos. Cuando uno ve eso piensa que algún funcionario seguramente hace negocios con esos mamotretos.

“He recibido el mensaje” dijo el intendente en una suerte de reconocimiento de su falta de idoneidad para gobernar la ciudad y como muestra de que todo va a mejorar para felicidad de los cordobeses, llevó a cabo un cambio total de gabinete.

Probablemente y a la luz de la experiencia estos traten de no cometer los mismos “errores” que sus antecesores o por lo menos que ningún Méndez se los ponga en evidencia. Aunque ya se perdió más de la mitad del período de gestión, seguramente algunas cosas empiecen a funcionar, pero la ideología, eso que parece abstracto e inútil y que se pone en evidencia cuando se decide a quien servir desde el Estado, no se cambia por más que pongan a los más vivos y aun capaces en las secretarías.

Van a seguir gobernando especialmente para los dueños del capital, que es a quienes defienden desde hace bastante tiempo, y condenando a los ciudadanos de a pie a sufrir la ciudad y vivir cada vez peor.

Alberto Hernández

 

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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Una respuesta a Mestre en su laberinto

  1. graciela dijo:

    Excelente nota Alberto!! una perfecta revisión del la no gestión del innombrable Ramoncito… menos mal que estoy con pasividad.
    Un saludo inolvidable compañero-jefe.
    Graciela

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