El chiquero de la política.-

Existen muchas definiciones de Política. Desde Aristóteles, pasando por Platón, Weber, Maquiavelo, Gramschi y otros más acá, salvando sus diferencias, todas le atribuyen 205103_img_1además de su foco en el poder, un fin trascendente y la búsqueda del bien común. Como sustrato de esa concepción está la ideología, es decir la concepción sobre las relaciones sociales y económicas que orientan la política a defender un interés de clase u otro y la consiguiente dinámica de la economía y el papel del Estado. Pero una de las más difundida popularmente, atribuida a Maquiavelo, es que la política es “el arte de lo posible”. Formulada inicialmente como el imperativo de considerar las correlaciones de fuerzas y los intereses en pugna a la hora de plantearse acciones transformadoras, devino con el tiempo, trivializada, en una idea que denota conformismo, impotencia o la mera justificación de porqué solo se puede ser un administrador del capitalismo, ya que lo posible está determinado por lo que mandan los poderes fácticos, las trabas burocráticas o el sentido común del sistema. O lo que es lo mismo, la realidad, como escenario de la acción política es el marco del sistema capitalista y por lo tanto su lógica inmodificable. En ese sentido es que es válido recuperar aquélla consigna del Mayo Francés que decía:”seamos realistas, exijamos lo imposible” entendiendo que no hay cambios posibles si no se transgreden los límites que impone el sistema.
Pero esta concepción de la política de rodillas, con minúsculas, rueda cuesta abajo a la degradación total cuando lo posible implica la financiación de la actividad a través de la corrupción, la profesionalización que convierte a los políticos en miembros de una casta burocrática que se justifica a sí misma, el beneficio personal, el transfuguismo ideológico por el que se arroja al cesto de los residuos las viejas convicciones en aras del poder y el reemplazo del debate de ideas y propuestas, por el marketing y su conversión en un articulo de consumo. Obviamente que esa metamorfosis de la política, no es neutra, conlleva la ideología del sistema que la sostiene porque le es útil.
En ese tobogán hacia el chiquero de la política hay varios ejemplos patéticos y vergonzantes, aunque sus responsables ni siquiera se pongan colorados. Revolcándose en ese barro y como miembros de esa piara, podemos mencionar varios a nivel nacional y provincial, pero los que se han llevado los laureles son los que están “juntos por Córdoba” aunque uno sospecha que están juntos por sus intereses o negocios.
La tríada Aguad-Baldassi-Juez que pretende disputar el máximo poder provincial, es un rejunte que destila un hedor tal que debería alertar a los honestos ciudadanos cordobeses que desean un cambio en su calidad de vida. Basta con repasar algunas de las imputaciones que se hicieron antes de confluir.
El propio Luis Juez, que una vez se plantó como una opción al `partido único cordobés y que después dilapidó la esperanza suscitada con su oportunismo y ambición personal, trató a Macri de “nabo” y a Aguad le enrostró que la gestión de Mestre al frente del gobierno provincial donde él fue funcionario cerró escuelas, reprimió a trabajadores, les quitó el 15% a los jubilados y que él, amigo de los militares y particularmente de Luciano Benjamin Menéndez protegió a un torturador como el Tucán Yanicelli.
Pero el prontuario de Aguad no termina aquí: fue demandado por hacer desaparecer 60 millones de dolares del municipio de Corrientes y se salvó de la cárcel no por ser inocente sino por la prescripción de la causa. Representa a un radicalismo que junto a Sanz y siguiendo el derrotero del Angelocismo, abjuraron de los ideales Yrigoyenistas, para abrazar el pragmatismo vacío de contenido y la política como acción gerencial al servicio del sistema. Ni siquiera dejaron a salvo la proverbial honestidad radical de la cual hicieron gala Sabattini, Del Castillo o Illía.
Y si algo faltaba para echar por tierra cualquier atisbo de dignidad y contenido político fue la imposición del dueño de ese engendro, por el asesoramiento marketinero de Durán Barba, del Manual de Campaña estilo PRO para uniformar actitudes y discursos de los candidatos y que entre otras cosas recomienda no hablar de política porque la gente no entiende.
Un personaje nefasto y reaccionario como Aguad, un soplapito que es solo un alcahuete del mayor y mas nítido representante de la derecha argentina como Mauricio Macri y un devaluado Luis Juez al que abandonaron casi todos los mejores cuadros de que disponía en el Frente Cívico y que solo aspira a salvarse, constituyen una de las fuerzas con posibilidades de disputar el gobierno de la provincia el próximo 5 de julio.
El pueblo de Córdoba nos salve de embarrarnos en ese chiquero o cualquier otro.

Alberto Hernández

Publicado en La Idea de Cruz del Eje junio 2015

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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