Los discursos vacíos y los debates que se esconden *

La campaña electoral para elegir intendente de la ciudad de Córdoba, ha dejado más dudas que certezas sobre lo que harían los candidatos para resolver los acuciantes problemas de los cordobeses. Han abundado los eslóganes, las denuncias de corrupción, la instalación de sospechas sobre los gastos de campaña y el origen de los fondos, juramentos de cambio y propuestas superficiales sin grandes fundamentos.

Con suerte se ha debatido sobre algunos aspectos recurrentes que parecen ser eternos como la recolección de residuos, el transporte, el estado de las calles, el tránsito, las cloacas y otros de menor rating que ninguno a resuelto porque todos -en el mejor de los casos- tienen una mirada parcial que no tiene en cuenta la lógica intrínseca de la acumulación capitalista en su dimensión urbana o si la tienen, han tomado partido, sin ponerse colorados, por los dueños del poder.

Giacomino, ha sido el único que arrimó el bochín a la cuestión de fondo diciendo que “la ciudad debe salir de esta lógica cortita” y que hay que “planteársela en forma integral” dando respuestas, para algunos de los forúnculos de esa lógica de hierro, que bucean hacia el corazón del drama urbano de la desposesión en perjuicio de las mayorías populares. Tal es el caso de su propuesta de Banco de Inmuebles, que envió como proyecto al Concejo Deliberante y que no prosperó por no tener mayoría propia y encontrar oposiciones como las de Olga Riutort por citar a uno de los candidatos que prometen cambios. O el sistema de recolección de residuos que durante su gestión ejerció la empresa estatal CRESE, el Banco de la Ciudad y otras.

El gran teórico marxista francés, Henri Lefebvre por los años sesenta y posteriormente el célebre geógrafo” Inglés David Harvey autor de “Ciudades Rebeldes”, elaboraron y actualizaron respectivamente la idea del derecho a la ciudad a partir de la constatación de que la lucha entre el capital y el trabajo o lo que es lo mismo la distribución de la riqueza, ha adquirido definitivamente dimensión urbana y es en las ciudades donde principalmente ese conflicto se presenta. El dominio fáctico del capital con la aquiescencia y complicidad de las administraciones locales, como la de Ramón Mestre o más claramente lo fue la de Kammerath, que adhieren a concepciones neoliberales, permiten y coadyuvan a que prosperen los negocios, fundamentalmente los inmobiliarios y a su ritmo y voluntad se va diseñando la ciudad: proliferan los guetos para ricos y pobres, se acrecienta el valor de la tierra desplazando a los grupos de menores ingresos a la periferia, con menores servicios y menores derechos, se deteriora la salud pública y se contamina el ambiente. Lo único que se democratiza es el pago de impuestos. Todo es negocio. Todo se compra y se vende. Los que no tienen poder de lobby no tienen el derecho a opinar y menos decidir sobre la ciudad que quieren para ellos y sus hijos; la planificación urbana es un privilegio de pocos.

El derecho a la ciudad, tal como lo define David Harvey “….es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización”, pone el eje en el derecho que cada habitante tiene para desarrollar una vida plena, en un ámbito integrado y democrático.

Luis Juez solía repetir que “para tapar baches no hace falta ideología” y tenía razón solo en eso porque la ideología, eso que parece abstracto e inútil a la hora de resolver problemas prácticos, se pone en evidencia cuando se decide a quien servir desde el Estado. Pero de todo esto no se discute en las campañas; pareciera que mágicamente se pueden corregir las inequidades y problemas sin tocar ningún interés ni exigirles los mayores esfuerzos a aquéllos que hacen formidables negocios en y con la ciudad.

En Córdoba y en todo centro urbano, los candidatos deberían explicitar si se pretende gobernar para los dueños del capital o para asegurar el derecho a la ciudad de todos los ciudadanos. Son intereses en conflicto y el Estado debe actuar como equilibrador de la balanza. Se hace imperioso, con más de 30 años continuados de democracia debatir que ciudad queremos para los próximos 20 o 30 años y no andar parchando administración tras administración y sin ninguna participación de la ciudadanía que no sea votar cada cuatro años.

Pero estas cosas no se discuten.

El 4 de setiembre del corriente en Barcelona se llevó a cabo el “Primer encuentro municipalista de ciudades que apuestan por un cambio en las políticas públicas” Los alcaldes o sus representantes de Madrid, Barcelona, Zaragoza, La Coruña, Santiago de Compostela, Pamplona, Badalona y Cádiz, frente a un multitudinario auditorio conmovido y esperanzado, ratificaron su decisión de llevar adelante su revolución democrática, más allá de los límites de estos municipios, a toda España y Europa, sacudiendo las viejas estructuras burocráticas, elitistas e injustas. Este conglomerado de “ciudades rebeldes” como se definieron, enarbolaron bien alto las banderas del derecho a la ciudad que tienen todos los ciudadanos impulsando líneas de trabajo para combatir la pobreza y las desigualdades, abogando por una administración transparente con fuerte participación ciudadana y un modelo económico social y ambientalmente sostenible.

Bien le hubiera servido a los aspirantes a lord mayor de la ciudad haberse dado una vueltita por la ciudad catalana y contagiado un poco de todas esas ideas y ese fervor transformador.

Alberto Hernández

*Artículo publicado en La Idea de Cruz del Eje

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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