Lo que está en juego

Soy zurdo y estoy convencido de que el capitalismo es un depredador de la humanidad; que no hay capitalismo bueno y que si alguna vez hay una sociedad donde reine la equidad, será socialista. Algún tipo de socialismo será. También estoy convencido de que en este capitalismo criollo nuestro, estos doce años de Kirchnerismo son lo mejor que le ha pasado a este país desde el 55 hasta la fecha.

Yo nací en 1951. Hace poco más de 64 años, cuando finalizaba el primer gobierno de Perón. Mi primera niñez transcurrió durante el segundo gobierno, cuando ya la crisis se empezó a a hacer sentir, moría Eva y los comandos civiles arreciaban; fracasaba el Segundo plan quinquenal, se producía la masacre de plaza de mayo y finalmente los milicos daban el golpe en setiembre del 55. Mi viejo recién recibido de bioquímico-farmacéutico trataba de abrirse paso en la profesión en Mar del Plata y mi vieja hacía magia para estirar el mango.

Luego vino la fusiladora; la represión a los trabajadores y al movimiento popular, los asesinatos, la cárcel y la tortura. Mi viejo había progresado algo, pero por razones de mi salud debió dejar todo para radicarnos en Córdoba y empezar de nuevo. Con un Fíat Topolino descapotable comenzó a transitar los caminos provinciales vendiendo tisanas y otros productos y también nos dejo un tiempo solos para buscar suerte en Mendoza. Fue 1958, cuando llegó Frondizi. Fueron años duros para parar la olla aunque vivíamos con los abuelos que nos ayudaban. Ya eramos cuatro los hermanos y ahí llegó la quinta. Con Frondizi llegó el desarrollismo y el auto abastecimiento petrolero, pero también el plan CONINTES y Alsogaray. La esperanza progresista duró poco. En 1962 irrumpieron de nuevo los milicos, y quedó el títere de Guido y nosotros radicándonos en Totoral. Mi viejo laburaba de sol a sol con su laboratorio de análisis y farmacia, donde también hacía de veterinario y curandero. Vayan a cobrarle a Don Fulano, nos mandaba y volvíamos con una canasta con, pollo, verduras y frutas pero ni un mango. Si habremos corrido a esconder cosas en las casas de los vecinos para evitar que las embargaran. Hasta a punta de pistola debió correr a un Juez de Paz, que venía con un camión a llevarse todo. Eso si, para comer no nos faltaba nada. Fue cuando subió Illía en 1963, con escaso apoyo, con una democracia recortada por la prohibición del peronismo, pero con convicciones. Se vivió una breve primavera de un gobierno popular, que duró hasta que los dueños de la Argentina dijeron que se estaba propasando e irrumpió Onganía en 1966, con su Revolución Argentina y sus deseos de emperador. Habíamos emigrado hacía un año, de nuevo a Mar del Plata con promesas de laburo para mi viejo más falsas que papel de cuete. Otra vez a empezar y mi viejo laburando de sol a sol sin que se viera un mango. Cuantas veces se habrán quedado sin morfar para que quedara para nosotros. Recuerdo haber ido al colegio con zapatos con la suela desclavada y que para que no se me doblara al caminar y la pisara, hacía paso marcial haciendo chasquear la suela como una cachetada para recién apoyar el pie. Ni para el zapatero teníamos. De a poco mi viejo empezó a laburar y también mi vieja de maestra. Seguíamos sin casa y sin auto y siempre con lo justo. Había que trabajar para colaborar, así que arranqué a los 14 años de cadete de tienda por la temporada. Mis hermanos también ya a los 10 u 11 se las rebuscaban para hacerse de unos mangos que mis viejos no podían darnos. No obstante eso, se ajustaron para mandarme a estudiar ingeniería a Córdoba y me enviaban unos modestos pesos mensuales. Llegué a Córdoba para el año del Cordobazo que marcó el fin del sueño militar de reinar hasta la eternidad. 1973 y voto por primera vez a los 22 años. De nuevo la democracia. El Tío Cámpora nos hace recuperar el entusiasmo, pero dura poco; muerto Perón, todo se desbarrancó. De nuevo la muerte se instaló en el día a día de todos nosotros. A los tres años, tiempo inexorable de duración de los períodos democráticos, irrumpen los militares con la mas sangrienta y feroz dictadura. Yo ya no estudiaba más y laburaba de lo que podía. Mis viejos, habían progresado algo pero seguían yugando de sol a sol, sin casa y sin auto, intentando negocios que invariablemente fracasaban.

Después de Malvinas, se les empezó a descascarar el proceso de reorganización nacional y la democracia, que esta vez vino para quedarse, fue la salida obligada. Pero lo que vino no fue fácil. Alfonsín intentó pero no pudo. Finalmente su efímera intención de construir el tercer movimiento histórico, fue doblegada por las presiones de los organismos financieros internacionales, de los grupos de poder locales y el poder militar y debió hacer concesiones en todos los planos. Vinieron las políticas de ajuste, la hiper inflación, las leyes de punto final y obediencia debida. En ese tiempo, ya casado y con dos hijas, tuvimos que mudarnos a un departamento de dos ambientes porque ya no podíamos pagar el otro que era más cómodo. Allí nacieron mis mellizos y ya éramos seis durmiendo en camas que desplegábamos por toda la cocina-comedor-estar. Recuerdo con que alborozo festejé el haberme podido comprar una pinza que hacía tiempo estaba necesitando para hacer algunos arreglos imprescindibles. Luego vino el sultanato de la pizza y el champán. Qué decir de ese período que no se haya dicho y que disfrutaron y con el que se beneficiaron el 10 % de la sociedad que han sido privilegiados desde la Revolución de Mayo hasta hoy y que siempre estuvieron mejor cuando la mayoría del pueblo estuvo mal. Mi viejo, que solía escribir versos camperos sobre la realidad decía en marzo de 1996 para un programa de radio: ¿Sabe una cosa aparcero ?/ ando medio disgustao / a mi país lo han cambiao / un hato de aventureros / que con el cuento agorero / de fomentar el trabajo / pa ayudar a los de abajo / a que tengan mejor vida / hacen más daño que el sida / sin importarles un carajo. La tenía clara el viejo.

Luego vino el que se tuvo que ir en helicóptero, que completó la tarea depredadora que dejara inconclusa Menem y dejó 35 muertos en su huida. Los cinco presidentes en diez días. Duhalde que empezó a arreglar un poco la economía, pero no se privó de un Costecky y Santillán. Y vino el Flaco y con convicciones y cojones empezó a cambiar las cosas. Se consolidó la democracia alejando definitivamente el peligro del golpe militar y se hicieron transformaciones recuperando y generando derechos en todos los rubros. Se mire por donde se mire, se mida como se mida, al menos desde que yo nací, hace algo más de 64 años, nunca se vivió tan bien en la Argentina como en estos últimos 12 años, descontando por supuesto al ya mencionando 10% que siempre estuvo bien.

Por eso estoy un poco caliente. Por eso puteo y sobre todo a los que les ha ido muy bien, han hecho negocios, han tenido aumentos reales de salarios y sobre todo de jubilaciones, se han jubilado sin haber hecho ningún aporte, han recibido créditos para vivienda, han ganado derechos, han ingresado en la clase media sin pagar peaje, etc, etc, etc y no se han cansado en estos años de denigrar al gobierno, insultar y difamar, tirar sospechas, prenderse de cada operación mediática, de cada falsa denuncia, de cada conspiración del poder y hoy votarán por Macri o por Massa. Los puteo porque van a votar por volver al pasado, por volver a esos períodos que he recorrido rápidamente en este racconto de mis 64 años de vida y ya no tengo ganas de volver a vivir, me agobia pensar que puede ser posible. Y a los que van a votar otras opciones marginales, también porque no entienden lo que está en juego y de una u otra manera terminan haciéndole el juego al neoliberalismo del PRO o al conservadurismo fascistoide de UNEN. Esta no es una elección más. Está en juego un proyecto de país. Y no hay más que dos trincheras.

Yo sigo soñando con el campo desalambrado, con la propiedad colectiva de la tierra y los medios de producción, con la sociedad sin clases, con la Patria Grande Latinoamericana y más, con un mundo sin fronteras y con el hombre nuevo. Sigo soñando con eso y estos últimos doce años no solo han sido lo mejores que he vivido en mis poco más de 64 años sino que realimentaron mis sueños que estaban bastante cascoteados. No quiero que esto termine y menos que este país vuelva a ser lo que fue antes y, nos guste mucho poquito o nada, el único hombre que encarna la posibilidad de continuar con esto y profundizarlo es Scioli, que, como dijo el periodista Roberto Navarro, me genera muchas dudas a diferencia de Macri y Massa que no me generan ninguna porque ya sabemos que añoran la Argentina del pasado y que son los candidatos de los sectores del privilegio y la reacción.

Estoy caliente con los que no ven o no quieren ver lo obvio y pido perdón si los he tratado mal. Seguramente hoy cuando veamos los resultados y Scioli gane en primera vuelta, ya me empiezo a olvidar y se me pasa. Ahora, si hay segunda vuelta, más vale que ni me hablen hasta noviembre porque muerdo.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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