Para los votoblanquistas que lo miran por TV

Parte del Trotskismo y el “progresismo” ha llamado a votar en blanco el 22 de noviembre. Si hacemos una estimación a bulto podemos decir que del casi 6 % de votos obtenidos por este sector y teniendo en cuenta los pronunciamientos de sus dirigentes de cara a la segunda vuelta, supongamos que un 4 % votaría en blanco. Como seguramente va a ser una elección reñida, son votos que podrían definirla si se sumaran positivamente. Por esa razón tiene caso dedicarles estas líneas para debatir con los argumentos que sustentan esa decisión.

¿Ambos candidatos son lo mismo? ¿Da lo mismo para la clase trabajadora y el pueblo que gane uno u otro? Por lo pronto hay que decir que – desde una perspectiva del marxismo vulgar – no tenemos a la vista una opción revolucionaria y, en ese sentido, lo que estaríamos eligiendo es cual de estas dos variantes del capitalismo nos brindan un escenario más propicio para mejorar las correlaciones de fuerza en favor del movimiento obrero y popular. Lo que no es poco y es fundamental en el marco de un capitalismo que ha demostrado su fortaleza en el medio de una crisis superior a la del treinta y aunque todavía persiste, en el mundo no ha surgido la fuerza capaz de aprovecharla en un sentido “revolucionario”. Como decía Fidel en la Conferencia Sindical de la Deuda Externa, llevada a cabo en La Habana en 1985 pero que viene como anillo al dedo a la situación que se plantea hoy: “la mujer está embarazada, se sabe que ya va a venir el hijo, pero no aparecen los parteros”. Esto es, como se sabe, que no basta que el capitalismo esté en crisis, es necesario que en los trabajadores haya decantado la idea del cambio revolucionario -conciencia para sí – y si pensamos que tal cambio debe hacerse en democracia, que exista el partido que represente ese cambio. Está claro que en el mundo y más en nuestro país estamos lejos de que lo sean – y no es un comentario peyorativo sino un dato de la realidad -el Trotskismo o el “progresismo”, por el contrario sigue siendo el Peronismo, y mucho más después de esta década de Kirchnerismo, la fuerza con mayor capacidad de dinamizar la energía social.

De lo que se deprende de las declaraciones y promesas de campaña, pero sobre todo por los antecedentes que cada candidato expone, está claro que no son lo mismo. Scioli es parte de un proyecto que ha llevado en estos doce años de gobierno. al despegue económico, social y cultural de la Argentina, sacándola del abismo en que la dejó la experiencia neoliberal más salvaje que se haya podido implementar en el mundo. Y, no sin cometer errores, no sin hacer concesiones a sectores de poder , no sin medidas discutibles –siempre considerando las correlaciones de fuerza existentes para poder avanzar más y en que momento-, ha llevado al ascenso social a millones de argentinos, ha recuperado la capacidad de decisión soberana del estado y un sitial de liderazgo en Latinoamérica y el mundo, por haber juzgado el genocidio de los 70, por su vocación de integración bolivariana de la región y su disputa inclaudicable contra la hegemonía del capitalismo salvaje, militarista y especulativo, desde una postura insoslayablemente humanista.

Está claro también, y solamente a un necio se le puede pasar por alto, que más allá de las promesas electorales oportunistas y mentirosas, como parte de una campaña diseñada para cazar incautos, Macri, por sus propias declaraciones y las de los miembros de su futuro equipo de gobierno, por el sesgo de su gobierno en la CABA y por su pertenencia de clase, sus antecedentes empresarios que incluyen el contrabando, la evasión, el vaciamiento y la super explotación de sus trabajadores, representa una vuelta a ese pasado que añoran y alientan los grupos económicos locales e internacionales, el FMI y los EEUU.

El desarrollismo con inclusión de Scioli, versus el imperio del mercado donde gana siempre el más fuerte, que propugna Macri.

Para los que apuestan a cuando peor mejor porque suponen que en una situación de crisis y agudizamiento de la confrontación de clases se dan mejores condiciones para el salto en conciencia y la adhesión de las más amplia masas a las ideas revolucionarias, habría que recordarles que en los 90, la desocupación y la pobreza, desmanteló las organizaciones obreras, liquidó la solidaridad social, lumpenizó a los sectores más humildes y llevó a los ex trabajadores a elementales formas de organización y lucha, como los clubes de trueque, los movimientos piqueteros o de fábricas recuperadas, que, en lugar de reclamar por la caída del sistema, clamaban a gritos por volver a ser explotados como antes. El capitalismo ha demostrado una capacidad asombrosa de adaptación y superación de las crisis, que hacen impensable hoy que es posible que la tortilla se vuelva con el simple recurso del asalto al palacio de invierno y mucho menos pensando en el crecimiento ininterrumpido del caudal electoral de las fuerzas que levantan el socialismo como opción, empeño éste que nada tiene que ver con la dialéctica de la historia y del poder.

Mi teórico marxista preferido de la actualidad, el mexicano Jorge Veraza Urtuzuástegui, reconocido en el 2011 por el gobierno pluricultural de Bolivia por su obra: Reencuentro de Marx con América Latina (que recibió en 2012 el premio “Libertador Simón Bolívar al pensamiento crítico”, otorgado por el gobierno de Venezuela), aporte teórico que, como dijo García Lineras, “ya forma parte de esta revolución”, decía en los ’80, en un artículo donde desarrollaba las tareas de la clase obrera en la etapa de la resistencia al neoliberalismo que “…había que articular positivamente todos los NO, todas las oposiciones”. Y esa es la disyuntiva hoy aunque la situación es cualitativamente diferente, pero la sola posibilidad de volver hacia esa noche negra de la historia, nos obliga a sumar todos los NO contra quien representa ese retroceso. No solo para la Argentina, sino para la región. Para la suerte del Mercosur, de la CELAC, del sueño bolivariano de la Patria Grande que ya está en marcha. No por casualidad Evo Morales, Maduro, Correa, Lula, Mujica, Dilma y el propio Castro, se han pronunciado por el triunfo de Scioli. Saben positivamente que los procesos nacionales emancipadores, penden de un hilo, jaqueados por la derecha internacional y que todos dependen de como se consolide el bloque regional en el rumbo abierto hace una década.

¡A recapacitar votoblanquistas! Después será tarde para arrepentirse.

Alberto Hernández

Publicado en “La Idea” de Cruz del Eje de noviembre

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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