La mentira tiene patas cortas pero anda muy a prisa

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“Yo no miento”, dijo Schiaretti con énfasis en su discurso inaugural de las sesiones de la Legislatura de este año y volvió repetir: “yo no miento, soy transparente”. En un acto reflejo, seguramente por la sufrida experiencia que un elector tiene en este país (y seguramente en todos), lejos de creerle, uno piensa todo lo contrario. Cuando uno tiene necesidad de afirmar tal cosa, que debiera ser un hecho natural y propio de la conducta de cualquier persona y mucho más de un político, es porque necesita convencer a un auditorio que no le cree. Y no es para menos porque con las primeras medidas de gobierno, ya echó por tierra lo que afirmó, o por lo menos ocultó (que es una forma de mentir) durante la campaña. Prometió mejorar la situación de los jubilados, derogando la ley que establecía el diferimento por seis meses del pago de los aumentos correspondientes a sus salarios y cumplió, pero le adosó la reforma del cálculo del haber -algo que ocultó en la campaña- con lo que licuó con creces esa mejora y redujo el salario de los jubilados actuales y los por venir. Mintió con los jubilados. Y podríamos agregar algunas mentiras más, viejas y nuevas.

Pero la mentira, esto es, hacer lo contrario de lo que se prometió o lo que calculadamente no se dijo y luego se hace, es la tónica general de la política de este pais amarillo que se inauguró en diciembre del 2015. Y Córdoba, que le dio abrumadoramente el triunfo a Macri, se encolumnó en esa lógica de la mentira para esconder lo inconfesable: las políticas de ajuste y las garantías

para algunos negocios privados, que el gobierno nacional exige aplicar como contrapartida al aporte nacional para obras y otras políticas públicas.

Con su postura zen, prometiendo la felicidad de los argentinos, la concordia, la honestidad, una mejor democracia y clima republicano, mejoras salariales y pobreza cero, asumió Mauricio Macri el gobierno nacional. En pocos días de gobierno, mostró los dientes y a golpe de DNU, comenzó su tarea depredadora de realizaciones y símbolos del gobierno anterior, violando la constitución y las leyes, cesanteando a miles, transfiriendo ingresos a los sectores mas poderosos de la economía, y cada vez más lejos de todo aquello que prometió en la campaña a sus crédulos votantes.

Esta política de ajustes, con cesantías, reducción de salarios, aumentos de tarifas e impuestos y sobre todo la decisión de “achicar el estado para agrandar la Nación”, retomando la impronta neoliberal de Martínez de Hoz, que no es otra cosa que agrandar los negocios de los capitalistas, es también para Córdoba, la resultante del alineamiento del gobierno provincial y el municipio cordobés con el gobierno nacional y que Schiaretti llamó “la salida del ostracismo a la que el Kirchnerismo condenó a la provincia”. Para hablar con lenguaje PRO, hora del sinceramiento. A sacarse el disfraz de caperucita y mostrar el lobo neoliberal que aparece ya sin timideces, babeante y sediento de sangre popular y negocios a espaldas de pueblo.

Hay que decir que tanto en la provincia como en la municipalidad de córdoba, no han habido cambios de concepción con los cambios de gobierno, ya que la concepción del Estado como un gestor y favorecedor del clima de negocios, y cuyos mojones institucionales pueden verse en las famosas y sospechosas agencias provinciales, han sido patrimonio de las políticas del Delasotismo y el Mestrismo en estos años. Pero el alineamiento con el Macrismo les dio un espaldarazo y un coraje mayor para ir por más, algo que se evidenció con el Ente para Servicios y Obras Públicas (ESOP) nuevo agujero negro municipal.

En definitiva, la política tiene el camino empedrado de mentiras: “el que depositó dolares recibirá dólares”; “haremos la revolución productiva y salariazo” ;“Síganme, no los voy a defraudar” “El 2001 será un gran año para todos. ¡Qué lindo es dar buenas noticias!” etc.

Mestre nunca dijo a sus votantes que iba a conformar este Ente que prácticamente, tal como lo evidencia el articulado de la ordenanza que lo creó, reemplaza buena parte de las funciones del estado municipal, y aceita, evasión de impuestos y de controles administrativos mediante, los mecanismos para asegurar negocios a privados y la corrupción.

¿La mentira debe ser una condición de la política? Maquiavelo en El Príncipe aconsejaba “…el que mejor ha sabido ser zorro, ese ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquél que engaña encontrará siempre quien se deje engañar” Parece que no son pocos los que tienen al gran florentino como autor preferido.

Se afirma que también Fidel Castro, cuando estaba desarrollando la guerra revolucionaria, mintió a empresarios azucareros y del tabaco, que no querían a Batista y pensaban que les sería conveniente su derrocamiento, para obtener financiación para su empresa, porque luego expropió sus propiedades. Pero claro, una cosa es mentir para beneficio del pueblo y de los más humildes y otra para asegurar el poder de los grupos económicos y aumentar la injusta distribución del ingreso.

Schiaretti, si hubiera leído a Maquiavelo, no debería haber dicho semejante cosa, porque es sabido que la mentira en más o en menos ronda el discurso político, por lo que al negarlo, lo está afirmando y sumando sospechas ilevantables sobre el cumplimiento de lo poco que prometió hacer.

En definitiva, se trata de mentirle, buscando su apoyo, a quien luego vas a perjudicar. Seguramente los empresarios, financistas, grandes productores agropecuarios, la embajada de EEUU, Magneto y otros grupos de poder tenían muy claro (y acordado) lo que iba a hacer el gobierno del globito y sus satélites. También los que nunca perdimos la memoria y no nos engañan con algunas mentiras.

Alberto Hernández

Publicado en La Idea de Cruz del Eje (febrero)

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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