Palabras, palabras…¿tan solo palabras?

Lamenta

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blemente el título no tiene nada que ver con el bolero. En estos meses, no pocos actores de la vida pública argentina, han expresado oralmente o por escrito frases aparentemente, para el común de los receptores, sensatas, correctas, lógicas, pero que al sacarles la costra que las cubre, muestran su carácter antipopular, cínico y ladino.

Podemos empezar con el presidente. Dijo al vetar la ley antidespidos: “Seguimos en un debate (…) en el cual, aquellos que nos gobernaron hasta hace poco, piensan que como modelo de nuestra economía, como modelo de nuestras vidas, tiene que haber un Estado que nos someta a todos. Porque ellos creen que los argentinos no podemos vivir en libertad”. Para los apologistas y beneficiarios del capitalismo, la libertad a la que aluden es la libertad de comercio, de comprar y vender, entre ellos la fuerza de trabajo, de acuerdo a las leyes del mercado. El mejor escenario, sería aquel donde no existieran las paritarias, los salarios mínimos, los convenios colectivos y mejor ni los sindicatos. Es sabido que en el capitalismo, en general el trabajador solo tiene la posibilidad de aceptar el trabajo y el salario que se le ofrece, que si no fuera por la legislación laboral argentina y la capacidad de lucha de las organizaciones obreras, seria de la mas baja calidad. En realidad al pronunciarse en contra de la ley antidespidos, está abogando por la libertad de los patrones de echar cuando quieran y con los menores costos posibles. Esto que dijo Macri, responde a sus

convicciones neoliberales, pero más al cinismo que muestra en cada uno de sus actos, porque sabe a ciencia cierta que los resultados estarán en las antípodas de lo que pregona.

Inglaterra fue, en 1888, el primer pais en abolir la esclavitud y empezar a perseguir a los traficantes de seres humanos, y no por humanitarios sino porque el capitalismo naciente necesitaba de la libertad de los hombres para poder disponer de mano de obra para explotar, con salarios que apenas alcanzaban para su subsistencia y disponer de un ejercito de reserva para asegurar esa movilidad que el presidente alaba como virtuosa. Diría uno de los personajes del incisivo Quino: “Nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás” y principalmente a los trabajadores.

Otros que arrojaron definiciones reveladoras del carácter de clase del gobierno fueron Javier González Fraga y la vicepresidenta Gabriela Michetti, ambas en el mismo sentido: Lo del Kirchnerismo fue una fantasía al hacerles creer a la gente que podía tener ese nivel de vida. Eso no era sustentable. Esta declaración es lo mismo que decir que el capitalismo tiene sus leyes que no se pueden violar y que el estado no debe intervenir para subsanar las desigualdades que el mercado produce. Es decir si te tocó estar abajo, a joderse.

El que colmó el vaso fue el ministro de hacienda ante los capitalistas españoles: poco faltó para que su genuflexo pedido de disculpas incluyeran el habernos independizado y les ofreciera una indemnización por ello. Sin ponerse colorado por el honor mancillado de la República, puso crudamente de manifiesto que su Dios es el capital y ante él se arrodillan. Escribo estas lineas y no puedo dejar de sentir vergüenza como Argentino.

En el ultimo programa de mayo, de El Destape, el inclaudicable Roberto Navarro aludió al plan que Melconian diseñó para Macri y que así le explicaba: “para que vengan inversiones es necesario bajar el nivel de los salarios y las protecciones al trabajo, pero como en Argentina los sindicatos son muy fuertes, primero hay que debilitarlos. ¿Cómo hacerlo? Es necesario producir cesantías masivas, para que la preocupación sea otra y las negociaciones salariales cierren a la baja” Tal el plan que se está cumpliendo a la perfección. El país feliz, de hombres libres, sin enfrentamientos, es la zanahoria para complacer las conciencias atormentadas de los que consciente o inconscientemente apoyaron este gobierno para que sigan repitiendo el ya cada vez menos creíble discurso oficial: las siete plagas que se abatieron sobre nosotros son consecuencia de la herencia recibida.

Para cerrar, aunque la lista es totalmente incompleta por la tiranía del espacio, hay que mencionar a los mas indignos, porque son los que debieran estar del otro lado del mostrador y se han puesto codo a codo con los explotadores: los acaudalados ceo-sindicalistas de las CGTés: Moyano, Caló, Barrionuevo y Cía. Decía Moyano, justificando la no participación en la movilización realizada por las dos CTA contra el veto presidencial a la Ley antidespidos: “Creemos que hemos dado un paso fundamental al lograr la unidad del movimiento obrero, que nos permitirá defender mejor los intereses de los trabajadores. Evaluamos que luchar contra el veto no tiene sentido porque ya está y no se puede modificar”. Habría que decir que la legislatura puede reafirmar la ley vetada con los dos tercios de sus votos y que, aunque no se pueda derribar el veto, los despidos y el deterioro salarial, son una realidad que se han instalado en el mundo laboral argentino y contra eso se debe luchar. Por último hay que decir que la unidad en sí misma no constituye ninguna garantía de defensa de los trabajadores. Definitivamente esto se parece más a una sociedad para asegurar algunos negocios entre los que se encuentran el manejo de los 26 mil millones del Fondo Solidario de Retribución para las obras sociales. La CGT de Ubaldini hizo 13 paros en contra de los planes de ajuste del gobierno de Alfonsín que no pudo sortear las imposiciones de los organismos financieros internacionales y el boicot del gran capital. Este gobierno lo lleva adelante, no por confusión o impotencia, sino porque es el gran capital internacionalizado en el poder. Es una cuestión de clase. Vamos por el camino correcto” acaba de decir el presidente. Los popes de la CGT , aunque la corrupción los haya ganado, aunque mas no sea por defender sus espacios corporativos, no deberían perder de vista a qué clase dicen representar.

En definitiva las palabras por mas edulcoradas que sean, no pueden ocultar el desastre provocado en la economía argentina en estos meses y la mas formidable transferencia de ingresos del bolsillo de los trabajadores a las arcas de los bancos y los productores agropecuarios, los grandes ganadores. Pero esto no es un partido de fútbol, los perdedores van a ver destrozados sus sueños, sus aspiraciones y la vida.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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