Unidad es la palabra. La pregunta es ¿para qué?

Todos llaman a la unidad. Sumar, juntarse, coordinar, detrás de los objetivos que la justifican. Macri repite un estribillo que viene desde la campaña: “A este pais lo sacamos adelante todos juntos” “si trabajamos juntos y unidos, t

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odos los problemas tienen solución” “..es como hacer una empanada”. All togehter now debiera decir, ya que es un idioma que le calza mejor, y que los Beatles nos perdonen.¿Viste?

¿Para qué llama a la unidad de los argentinos? Para que aceptemos, desde ya que no sus amigos, los dueños de la plata, como buenos ciudadanos, el ajuste y consiguiente sacrificio que “inexorablemente” había que hacer para salir del país de la fantasía del Kirchnerismo y poner proa hacia el país de la felicidad.

Los popes sindicales llaman a la unidad del sindicalismo -que no es lo mismo que la unidad del movimiento obrero- para sentarse a negociar con un gobierno que no negocia con nadie que no acepte subordinarse. Desde que asumió, avanzó dictatorialmente contra los derechos populares produciendo la más formidable transferencia de ingresos hacia los dueños del capital desde los 90 a esta parte. Juan Carlos Schmid, uno de los tres secretarios generales de la CGT “unificada”, (ma non troppo, ya que han quedado varios gremios afuera y tiene una fuerte oposición adentro por parte de la Corriente Federal de Trabajadores que está reclamando medidas contundentes) dijo en estos días “Siempre hemos manifestado que no se ha descartado esa

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metodología (la del paro). El Consejo Directivo ha convocado al Comité Central Confederal para el día 23 de septiembre y para esa fecha, seguramente, va a haber una evaluación más precisa de todo este momento que estamos atravesando y allí se van a decidir cursos de acción”. Sería increíble, si no fuera evidente que es consecuencia de un alto nivel especulativo, que todavía no tengan precisión sobre lo que implica este proyecto que se está desplegando desde el poder y mucho menos que no tomen nota de las reacciones populares ante los tarifazos, los despidos y la caída del poder adquisitivo y el consumo. Participacionismo se llamaba en una época a esta conducta de dirigentes que confían más en los réditos del pasilleo y el cafeteo con los funcionarios, que en la lucha. Rescatan la actitud “dialoguista” del Ministro Triaca. El mismo que afirma, a coro con todo el gobierno, que no hay motivos para reabrir paritarias porque “la inflación va a la baja” lo que implica aceptar el nuevo estatus del salario devaluado. “Vamos a discutir con la CGT el programa de empleo joven”– dice- y todos sabemos que es, al igual que el programa Primer Paso en Córdoba, el de los jefes y jefas de hogar (¿se acuerdan?), el de las pasantías, y varios más, una forma de flexibilización laboral. De no ponerse al frente de la lucha, esa unidad es la de la claudicación y la derrota de los trabajadores.

Derrotado el Kirchnerismo en las urnas, se empezó a hablar de la necesaria unidad del Peronismo. El movimiento Evita, fue una de las agrupaciones que con más énfasis lo planteó como condición para derrotar al Macrismo en el terreno electoral. Con esa consigna rompieron con el núcleo duro del Kirchnerismo, al igual que muchos otros a los que ya se les veía el puñal debajo del poncho desde hacía tiempo. El “Chino” Navarro, actuando bíblicamente, antes de que cantara el gallo negó a Cristina, siendo que ésta ejerce, reconocida por propios y extraños y guste o no guste, el único liderazgo del peronismo que no necesita de estructuras ni operaciones mediáticas. ¿Cual es el destino de esa unidad? ¿Puede el peronismo – o mejor el PJ- sin el Kirchnerismo, su expresión más transformadora, convertirse en una alternativa electoral “exitosa”, como le gusta decir a Urtubey, para ganarle una elección a Macri y retomar el camino de la última década?. Lo que hoy por hoy asoma en esa unidad, que al igual que la del sindicalismo, deja una muy buena porción afuera, es la de la consolidación de un partido del sistema que aspira a convertirse en un instrumento de negociación de la distribución del ingreso con los sectores privilegiados de la economía, pero sin proponerse afectar las relaciones estructurales de poder. Desde el punto de vista electoral, no hay dudas de que nadie en el PJ piensa que se puede ganar una elección sin aliarse con otros partidos y con una amplia alianza de clases, lo que indica, por otra parte, la tradición y experiencia peronista. La pregunta es si puede, un PJ conservador, que intenta deskirchnerizar el peronismo, que niega a Cristina, que concilia con el gobierno en aras de una racionalidad política que aconseja cerrar la “grieta” que se abrió en la última década, ser capaz de expresar el sentido común construido en ese tiempo y convocar a los importantes sectores del pueblo que lo incorporaron. La unidad del peronismo es por otra parte una entelequia. A lo largo de su historia, el movimiento creado por Juan Perón, solo puede exhibir tres oportunidades en las que fue unido, integrando todas las alas: en 1973, en 1983 y 1989. La primera fue una breve experiencia y terminó con un baño de sangre; con una derrota electoral de la mano del Vandorismo en la segunda y con la instauración del más audaz experimento neoliberal de las clases dominantes durante el Menemismo. Fuera de eso el peronismo fue campo de batalla, muchas veces trágico, de la confrontación entre los polos ideológicos que lo componen y casi siempre tuvo diversas expresiones electorales. ¿Porqué habría de ser diferente en este momento y quien puede afirmar que la unidad es garantía de un triunfo electoral contra el macrismo?

Diversos sectores del amplio universo de fracciones del Kirchnerismo, unos a ultranza, otros críticos, otros que lo reivindican pero que entienden que hay que ir por algo nuevo, peronistas y no peronistas, están también llamando a la unidad, algo que evidencian los varios plenarios y encuentros que se han realizado y se anuncian para estos días en Córdoba y otros lugares del país.

Igualmente Yasky, en su formidable discurso al cierre de la multitudinaria marcha federal, puso énfasis en la unidad. Dijo que: “sin ella no hubiera sido posible esta marcha que marca un momento nuevo por la unidad con las organizaciones sociales, el movimiento estudiantil, los organismos de derechos humanos, la unidad con los pequeños productores, de las APYME, la unidad con los pequeños productores del agro, de la agricultura familiar, la unidad con los trabajadores informales, las empresas recuperadas (…) unidad con las organizaciones de izquierda, los cooperativizados, esa unidad es el mapa del campo popular, que el neoliberalismo, quiere dividido, quiere roto, que cada pedacito no encastre con el otro, si logran dividirnos podrán dominarnos, si construimos la unidad con la convicción de que es para la lucha por la liberación , por la emancipación social, por la justicia social, si a esa unidad la construimos somos invencibles”

La masividad de la marcha federal sorprendió a propios y extraños y está expresando que no va a haber complacencia con los ajustes y la pérdida de derechos y que más allá de los dirigentes, importantes franjas del pueblo están decididas a luchar.

Nadie puede afirmar como decantará en términos políticos todo lo que se expresó en esa movilización y que reconoce puntos de unidad social y políticos altos, lo cierto es que no va a ser un dato que se pueda ignorar cuando se empiecen a perfilar las distintas alternativas electorales y sobre todo en el amplio, heterogéneo y conflictivo territorio peronista.

Por ahora el único dato cierto y contundente es que la unidad más genuina se está construyendo en la calle y por ahí hay que avanzar.

Alberto Hernández

Publicado en La Idea de Cruz del Eje -Septiembre 2016

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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