John Doe y la guerrilla del siglo XXI 

John Doe es el nombre de guerra del

us-hackers
informante que puso en manos del periodismo mundial la mayor filtración de datos de la historia y que conmovió al mundo en abril del 2016 con el nombre de Panama Papers. Los 2,6 terabytes que ocupan los 8,2 millones de documentos que hizo llegar a los periodistas alemanes Frederik Obermaier y Bastian Obermayer del periódico Süddeutsche Zeitung sobre la creación y gestión de empresas offshore en guaridas fiscales por parte del buffete Mossak-Fonseca, son varias veces más que los revelados por WikiLeaks, el sitio del perseguido Julián Assange o los de Edward Snowden sobre la Agencia de Seguridad Nacional de los EE.UU.

Sobre la base de esta información, 400 periodistas de todo el mundo investigaron sobre el circuito del dinero negro que circula por el entramado de cientos de miles de empresas fantasmas, que cubren a otras y a otras, donde intervienen testaferros, titulares con nombres falsos y fundaciones truchas que capa tras capa ocultan a los verdaderos dueños y los millones que poseen escondidos, intentando ocultar que provienen del narcotráfico, de la venta de armas, de la prostitución infantil; que financian golpes de estado o de otras actividades delictivas o por lo menos que están evadiendo impuesto en sus respectivos países. Sobre esta investigación los periodistas mencionados lanzaron, en junio de ese año un libro altamente recomendable, titulado con justicia “Panamá Papers-El club mundial de los evasores de impuestos”.

Leticia Montoya parece surgida del realismo mágico de una novela de García Márquez, con su coqueto chalet y su auto japonés que golpea con descaro la realidad circundante del paupérrimo (y peligroso) suburbio de Panamá donde vive. Por un salario discreto se ocupa de presidir 25.000 (¡si! ¡No sobra ningún cero! vein-ti-cin-co-mil) empresas de estas sin importarle qué hacen o dejan de hacer, ella solo firma lo que le pongan delante. Detrás de ella y de otros como ella aparecen nombres de jefes de estado, empresarios, artistas, deportistas (ni Lio Messi se salva), la FIFA, la CIA, organizaciones terroristas, espías. No falta nada en ese mundo de las corporaciones, de multimillonarios y corrupción. Es el verdadero gobierno universal, porque tiene capacidad para influir sobre los votantes y ganar elecciones, poner y comprar funcionarios, fabricar, guerras e intervenir estados, inventar enfermedades y sus costosas curas, decidir quien vive y quien muere. Representan el 1% de la población mundial, solo les importa seguir acumulando riquezas y que el otro 99 % se las arregle como pueda y si no se las arregla, palos. A ese mundo pertenecen Macri y también Trump, hermanados en los negocios turbios más allá de los limones.

El Consorcio Internacional de periodistas de investigación (ICIJ, por sus siglas en ingles) fue quien organizó y planifico la investigación y el lanzamiento mundial a nivel periodistico de esta bomba que, como dice la contratapa del libro mencionado, fue como encender una luz. Ese mundo oscuro está ahora a la vista. Aunque Daniel Santoro, Ernesto Tenembaum y Horacio Vertbitsky pertenecen también a la organización, solo Hugo Alconada Mon del diario La Nación fue convocado a participar del acontecimiento. Seguramente el sesgo de la investigación en la maraña de la millonada de datos determinó esa elección, ya que, aunque se deja constancia de las implicancias que estas revelaciones tienen para la CIA, los EEUU, la Comunidad Economica Europea y los organismos que controlan, es evidente que hubo un interés especial en encontrar los dineros ocultos de los enemigos de los sagrados intereses de los EEUU y sus aliados: los “dictadores” de republiquetas africanas atestadas de piedras preciosas, de gobiernos populistas o que disputan su poder: Iran, Siria, Libia, Rusia, China, Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina entre otros. En nuestro país comenzaron a investigar la ruta del dinero K y encontraron ¡oh sorpresa! las más de 40 empresas que el presidente Maurizio Macri y su familia tienen en ese mugrero capitalista del mundo. Del supuesto dinero sucio del Kirchnerismo ni noticias.

John Doe, héroe anónimo, puede ser un empleado infiel del Buffete Mossfon, un hacker, un offshorista arrepentido, quien sabe, pero seguro que es alguien que quiere un mundo mejor sin toda esta cloaca. Como anexo al libro de los periodistas, deja un manifiesto titulado “La Revolución será digitalizada”, en el que aclara que no trabaja “para ningun gobierno o agencia de inteligencia” y que nunca lo ha hecho, que su punto de vista es personal y que decidió compartir estos documentos porque comprendió “la magnitud de las injusticias que se describen”. Finaliza con esta consideración: “vivimos en tiempos de almacenamiento digital barato y sin límites, y de conexiones a internet rápidas que trascienden las fronteras nacionales. No parece muy difícil unir los puntos de principio a fin, comenzando por la distribución global de los medios, la próxima revolución sera digitalizada. Aunque tal vez esa revolución haya empezado ya.”

¿Será nomás así? Tiene sentido. El capitalismo está global y casi totalmente digitalizado horizontal y verticalmente. Si colapsan los sistemas y las redes, entra en crisis. Es el caos. Se caen los negocios, las ventas por internet, los flujos de dinero, la recaudación impositiva, los servicios públicos, la información para la toma de decisiones, las estadísticas. Todo funciona con computadoras, las fabricas y sus máquinas, las usinas, los autos, los aviones, los cohetes, los misiles nucleares, los drones, los televisores y celulares. Y está demostrado que todo sistema puede ser penetrado, infectado, colapsado, saboteado. Toda información secreta, hecha pública.

Según esto la militancia del futuro (¿o de hoy?) debería abandonar el volante, la pegatina, la pintada, el convencimiento casa por casa y demás formas tradicionales de ganar adeptos. Son obsoletas. Más útil va a ser formar batallones de hackers, expertos en computación, capaces de obtener información secreta, penetrar cuentas bancarias, colapsar sitios opositores, intervenir los medios del enemigo y pasar la programación liberadora, alterar resultados electorales en favor del pueblo o lavar cerebros, como los han hecho Obama y Trump con el Big Data, según afirma Martín Hilbert, Asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EEUU, etc, etc, etc; todos los etcéteras que la imaginación dicte y las estrategias que se decidan en la lucha digital por el poder aparezcan como adecuadas y convenientes. John Doe parece estar seguro de eso.

Para completar, agrego yo, los trabajadores y el pueblo en la calle harían el resto.

Alberto Hernández

En versión reducida para La Idea de Cruz del Eje. Febrero 2017

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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