Rubén Daniele el malo de la película para los vasallos del poder

La publicación de sueldos y datos personales de los agentes de la municipalidad de Córdoba, más que la intención de darle transparencia a los destinos de los fondos municipales, esconde la real motivación política de estigmatizar a los trabajadores endilgándoles la responsabilidad de los resultados de una gestión desastrosa en todos los planos. A poco de las proximas elecciones legislativas sacarse la responsabilidad de las viscitudes que sufre a diario el ciudadano de a pie en una ciudad donde casi nada anda bien y todo es mas caro, echarle la culpa a los empleados, bastante golpeados y desprestigiados por los medios Tapahegemónicos de la provincia parece haber sido la estrategia elegida por el intendente. Pero no solo para esconder su inoperancia y algunas cuentas oscuras, sino también para estar a tono con la política de achicamiento del Estado que ha sido una constante en todos los gobiernos conservadores y que se manifestó en forma agresiva desde el momento mismo en que el Pro llegó al gobierno y proclamó que había que “sacar la grasa militante del estado”

Esa campaña contra los empleados públicos, que no son solo los municipales: también de luz y fuerza, provinciales, judiciales, de fondo es una campaña contra el estado, que según la visión de las clases dominantes y los medios que dominan y construyen sentido común, achicar el estado es agrandar la nación, como era el slogan de la última dictadura cívico-militar.

Y achicar el Estado es sinónimo de ajuste, reducción del gasto, esto es: menos partidas salariales

y presupuesto para salud, educación, cultura, seguridad social e infraestructura y equipamiento. En el caso de los trabajadores municipales, poniéndolos en la mira de la sociedad por sus altos sueldos y demás derechos, persigue además poner condiciones a las próximas negociaciones salariales.

y presupuesto para salud, educación, cultura, seguridad social e infraestructura y equipamiento. En el caso de los trabajadores municipales, poniéndolos en la mira de la sociedad por sus altos sueldos y demás derechos, persigue además poner condiciones a las próximas negociaciones salariales.

La reacción del SUOEM, volviendo a las asambleas, e interrupciones de servicios en respuesta a esta maniobra del intendente Mestre, puede ser discutible al igual que muchas otras acciones sindicales de otros gremios del estado, que son particularmente irritantes para los contribuyente o usuarios. Lo que no se puede hacer es lo que cierto periodismo ha venido haciendo desde siempre y con mas enjundia en el último tiempo: endilgarle al gremio municipal las responsabilidades en las falencias de la administración, de estas y de las anteriores.

32 años de calamidad” es el nefasto titulo de una nota de Germán Negro en La Voz del interior del 01/06/17 refiriéndose al tiempo que el Secretario General del SUOEM lleva al frente de la entidad. Un título inconcebible, que luego se ve que no refleja cabalmente el contenido de la nota, para un periodista que se precia de independiente y que también es un trabajador. Se podría pensar que se lo impusieron y el escriba bajó la cerviz. Ese concepto le cabe a las patronales, a los dueños del capital, o a los que administran el estado al servicio de los intereses privados. Para todos ellos el mejor sindicato es el que no existe.

Y claro que cada conflicto, medidas de fuerza, asambleas que interrumpen los servicios, mortifican y perjudican a terceros y eso es así aun en el sector privado. Ningún conflicto es gratuito, Directa o indirectamente se termina perjudicando a alguien, pero esa es una consecuencia ineludible de la disputa por el ingreso y cada cual apela a la fuerza y las armas que tiene.

¿Quien tiene derecho a decidir cuanto debe ganar un trabajador? Es natural el deseo de todo hombre de mejorar sus condiciones de vida y luchar por eso. Si ese afán lo tiene el individuo aislado, cuanto más puede desear en tanto suma su lucha a la de otros en un colectivo organizado. Pero está instalado por los mecanismos de construcción de sentido común –entre ellos los medios- que esas aspiraciones son legítimas para los dueños del capital y de la tierra pero no para los trabajadores para los cuales se les está reservado el papel de reproductores del capital y en ese sentido no pueden ganar más de lo que ponga en riesgo la tasa de ganancia que se pretenda. Esto significa aceptar que en el orden natural hay hijos y entenados. Ricos y pobres. Explotadores y explotados y a arreglársela con la suerte que te toca.

Pero lamentablemente para las clases dominantes los sindicatos nacieron para subvertir ese orden natural del capitalismo y no solo en la empresa privada sino en el Estado que un poco mas o un poco menos sirve al interés privado. No tienen otra razón de ser. Y por eso las luchas por el ingreso y las mejores condiciones de vida y de trabajo, suelen ser muy duras y alteran el orden social.

Decía el famoso jurista italiano Francesco Carnelutti, respecto de la huelga: “Derecho de huelga y derecho de guerra tienen el mismo valor. Las organizaciones de trabajadores reclaman el derecho de huelga del mismo modo que el Estado reivindica el derecho de guerra. El poder de la guerra es el poder de sustraerse del derecho” Y así ocurre porque las huelgas afectan el derecho de propiedad, los derechos de los ciudadanos, la seguridad y muchas veces la vida. Pero la sustracción del derecho que implica una huelga es respuesta a una sustracción del derecho previa por parte de las patronales o el Estado. Si hacemos el ejercicio de pensar una sociedad, donde todos ganaran lo necesario para vivir de acuerdo a las aspiraciones, que no hubiera desempleo, que las patronales cumplieran con todas las condiciones de higiene y seguridad, que dotaran a los trabajadores del equipamiento necesario para hacer un trabajo de calidad, que cumplieran con el artículo 14 bis de la Constitución, seguramente no habría huelgas. Y aun más, los sindicatos no serían necesarios.

Pues eso es lo que los trabajadores nucleados en el SUOEM han hecho en estos años de conducción de Rubén Daniele. Quien escribe esta nota fue su Secretario Gremial, en el primer mandato de la Lista Verde, y entre otras controversias con él, estuvo la de la renovación indefinida de los mandatos, cosa que finalmente se impuso. No obstante a diferencia de los que se perpetuaron en sus cargos favorecidos por estatutos amañados, fraudes y persecución a los opositores, Daniele fue consagrado una y otra vez por el voto mayoritario de los municipales, respaldando una gestión, que tuvo como signo distintivo la plena vigencia de la democracia sindical, las conquistas laborales y las realizaciones sociales. En aquéllos primeros años con duras y prolongadas huelgas, que mortificaron mucho a la sociedad, se consiguieron casi todas las conquistas de las que hoy goza el gremio, que hasta la fecha han sido sostenidas con férrea decisión y todo derecho. No ha sido Rubén Daniele una calamidad para los municipales ni para la administración de Ramón Mestre que finalizó su gestión con una alta consideración pública. Lo mismo sucedió con Rubén Martí que entendió que había que cumplir con los trabajadores y casi no tuvo conflictos. Con Kammerath se inició la decadencia que siguió hasta hoy por regulares o malas administraciones de quienes fueron votados para gobernar y no por culpa del SUOEM o de los empleados municipales.

En definitiva lo que deberían hacer los ciudadanos de Córdoba es no volver a votar gobiernos calamitosos y pelear por sus derechos. Y los periodistas de los medios hegemónicos, recuperar algo de objetividad y romper con el servilismo de su pluma hacia los dueños del poder.

Alberto Hernández

Versión ampliada de nota publicada en La idea de Cruz del Eje, junio 2017

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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