Colombia en la ruta distópica del macrismo

habitantes de calle

Cae el sol en Bogotá bañando con reflejos ocre los cerros que bordean esta megalópolis de nueve millones de habitantes, y a tres mil ciento cincuenta y dos metros, sobre el de Monserrate, empiezan a verse los destellos de las luces de la basílica que lo corona. Sobre sus laderas el lucerío de las viviendas me hacen pensar que las estrellas se han depositado sobre la tierra. Es una postal mágica que se repite en cada rincón de este país de geografía cautivante y pródiga.

Pero la magia acaba cuando la ciudad comienza a desperezar su lado ominoso, oscuro, peligroso; particularmente en la zona sur; en el norte donde están los ricos, es diferente. Los personajes de la noche entran en actividad y es hora de andar cuidando por donde se transita, mirando por sobre el hombro, para todos lados, escudriñando cada ser humano que se aproxima y mucho más si andan en grupos. Es también cuando empiezan a deambular zombies harapientos, barbudos, quemados por el sol, con la pelambre engrasada y dura. Van con sus bolsas al hombro, revisando los residuos, juntando material reciclable. Son sombras fantasmales, que andan en silencio. Son los miserables del capitalismo salvaje que impera en el segundo país más desigual de América Latina y séptimo a escala mundial, según el Banco ídem, donde la fortuna de las cinco personas mas ricas, equivalen al 12,5% del PBI. Los “desechables” como los llaman algunos en su aporofobia, viven en la calle. En el caño de la calle 6ª, cientos de ellos. El desagüe en ocasiones incrementa su caudal

de golpe y se lleva puesto a varios, convirtiéndose en un regulador de la población harapienta. Durante el día se los puede ver durmiendo contra un poste, contra una pared o desparramados en la vereda inconscientes por la droga o el alcohol. El último censo se hizo en el 2011; en enero del año próximo van a estar los resultados del último que se hizo este año y que seguramente dará cuenta de una realidad que ha ido empeorando. Afirman que son más de quince mil solo en la capital. Son los invisibilizados que también abundan en Medellín, Bucamaranga, Cúcuta, Cartagena y Cali. Viven de la caridad, de alguna changa, del delito o de la acción gubernamental que es impotente para resolver un problema que es sistémico. Este es el escalón más bajo.

La realidad de los que trabajan

Uno más arriba está el pobrerío. Gente que vive al día, vendiendo comida o chucherías por la calle, o empleados en negro sin cobertura social ni aportes previsionales. Según un informe de la CUT, la central obrera con mayor cantidad de afiliados (las otras son la CGT y la CTC), en 2017 la tasa de desempleo llego a poco menos del 10%, pero con el agravante de que el 69 % de los ocupados “apenas ganan entre 0 y 1,5 salarios mínimos mensuales (…) lo que hace prácticamente imposible que por la vía del trabajo puedan mejorar su nivel de vida, ya que el salario mínimo apenas cubre el 53% de la canasta básica”. El sector más demandante de mano de obra es el de servicios donde “la informalidad o el rebusque es en promedio del 67%”. Este panorama del empleo se completa con el calamitoso cuadro del sector pasivo: “de cada 10 trabajadores, solo tres cotizan y solo uno se pensiona”

Esta situación de la clase trabajadora colombiana va de la mano de la debilidad de las organizaciones sindicales, no solo porque hay una legislación restrictiva a la hora de aprobar la constitución de una organización gremial sino también porque Colombia es el único país de América Latina donde el gobierno tiene la facultad de disolver un sindicato. Solamente el 4,6% de los trabajadores están afiliados y un porcentaje similar son los que gozan de un convenio colectivo. Y esta realidad empeora cada vez más.

Al respecto, Francisco Maltés, ejecutivo de la CUT, decía por estos días que “en la baja tasa de sindicalización inciden varias cosas. La primera es que es casi un delito conformar un sindicato: hace cerca de un mes fueron despedidos unos 70 trabajadores del SITP que intentaron construir un sindicato. Además, la informalidad laboral hace que los trabajadores no se afilien”. Sin dudarlo que en ese camino se orientan los mejores afanes del macrismo.

El neoliberalismo a ultranza

Esta es la realidad social de un país que desde la época de la colonia ha ido profundizando la apertura de su economía en la que el mercado es dios. Hace un par de años la ex ministra liberal Cecilia López decía: “tenemos un modelo económico extractor, en el cual una minoría se beneficia de los recursos de los demás, esos mismos ricos son los que pagan menos impuestos, y por ende, carecen del compromiso de hacer una sociedad igualitaria. En Colombia estamos acostumbrados a la pobreza”. Hasta los años sesenta y desde la época de la independencia se alternaron en el poder, conservadores y liberales. Los movimientos que plantearon un cambio de modelo socio económico, se expresaron por fuera del sistema a través de la guerrilla y electoralmente con poca incidencia y con altos riesgos como los cientos de asesinados de la UP en las décadas del ’80 y ’90. Recién desde algo más de diez años a esta parte expresiones electorales de izquierda o progresistas tuvieron performances electorales de algún peso y así pudieron, por ejemplo, acceder al gobierno de la alcaldía de Bogotá y a posiciones legislativas, lo que no es poco, pero no alcanza.

En estos años la mayor apertura económica a través de los tratados de Libre Comercio (TLC) con EEUU y otros países ha profundizado la reprimarización, concentración y desnacionalización de la economía, reduciendo la participación de los productores nacionales. Las balanzas comercial y de pagos son deficitarias. Colombia es el tercer país con mayores flujos de inversión extranjera directa (IED) en América Latina, según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). El gobierno se jacta de que entre 2000 y 2015 ingresaron, por inversión extranjera, más de 130.000 millones de dólares pero ocultan que la rentabilidad de estos recursos en actividades productivas generó la salida en el mismo periodo de US$150.000 millones (1). Exporta bienes primarios e importa tecnología vehículos y productos con alto valor agregado. “Desde que se abrió a la economía global, la economía colombiana fue prácticamente desnacionalizada, es decir, se perdió una base importante de acumulación de capital, ya sea por parte del estado colombiano o por los particulares. Es uno de los pocos países donde sus compañías más emblemáticas han sido transferidas a inversionistas en todas las partes del mundo. Esta situación ha afectado el ahorro nacional, el empleo local, la autonomía empresarial y el patrimonio colombiano. Muchos empresarios colombianos, con estas ventas, han pasado a ser rentistas, especuladores del sector financiero, pero sin un comando real sobre activos industriales y trabajadores. En otras palabras, ya no pesan en la sociedad colombiana. Pasaron de “capitanes de industria” a “capitanes financieros” (2).

Esa acción del capital, orientado principalmente a la industria extractiva (petróleo, esmeraldas, etc.) ha generado también un formidable depredación del medio ambiente. Siendo este país el segundo en mayor biodiversidad en el mundo, lo que lo hace un verdadero paraíso tan prodigo en productos de la naturaleza que cualquiera podría vivir sin gastar un peso en comida, (todavía se puede almorzar en un restaurante popular por 25 o 30 pesos argentinos), es sin embargo junto a Australia, China, Ecuador, Indonesia, Malasia, México y Estados Unidos, de los mayores destructores de la biodiversidad del planeta y según lo expresara el propio presidente Juan Manuel Santos, con vergüenza, Colombia va puntero en la tabla de contaminación per cápita.

El orden pretoriano

Pero este modelo neoliberal a ultranza no cierra sin un férreo control social. EEUU no solo es el principal socio comercial sino que tiene presencia militar en siete bases distribuidas por el país desde 2009, que según denunció en su momento el ex presidente Ernesto Samper antes de la firma del acuerdo “ya aparecían señaladas las bases como parte de la estrategia de aseguramiento estratégico de los Estados Unidos en el hemisferio suramericano”. La persistencia, a pesar de los avances en el objetivo de alcanzar la paz, de actividad guerrillera, más el accionar de organizaciones narcotraficantes y bandas criminales (Bacrim) que operan en extensas regiones del territorio colombiano, de la profusa actividad delictiva en la que el sicariato es una “salida laboral”, ha dado como resultado una sociedad fuertemente militarizada con fuerzas legales e ilegales. Según la Defensoría del Pueblo de Colombia “entre enero de 2016 y marzo de 2017 se produjeron cinco desapariciones forzadas y 33 casos de atentado contra líderes sociales y defensores de los derechos humanos. Mayor es la cifra que Naciones Unidas ha reportado: durante 2017 un total de 105 homicidios de defensores y líderes de movimientos sociales en Colombia, en un 59% de los casos ejecutados por sicarios”. Como me decía, sentenciando, un militar retirado hablando de la dirigencia social: “o aceptan el soborno o los matan”

Los que inventan la realidad

Por último al igual que en la Argentina, aunque no con tanto descaro y cinismo, la prensa hegemónica dibuja la realidad que a los intereses a los que representan les resulta conveniente y también taladran los cerebros de los colombianos. Según un informe de Poderopedia, cinco personajes de bolsillos llenos, con intereses en las finanzas, mercado de valores, construcción, agroindustria, el comercio, seguros y transporte, que dan forma a otros tantos grupos económícos diversificados, controlan la totalidad de los grandes medios de Colombia: Casa Editorial El Tiempo; Portafolio, Llano 7 días, Boyaca 7 dias; ADN, Don Juan, Aló, Motor; Canal El Tiempo, City Tv, Carro YA, Fútbol Red; : El Espectador (el segundo diario nacional en influencia), Cromos, Caracol Televisión; Blu Radio; la revista Cromos; RCN Televisión, que se divide en internacional, novelas, Nuestra Tele, RCN Cine. También la cadena radial que llega a oídos de los colombianos con 12 marcas divididas en chicos y grandes. Y otras cuantas, como Win Sports, con Direct TV y Mundo Fox, o NTN24, exclusivo de noticias. Semana, Soho, Dinero, Jet-Set, Arcadia, Cocina Semana, 4 Patas, Decora Semana, la unidad de negocios especializada que cubre los medios de Avianca, Ecopetrol, Pacific Rubiales. Caracol Radio y Caracol TV; la Organización Radial Olímpica, dividida en seis marcas radiales. Una de ellas, la popular Olímpica Stereo, es la emisora más escuchada del país, con más de tres millones de oyentes fijos.

Macri anduvo dándose una vueltita por tierras colombianas, consultando a algunos empresarios amigos y oficialmente en junio de 2016 ya como presidente. Algunas ideas y acuerdos se llevó en sus maletas y las está aplicando con entusiasmo y sin edulcorante en nuestro país. Sobre corrupción y lavado de dinero – que por estas tierras es moneda corriente –no aprendió nada que no supiera.

(1) Según informe del Ingeniero Financiero Ricardo Gómez Londoño para el portal digital Sectorial

(2) Nota de Opinión de Jairo Parada para El Heraldo

Alberto Hernández

(desde Colombia)

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Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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