El “kirchnerismo” colombiano ante una posibilidad histórica

Obviamente, el título de la nota es un gancho y las comparaciones son odiosas -y mucho más en este caso- pero lo cierto es que el movimiento que lleva como candidato a la presidencia a Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá y ex M19, y que hoy encabeza las encuestas en todos los escenarios, es lo más parecido al kirchnerismo que se ofrece, como alternativa electoral en Colombia, salvando las distancias, los contextos y los condicionantes históricos. El cierre de las heridas de un conflicto armado de más de medio siglo- que aun no finiquitó-; las demandas de los distintos sectores que integran el país con uno de los mestizajes más variopintos del mundo; la presencia de la violencia del narcotráfico y el paramilitarismo y la corrupción política que ha desprestigiado las instituciones, generando apatía en un electorado -que no tiene obligación de votar- establecen umbrales más bajos y elementales desde los cuales proponerse un quiebre histórico a los más de treinta años de neoliberalismo en el país. Ese sentido común construido por años y en el que la prensa hegemónica ha tenido y tiene un papel fundamental, obligan a despegarse de todas las estigmatizaciones y los encasillamientos. Por ello el candidato toma distancia de la izquierda y la derecha y de las frecuentes imputaciones de castrochavismo, o de su pasado guerrillero, que parecen no importarle a los jóvenes y sectores más humildes entre quienes cosecha los más fuertes apoyos. Sus propuestas y sus

acciones, que pudo desplegar desde la alcaldía de Bogotá en el marco del programa de la “Bogotá Humana” hoy extrapolado como “Colombia Humana”, parte de recuperar el rol del Estado como asignador de recursos y garante de derechos; poner bajo control nacional los recursos estratégicos y los servicios esenciales; abandonar el paradigma extractivista, por otro productivo; revalorizar lo público y en ese sentido priorizar la educación y la salud. Diría que, aunque a contravía, como dicen por acá, se intenta iniciar el camino que transitamos varios países latinoamericanos en los primeros quince años del siglo XXI.

Petro juega sus chances el 27 de mayo, pero antes, el 11 de marzo, dirimen fuerzas los candidatos a ocupar curules en el senado y la cámara de representantes. Batalla no menos importante ya que de llegar a la Casa de Nariño, va a necesitar una fuerte presencia legislativa para poder darle curso a los proyectos de ley que le den sustento a los cambios que se pretenden de fondo. En esa carrera, encabezando con el número 101 –dicen que los capicúas traen buena suerte- la lista de la coalición “Decentes”, se anotó María José Pizarro.

María José, es hija de Carlos Pizarro el último comandante del Movimiento 19 de Abril (M19) y también uno de los artífices de la firma de los acuerdos de paz en marzo de 1990 que permitió que el grupo insurgente dejara las armas. Se convirtieron en partido Alianza Democrática M19 y el 26 de abril de ese mismo año, en la campaña por la presidencia, Pizarro fue asesinado. La actual candidata tenía doce años.

Su vida al lado de sus padres militantes – su madre Myriam Rodríguez también del M19- fue azarosa. Sufrió por la detención y torturas de sus progenitores, las amenazas constantes y la vida en la clandestinidad y hasta debió cambiarse el apellido que luego pudo recuperar. Su peregrinar en el exilio la llevó a vivir en Francia, Cuba, Nicaragua, Ecuador y diversas localidades de Colombia. En Barcelona se recibió de artista plástica y desde el 2010 se radicó nuevamente en su país. Cuando se le pregunta si es una víctima del conflicto armado dice: “no, soy una sobreviviente”.

Quedamos en juntarnos en un pequeño pero acogedor restaurante de Park Way, sobre la Carrera 24. Ambos fuimos puntuales. Sin séquito alguno, me saluda como si fuéramos viejos amigos. Buscamos una mesa discreta y empezamos a conversar. A pocos menos de dos meses de cumplir cuarenta años irradia juventud. De mediana estatura, mirada franca y fresca y una simpatía desbordante, habla con entusiasmo y convicción. Sus palabras se atropellan en la boca y sus ideas surgen, parafraseando a Fierro, “como agua de manantial”.

Cuando le pregunto por qué en un bar, si no tienen una sede, me responde que no, que todavía hay que respetar ciertos criterios de “clandestinidad”. No ofrecer un blanco fijo –pienso.

.¿Porqué Decentes?-Inicio preguntando

-Pues, digamos que es como una reflexión. Entendemos que es lo que más le hace falta al Congreso de la República, tener una bancada de personas decentes, honestas que trabajen en beneficio de la ciudadanía. El congreso colombiano hasta hoy ha respondido más a los intereses corporativos de los partidos que a la ciudadanía, de la que está desconectada. Tiene un nivel de desprestigio enorme. La percepción de la ciudadanía es muy negativa frente al Congreso de la República. Con esto no queremos decir que no haya personas decentes en otros partidos, pero sí queremos poner una impronta y decir este grupo humano viene mas de iniciativas ciudadanas, que han tenido trabajo con las comunidades, que puedan llegar a hacer realmente un ejercicio de renovación de la forma en que se lleva la política allí.

-¿Pero el principal problema que tienen en Colombia es la corrupción?

-No es el principal problema porque tenemos algunos muy graves. Estamos saliendo de un conflicto armado de décadas, muy largo, el más antiguo del continente. La guerrilla más antigua del mundo. Pues estamos intentando salir de ahí pero en cuanto a la administración pública y a las instituciones de representación popular –y no creo que sea un problema solo colombiano-lo que tenemos, son altos niveles de corrupción y clientelismo que es lo que tendríamos que erradicar para ir transformando las dinámicas políticas del país.

-Ustedes plantean atacar las desigualdades sociales, la pobreza, y asegurar los derechos de las las minorías ¿Cómo se resuelve eso en el marco de un modelo neoliberal agresivo como el de Colombia?

-Una de las cosas que no estuvo en la mesa de negociaciones de los acuerdo de paz, fue el modelo económico. Se permitió negociaciones en todos los demás aspectos, pero el gobierno partió con el planteo de que el modelo económico no esta en discusión. Eso quiere decir que habría una serie de reformas políticas, sociales, etc. que permitían que el país fuera a un tránsito sin entrar en el modelo económico. El modelo económico responde a prácticas neoliberales, capitalistas que empiezan en los noventa con el gobierno de Cesar Gaviria y cada vez se han ido fortaleciendo más en el país. Por eso necesitamos la transformación total y por eso la alegría y la esperanza que tenemos hoy de que Gustavo Petro esté punteando en las encuestas lo que nos permite empezar a pensar el país en otros términos. Él tiene unos pilares claros. Entre ellos el tema de la inequidad social, la educación publica…una serie de medidas que podrían empezar a superar la inequidad de este país que es la segunda de América Latina, uno de los países mas inequitativos y desiguales del continente. Para ello necesitamos acceder al poder. Necesitaríamos que Gustavo pueda llegar a la segunda vuelta y disputar con éxito la presidencia.

-Pero llegar al gobierno no es llegar al poder…

-Exacto, llegar al gobierno, a la presidencia para poder iniciar el proceso de transformación que requiere el país. Ahora Sabemos que va a ser muy difícil y más si no tiene bancada, si no tiene gente en el congreso que pueda reforzar las medidas que se estén tomando en ese momento y tomar medidas que nos permita tener un diálogo mas equitativo sobre todo con las comunidades, sobre todo con las étnicas, las afro, las campesinas. Cambiar de modelo económico implica pasar de una política netamente extractivista que es la que rige ahora, a una mas productiva que nos permita realmente un tránsito en lo social de la guerra a la paz. No solamente en el marco de un posconflicto sino superar la deuda histórica que tiene el país con las comunidades mas afectadas.

-Leyendo tu programa veo que no hay referencias a la clase trabajadora, a los sindicatos, a los jubilados…¿Cómo se hace un proceso de transformación que implica una confrontación con el poder económico que es muy fuerte, sin tener una apoyatura y una organización principalmente de la clase trabajadora?

-Colombia tiene sindicatos que cada vez están mas debilitados en el país y estigmatizados. Lo acabamos de ver por ejemplo con el problema de aguas y basura que tenemos hoy. Con Petro se hizo un tránsito de lo privado a lo público y ahora de lo público a lo privado y se pretende hacer ver que los sindicatos son los culpables de que tengamos un problema de emergencia; porque salen a reivindicar sus derechos y defender a 3200 familias que pueden quedar sin su sustento diario. Obviamente que pensamos también en un plan de pensiones dignas para los actuales pensionados y los futuros que hoy no están aseguradas para la mayoría de la población. Yo respondo a una generación también, y es la posibilidad de llevar una voz, de hacer el relevo generacional en la política, sin desconocer la lucha histórica de los sindicatos, de los obreros, de las generaciones anteriores, pero sí recoger esto en un diálogo inter-generacional con las perspectiva de poder garantizar algunos derechos mínimos para quienes venimos detrás, que somos los que vamos a sostener el régimen de pensiones que hoy es casi inexistente, ya que no tenemos personas que estén cotizando a las pensiones y a la salud. Y eso los afecta a ellos pero nos esta afectando a nosotros en el sentido de que no tenemos garantías laborales y de alguna manera nos ha relacionado.

-Algunas cifras que daba la CUT revelaban que el grado de sindicalización es muy bajo al igual que el porcentaje de trabajadores que están bajo convenios colectivos de trabajo. Por otra parte informaban que Colombia es el único país en el que el gobierno puede disolver un sindicato con una medida administrativa, Obviamente hacen falta un paquete de leyes que modifiquen esa situación. Me imagino que vos como legisladora en esas cosas tendrás que pensar…

-Claramente, y nosotros hemos venido construyendo una propuesta, hemos ido trabajado el tema de los sindicatos. De todas maneras tengo que reconocer que no ha sido una bandera que hayamos levantado históricamente, porque yo he estado mas en el movimiento de víctimas, en el proceso de construcción de paz, en las cuestiones de género, las mujeres , el medio ambiente y de la juventud, que es un tema que me corresponde a mí como vocera de una generación. Pero tenemos claro que desde nuestras bancadas daremos una pelea contra la estigmatización de los sindicatos y el movimiento obrero, del movimiento campesino, que es muy fuerte en el país y que está en una lucha histórica y el movimiento indígena, que también es campesino. Tenemos una tradición distinta, este es un país en el que la guerra se ha centrado en la tenencia de la tierra por lo que los grandes afectados han sido los campesinos y las comunidades indígenas y entre ellos las mujeres también. Yo he sido mucho mas cercana al movimiento social. Pero no están desconectados, no es que no tengan dialogo con los demás. Pero en aras de superar el conflicto el tema del campesinado es donde estuve más centrada que en el tema obrero, creo que las necesidades son las mismas y en mi encontrarán un apoyo.

-Yo iba a otro punto: ¿ como se cambia la situación de injusticia, de inequidad a la hora de tomar medidas que van a tocar intereses muy fuertes, si no se tiene una masa crítica social donde confluyan los movimientos sociales y esencialmente el movimiento obrero, es decir un poder real para contrarrestar el poder fáctico que tienen los grupos económicos, que llevan muchas generaciones de concentración de la riqueza en muy pocas manos?

-Es cierto. Nosotros hemos construido muchas propuestas con la gente, participativamente y que si no somos una mayoría en el Congreso de la República son leyes que no van a poder tramitarse y ellos tienen el control del congreso y con eso vamos a tener que jugar. Ahora ¿Qué tenemos nosotros? Tenemos relación con los movimientos sociales. Yo no he sido lejana-por ejemplo- al movimiento indígena del norte del Cauca. Un proceso que he acompañado, que respeto, que quiero. Que tiene que ver con la tenencia de la tierra por parte de los movimientos indígenas. A los procesos por la liberación de la madre tierra, que son muy propios del movimiento indígena. Tampoco he sido ajena al movimiento afro, en Buenaventura por ejemplo estuve muy cercana al paro cívico de buenaventura donde no solamente estaban las comunidades sino los sindicatos portuarios, los de pesca…y conozco la problemática, lo que pasa es que lo que se ha hecho a través del conflicto armado es ir eliminando sistemáticamente a quienes venían liderando los proceso sociales. De todas las organizaciones. Están los sindicatos, los periodistas, los educadores, los lideres de las juntas de acción comunales, las autoridades indígenas, los líderes de los resguardos comunitarios. Eso hizo un país donde los lideres se han ido eliminando y se ha hecho más fácil avanzar en la precariedad laboral. Por ejemplo en un puerto como el de Buenaventura, la gran mayoría de personas estén contratadas con contratistas y no tienen ninguna prestación ni ningún beneficio y quienes van saliendo acceden a pensiones muy precarias y quienes los reemplazan son personas que no tienen ningún tipo de garantías y eso no solo esta pasando en Colombia sino en el mundo como forma de obtener mano de obra muy barata sin que tengas que pagar ningún tipo de seguridad y lo mismo sucede en el campo. Eso es lo que tenemos que fortalecer, pero no lo vamos a poder hacer solos, con cinco o diez personas,-ojala sea el número más grande de personas con historia y relaciones con el movimiento social que puedan llegar. La prioridad es que podamos mantener esa relación y que seamos voceros de las reivindicaciones históricas que tienen los movimientos sociales en Colombia, que son diversos y con un nivel de organización precario por causa de la guerra. De alguna manera en Argentina los sindicatos se han mantenido, fortalecido, no es tan fácil pasar por encima de ellos, se han mantenido durante cincuenta años, a pesar de que han tenido una dictadura muy dura, pero han tenido treinta años de democracia en paz, de alguna manera, con politícas nefastas en muchos casos –porque conocemos el caso argentino. pero no con los niveles de violencia que ha tenido Colombia, con los asesinatos sistemáticos de los liderazgos. Nosotros tenemos que asegurar que los liderazgos se sostengan y ese es para nosotros uno de los temas mas importantes. Porque si contabilizamos los más de 300 líderes que han sido asesinados, hay un rango etáreo que predomina que es el que va de los 28 a los 38 años, eso quiere decir que es la nueva generación de lideres la que esta siendo asesinada en Colombia, y de esa forma se van quedando acéfalos los reclamos de reformas sociales, se van quedando huérfanas porque no tienen a estos líderes que movilizan a la sociedad y al mismo tiempo la atemorizan y ya deja de comprometerse con estos temas. Solo unos pocos valientes se atreven. Nosotros tenemos que fortalecer los liderazgos, proteger a las comunidades, para que florezcan los liderazgos y se fortalezca el movimiento social. Ahí esa la clave para lograr mayores reivindicaciones. Si los siguen asesinando va a ser muy difícil. Fíjate que, en el marco del acuerdo de paz, fue el año pasado cuando más movilizaciones hubo. Las últimas de esta envergadura habían sido las movilizaciones estudiantiles en 1978, hace cuarenta años. Eso quiere decir que de alguna manera se dieron las condiciones para que la gente pudiera manifestarse y empezar un camino en la exigencia de sus derechos. Eso no pasó en cuarenta años, por causa de la guerra. Nosotros necesitamos fortalecer la paz para que esto pueda surgir. Y no es el congreso el que lidera los movimientos sociales, son las comunidades.

-Colombia está ante una situación inédita. Por primera vez se está ante la posibilidad de tener un gobierno… diría “nacional y popular”. Ahora los cambios que hay que hacer desde el punto de vista estructural exigen un cambio cultural, que va a llevar años. La gente tiene miedo pero también tiene prejuicios. Por ejemplo, el rechazo mayoritario al proceso venezolano o cubano, a Petro también se lo estigmatiza con su pasado guerrillero. Aventar esos fantasmas va a llevar mucho tiempo, por eso se debe pensar en una ingeniería política que permita darle continuidad a la etapa progresista y evitar que venga otro gobierno y revierta los cambios producidos. Tal como hizo Peñaloza con la obra de Petro o Macri con lo hecho por el kirchnerismo. ¿Ustedes tienen esa preocupación? Porque cuatro años es poco tiempo para modificar las cosas de fondo.

-Claro que cada preocupación tiene su tiempo. Por ahora lo importante es que por primera vez en esta frágil democracia colombiana tengamos la posibilidad de que un sector diferente a los sectores tradicionales que han gobernado el país logre llegar al gobierno y empezar un proceso de transformación que no se ha permitido en este país. Hemos tenido oportunidades en 1990, que personas distintas llegaran y fueron asesinadas y hoy de alguna manera estamos intentando superar el exterminio político y de la oposición política como mecanismo para impedir que otros sectores lleguen a gobernar este país. Ha sido una triste historia nuestra. Hoy estamos luchando por esa posibilidad que sería una gran ganancia. Como tu dices necesitamos hacer grandes transformaciones, pero ahora necesitamos darle pie a que este proceso inicie. No hemos tenido ni siquiera la posibilidad de dar un paso en ese sentido. Hoy todos los esfuerzos están puestos en lograr ese primer objetivo. Si logramos eso habrá que iniciar un proceso de fortalecimiento. Tenemos una generación que ha crecido en circunstancias muy complejas, que empieza a decir….por ejemplo mi caso: una mujer hija de un comandante guerrillero que fue asesinado 47 días después de firmada la paz. Despues de todo este andar, nosotros no vamos a recoger solamente las banderas de nuestros padres sino nuestras propias banderas, nuestra mirada. Pero llegar a ese camino ha requerido confiar en hacer política cuando en el ejercicio de la política tus padres fueron asesinados. Eso ha exigido un proceso de reflexión muy fuerte. Creo que nosotros lo hemos podido hacer y nos lo planteamos que hay que ir más allá, tienen que venir otros, tiene que darse el relevo generacional en la política de izquierda también. Eso no se ha dado. Quienes venían, los pioneros fueron asesinados en el camino. Hoy tenemos una oportunidad. Necesitamos proteger esta oportunidad. Y el proceso de paz y estos ocho años han sido un tránsito, ya que aunque sea un gobierno neoliberal, se han permitido cosas que en los anteriores gobiernos no se habían permitido: la posibilidad de salir en público, de decir aquí estamos, que se pudiera manifestar –por ejemplo- el movimiento nacional de victimas, que pudiera materializarse. Que pudieran surgir nuevos liderazgos, es lo que se dio en estos ocho años. Por eso este proceso de paz ha sido tan importante, porque mientras se iba dando, otras fuerzas que habían estado contenido han ido apareciendo. De todas maneras mira lo que acaba de pasar. Petro sale de la alcaldía de Bogotá con la peor imagen y hoy tiene la mejor intención de voto justamente en Bogotá. El ejercicio de la democracia es eso también, no siempre vas a estar. Y no estamos hablando de una dictadura, pero sí de una democracia real que no ha tenido nuestro país y pues, se desatará y tendremos otra oportunidad y no podemos ir a que los demás desaparezcan e imponer una dictadura porque tampoco es la tradición política de nuestro país. Hemos sido el único país, a pesar de que hemos tenido políticos neoliberales que no hemos tenido dictaduras. No podemos ir a contravía de la historia de nuestro país tampoco.

-Claro, pero el capital ejerce una dictadura en términos fácticos, Colombia es el único país que tiene siete bases norteamericanas ¿qué representa para ustedes el imperialismo, la presencia norteamericana?

-Hay un tema de autonomía nuestra que no ha estado… y la guerra ha sido un caldo de cultivo para que tengamos bases militares Si no hubiéramos tenido conflicto y narcotráfico difícilmente se hubiera podido justificar. Tenemos una mezcla nefasta. Tenemos una política de drogas que se dicta desde EEUU, porque somos el país que más produce coca en el mundo. De alguna manera hay una política internacional que tiene una profunda ingerencia en nuestro país, con un movimiento indígena que no es el boliviano o el ecuatoriano, tenemos un mayor mestizaje, somos el país mas mezclado del continente, con una política de drogas dictada directamente desde Washington, con un país en guerra. Realmente nosotros necesitamos superar eso, sino cualquier otro ejercicio va a ser imposible. No estamos en las mismas condiciones políticas, ni históricas ni sociales que tienen otros países del continente, porque hemos tenido el conflicto mas largo y mas degradado. Si hubiera un cambio en la política de drogas, no depende solo de Colombia, por ejemplo, ahora Argentina es un país de tránsito, Guatemala, México, países que se están viendo permeados por lo que estuvo carcomiendo la sociedad colombiana de los años ochenta. El narcotráfico, el narcoparamilitarismo, de alguna manera ha permeado todas las esferas de la sociedad, por eso necesitamos empezar a limpiar nuestras propias instituciones, a limpiar nuestro país, para recuperar un mínimo de autonomía. Claro que eso no lo vamos a hacer de la noche a la mañana porque de alguna manera Washington va a seguir dictando la política de lucha contra las drogas y en el país donde más invierte recursos es Colombia. Aunque hoy empieza a mirar a México que está como nosotros estábamos en los años 80 y 90.

-¿Cuando hablas de invertir recursos te referís al combate contra la droga?

Claro, el Plan Colombia. Tienen que haber un cambio en la política de drogas, pero ese cambio no lo va a dictar Colombia, tiene que haber un bloque latinoamericano, por lo menos en los países productores de droga de manera que la responsabilidad no sea solo nuestra. Es necesario cambiar lo forma en que se maneja el consumo ya que nosotros exportamos pero el nivel de consumo que hay en Colombia no es tan alto como el de EEUU. Hay una corresponsabilidad ahí, pero mientras eso se decide en Washingotn, a nosotros nos imponen una política que es criminal y que ha permitido fortalecer a los grupos paramilitares también. La cuestión de la ingerencia en nuestro país y las decisiones que se toman en EEUU es importantísimo. Yo creo que en esto debe haber una reflexión que le compete en general a América Latina y no solo a Colombia. Y en los países en vías de desarrollo y que tienen una economía clandestina que se fortalece, como el comercio de armas y de drogas que es algo que a nuestro país nos ha afectado de una manera…

-Esta alianza latinoamericana que planteas en el tema de la lucha contra el narcotráfico, es necesaria para combatir las inequidades sociales en nuestros pueblos y Colombia no ha estado en sintonía con estos procesos populistas que se dieron en Argentina, Brasil, Ecuador. ¿Cómo ven esta cuestión?

-Pero mira los gobiernos que teníamos nosotros. Mientras en el resto del continente estaban Correa, Evo, Lula, Kirchner, Chavez- de alguna manera- nosotros teníamos a Uribe. No había ninguna posibilidad de que un gobierno de extrema derecha pudiera llegar a un diálogo con países que estaban en contrasintonía.

-Bueno, pero eso es el pasado. Lo que se viene es ver como se recupera la iniciativa popular en Latinoamérica ante la contraofensiva neoliberal que se ha lanzado en nuestros países.

-Claramente, y pues mira el reversazo que estan sufriendo ustedes. Nosotros vamos como en asintonía con el tiempo. Nosotros estamos intentando llegar a un gobierno –no digamos igual porque de alguna manera las propuestas de Gustavo están pensadas para un país como Colombia y no como Argentina. Cada país tiene su propio proceso.

-Es lo mas parecido al kirchnerismo que he visto en Colombia- le digo para intentar establecer un punto de referencia, pero le escapa a cualquier rotulación; inclusive a las propias y locales que han sido parte de su historia.

-Nosotros como generación creemos y después de que nuestros padres han sido asesinados, que tenemos derecho a pensar donde queremos estar, libres de definirnos y que no nos metan en un cajón de izquierdas y derechas. La izquierda radical se pone al resto de la sociedad en contra y no tiene posibilidad alguna de acceder al gobierno y nosotros estamos en esa reflexión sobre cual es el lugar idóneo para autodenominarnos e impedir que seamos encasillados, porque la estigmatización se esta dando en el mundo…llega Podemos en España e inmediatamente son rotulados como “castrochavistas” que es un término acuñado en Colombia. Creo que como generación tenemos que ver cómo despertamos a la gente que está alrededor nuestro sin entrar en ese encasillamiento. Y para Colombia en este momento apoyar a gobiernos que han sido nefastamente estigmatizados…..”ahora vamos a ser como Venezuela”….lo mismo pasó en Argentina con el kirchnerismo, acá se ha criminalizado a Correa, a Lula, a un tipo como Mujica, un hombre progresista con una ideología muy de avanzada. En nuestro país todavía no se permite que se pueda reflexionar en ese sentido, por eso estamos en la lucha por autodenominarnos y eso implica desmarcarnos un poco de la izquierda y la derecha. Creemos que es legítimo poder hacerlo y no porque no seamos, en nuestro pensamiento y nuestra herencia, de izquierda, sino porque nos va a permitir restablecer ese diálogo roto con la sociedad y nos permitirá abanderar luchas que son propias de nuestro tiempo como la reivindicación ambiental, que es una necesidad que vamos a tener como generación porque no vamos a tener país para defender. En los años 70 la lucha obrera era el centro y la posibilidad de conectar con los sectores sociales, hoy es muy importante la lucha por el medio ambiente y eso nos permite conectar con sectores, que pueden ser de izquierda o derecha, e iniciar el diálogo, poder hablar para superar las relaciones que han estado rotas por causa de la polarización a la que nos han sometido…

-Es un tema central en Colombia, que siendo el segundo país de mayor biodiversidad en el mundo es uno de los que más la destruye, y al decir del propio Santos es uno de los de mayor contaminación per cápita del mundo. Pero la lucha por el ambiente es una lucha anticapitalista, hay que tocar intereses muy fuertes, no basta con convocar voluntarios a limpiar el rio Bogotá.

-Claramente, no basta con eso, eso es lo que va a venir- ¿Qué dice Vargas Lleras hace unos pocos días? Que si llega al gobierno va a eliminar la consulta previa que es el único mecanismo de defensa del territorio que tienen las comunidades, que tienen que ser cosultadas sobre que uso le quieren dar a su territorio, si permiten la ingerencia de multinacionales, etc. Por ejemplo en Cajamarca votaron en contra del establecimiento de una minera. Pero esa misma población, quince días antes había elegido al alcalde que estaba promoviendo esa explotación. Eso muestra la desconexión entre el movimiento social y el político. Entonces tú puedes decir que la gente que voto “no” por la minería, no es la que voto por el alcalde, porque la política no interesa, la gente está tan aburrida que dice “yo no quiero saber nada con esta vaina”. Entonces el ejercicio es ver como logramos conjurar que haya una sintonía entre el movimiento social y lo político y eso es importantísimo no solamente aquí sino en el mundo. Porque los movimientos sociales no están altamente involucrados con quienes van a ser sus representantes, en el gobierno, en las alcaldías, en los territorios pero también a nivel nacional, donde tienes que tener un gobierno que no tenga pactos con el sector privado y que le permita llevar adelante transformaciones que van a romper muchas relaciones. Con los canadienses que nos venden armas y que están metidos con las mineras, por ejemplo. Habrá que redefinir las relaciones con EEUU y con Europa. Con España por ejemplo que nos presta casi todos los servicios públicos. O sea va a requerir un proceso de nacionalización, de defensa de lo nacional y de lo público. Ahorita entre los otros candidatos, están Vargas Lleras fuertemente comprometido al sector de Uribe, al sector de derecha, con la fuerzas militares y los intereses económicos; Fajardo que es más de centro, tiene muchos compromisos con los privados por lo que su margen de maniobra va a ser mínimo; nosotros tenemos un candidato que no tiene esos compromisos y por eso está teniendo lo niveles de aceptación que tiene. Estamos en un momento único en Colombia hoy en lo político. La decisión que tome el pueblo colombiano va a decidir la suerte de nuestra sociedad para los próximos veinte años, como sucedió hace treinta años cuando nuestros padres fueron asesinados. Hoy nosotros debemos ser protagonistas de eso que queremos proteger y defender. Y cuando digo nosotros, me refiero a los movimientos sociales pero también a nuestra generación. Hay esperanzas. Petro tiene una grado de aceptación muy grande entre los jóvenes y la población de bajos recursos que es la más proclive a vender su voto – eso es peligroso. Estamos en un momento en el que estamos caminando en el filo de la navaja realmente y es un momento determinante en la historia del país. Estamos muy empeñados en conectar a esas dos colombias separadas por el conflicto. Las comunidades mas afectadas son las que menos acceso al voto tienen. Quienes definen electoralmente son las ciudades que no han tenido la dinámica territorial tocándole a las puertas, más allá de los grandes cordones de pobreza y miseria que existen en ellas.

-¿Se puede hacer algo con la concentración de la prensa? Porque a la hora de lograr esa empatía con lo nuevo que va surgiendo en Colombia, a la hora de construir esa masa crítica necesaria para impulsar los cambios, los medios de comunicación social son fundamentales porque le taladran el cerebro a la gente, nos pasó en Argentina…

-En el mundo pasa, no es un problema solo de Colombia, aquí pasa lo mismo y no lo vamos a solucionar solos, porque es un problema de escala mundial. Por ejemplo los sucesos de la “primavera árabe” se conocieron primeramente a través de las redes sociales, a través de la difusión de mensajes que pueden ser rápidamente comunicados, como alternativa a los medios de difusión que con su poder- que lo van a seguir teniendo, ocultan lo que no les conviene. Pero a esa cuestión no la va a poder resolver Colombia sola. Mira el caso venezolano, el caso Libio…países sin estado… hay países que se enfrentan a las corporaciones y en otros casos llegan al gobierno directamente sin intermediarios políticos, como los casos de Trump, en EEUU, Macri en Argentina o Temer en Brasil. O como Peñaloza, ahorita en Bogotá. Es el mismo modelo, es algo que tenemos que empezar a pensar de conjunto. Hay una desconexión total de los movimientos populares. Yo se lo comentaba a Ada Colau en Barcelona, con quien tengo una excelente relación, con Barcelona en Comú o Podemos, si no hay conexión entre estos movimientos, si no hay diálogo a nivel latinoamericano o iberoamericano que por lo menos compartimos el mismo idioma, va a ser muy difícil empezar a pensarnos en términos diferentes. Bueno… sabemos que hay gente que lucha en Argentina, algunos han llegado por acá, pero no tienen relación con nosotros. Hay historia de relaciones en el movimiento social, pero como éste se ha ido rompiendo, pues las relaciones se han ido resquebrajando. Nosotros tenemos que ver como vamos a recuperar eso para poder afrontar en términos globales eso que nos afecta no solo a Colombia sino al continente y al mundo diría yo claramente. Eso es lo que tenemos que pensar seriamente como generación. Si ellos son capaces de pensarlo como multinacionales, por qué nosotros tenemos que estar como en islas distantes si somos ciudadanos del mundo. Creo que esos son los retos que tenemos como generación. No podemos seguir pidiéndole a la generación de nuestros padres esa tarea. Que abandere, que lidere, que nos retroalimente el discurso, creo que son reflexiones que tenemos que darnos y en conexión con los que están a nuestro alrededor. Y ¿Cómo lo vamos a hacer? Hubo un ejercicio muy interesante en la Bogotá Humana, con el canal público, el Canal Capital, que había en ese momento, pero ya viste cual fue el resultado pues mientras tratábamos de comunicar por esa vía, estaban todos los demás torpedeándonos con mentiras, todo el poder mediático intentando impedir las transformaciones en la ciudad. Creo que no es un reto solo para Colombia sino es una tarea global. No existe al menos orgánicamente un espacio donde confluyan los movimientos populares para pensar estrategias que nos permitan contrarrestar, poner un freno a las políticas neoliberales. Necesitamos materializar esas relaciones y eso tiene que ser un esfuerzo conjunto. Necesitamos recuperar eso que rompieron. Ahora ha habido un intercambio mas académico, ha habido un diálogo en este plano, pero los movimientos sociales no están relacionados, si no se establece esa relación es muy difícil hacerles frente. Vuelvo a la “primavera árabe”.. ¿Cómo se logró que el mundo se diera cuenta de lo que estaba pasando en Egipto en ese momento? Se las ingeniaron para usar las redes y que el mensaje llegara afuera y tronara. Eso fue algo efímero pero fue un gran ejemplo de lo que podríamos recuperar como ejercicio masivo. Tenemos las herramientas, pero seguimos aferrados a las viejas formas, y eso también es producto del capitalismo. Por ejemplo las mujeres se movilizan por cuestiones de género y solo las mujeres, los indígenas solo los indígenas, los afros solos, los jóvenes solos, la población LGBT solos por su lado, pero ¿en qué momento se juntan? Yo creo que hay que recuperar lo que en algún momento decía el M19 “solo un dialogo nacional o continental nos va a permitir iniciar un camino diferente, sin eso ellos llevan las de ganar porque ellos sí piensan en esa lógica y nosotros no”. Ahí estamos fallando. Por caso el movimiento de mujeres. Es masivo porque levantan una bandera mas sencilla. Es una muestra de que hemos ido especializándonos y dividiéndonos en pequeñas luchas, cuando debiera ser un tema universal. Ser mujer es un tema universal. Y lo que me afecta a mi en Colombia, es lo mismo que afecta a una mujer en Argentina y afecta igual a una mujer europea. Hay mayores logros en algunas sociedades que en otras pero es una identidad común. De esa forma es mas fácil identificarse y llevar una bandera común. Con el movimiento indígena no tienes todas las coincidencias pero con una mujer indígena las tienes todas, mas alla de la raza o de los credos. Entre las mujeres están las que son obreras, son indígenas, son campesinas, son madres, son madres de los jóvenes que se están matando en los barrios populares. Hoy las mujeres pueden plantearse un paro mundial. No hay un movimiento antiguerra mundial, aunque lo hubo en los años 70. En este camino hemos tenido que pensarnos nuestro lugar en el mundo y cómo queremos habitarlo y eso nos ha permitido una identidad común por encima de los nacionalismos. El ser mujer nos ha permitido identificarnos inmediatamente. Deberíamos de la misma forma construir una identidad de los pueblos.

-Como se plantean el tema de la seguridad en un país que está muy militarizado, muy armado?

-Tenemos un país armado hasta los dientes. La esperanza de vida en un barrio popular es de 16 años para un joven. No hay ninguna oportunidad, no tienen ninguna posibilidad de imaginar su vida fuera de las armas, del microtráfico, de los combos armados. En las ciudades y en el campo también porque hay presencia paramilitar porque ellos están en todas partes. Es un reto grande. No creo en la seguridad de la policía, no creo que esa sea la solución. Bogotá venia de una dinámica de seguridad integral que paso a otra de seguridad policial y no han mejorado las estadísticas sobre hechos delictivos. Esto pasa por una serie de medidas para que los pelados no sean fácilmente cooptados y que al mismo tiempo hayan dinámicas culturales, pedagógicas; el acceso a la educación, al primer empleo que posibiliten ir rompiendo las cadenas de miseria que hay entre las familias que además tienen entornos muy violentos por muchas causas. Definitivamente la solución no va a ser militarizarse mas. Tenemos que empezar a sanarnos como sociedad y eso implica recuperar dinámicas que se están dando en los territorios. Porque en este país mientras se ha hecho la guerra, por otro lado se construia la paz. Colombia ha intentado la guerra pero nunca a probado la paz. Aspiramos a que esta generación pueda desarrollarse en un entorno no violento y esas relaciones no violentas son las que tenemos que asentar en los territorios y en la vida social del país. Pero la respuesta no va a ser la militarización. Hay que brindar posibilidades, si no no hay nada. Un muchacho del microtráfico se puede ganar 300000 pesos a la semana, lo que nunca se va a ganar con un salario mínimo o un salario formal, es más ni siquiera irse a la alternativa armada, un vendedor ambulante gana más. Entonces si no tienes un salario decente, sino brindas la posibilidad de que los chicos se eduquen entonces no hay nada. El resto es mas guerra y mas muerte. Estamos cansados de enterrar personas. En Colombia de hambre no se muere nadie, pero eso solo, es supervivencia pura.

Nos despedimos y me fui con la sensación de haber llenado mis pulmones con una brisa de aire fresco, esperanzado con la idea de que Colombia pueda acceder a una de las llaves para abrir el camino de la recuperación de la iniciativa popular en nuestro continente y retomar la senda soberana del crecimiento con justicia social y democracia real.

Alberto Hernández

Una versión reducida se publica en La Idea de Cruz del Eje. Febrero 2018

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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Una respuesta a El “kirchnerismo” colombiano ante una posibilidad histórica

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