Colombia: Iván Duque ¿ingenuo o falaz?. Primera nota.

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El discurso de asunción de Iván Duque como presidente de Colombia dejó mucha tela para cortar. Son muchas las similitudes con el manifiesto de objetivos enunciados por el presidente argentino Maurizio Macri en la misma oportunidad y antes y después de su asunción. Claro que son notorias las diferencias entre la formación y capacidad oratoria del colombiano, que demostró ser capaz de hacer un discurso de 45 minutos sin leer y sin perderse, a diferencia del presidente argentino que suele leer dificultosamente y cuando hace algún corto parlamento, solo le sale relativamente bien hablar de fútbol.
Si bien ante un gobierno que recién da sus primeros pasos en la gestión es prudente no abrir juicios descalificadores, sus promesas rozan la ingenuidad o el cinismo. Al igual que las demás experiencias neoliberales de la región y particularmente con la de Argentina, los relatos gubernamentales alimentados, sostenidos y aumentados por los medios hegemónicos, han distado mucho de la triste realidad de los pueblos. Y el de Duque por más que se lo disfrace es un gobierno neoliberal, al igual que el de Santos y el de Uribe su mentor. Repasemos algunas de sus afirmaciones. En esta primera nota nos referiremos al llamado a “la unidad del pueblo colombiano”.
La exhortación de Duque a que no haya “…más divisiones…” y pensar un país “con todos y para todos (…) porque cuando se construye y no se destruye, el futuro es de todos los colombianos” es el equivalente al

llamado del macrismo a superar “la grieta” que supuestamente abrió el kirchnerismo y a “lograr juntos” el país de la felicidad y la alegría. La triste realidad argentina demostró que solo fue “mamadera de gallo” para engañar giles, porque para el gran capital al comando del poder, la felicidad y la alegría tienen precio de mercado.
¿Se puede pensar en la unidad de todos los colombianos con el nivel de injusticia social que hay en la sociedad? En Colombia, al impulso de la economía de libre mercado, de los TLC, de la economía extractivista y extranjerizada que se ha llevado a cabo en los últimos veinticinco años – e independientemente de los números que reflejen los resultados macroeconómicos- se han profundizado las desigualdades sociales. Según el último informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) que relevó a más de catorce millones de hogares colombianos, el decil más alto se lleva el 39,4 % de los ingresos nacionales mientras que los dos más bajos – es decir el 20 % de la población- participan en conjunto del 3,8 % del ingreso. ¿cómo se pueden armonizar los intereses de quienes lo tienen todo con la inmensa mayoría que no tiene nada o tiene poco? No es posible la unidad de los colombianos en tanto se siga sosteniendo esa desigualdad que lo ubica en este aspecto en el noveno lugar en el mundo, según último informe de la ONU, y de acuerdo a lo informado por el Banco Mundial, tercero en latinoamérica solo detrás de Honduras y Haití. ¿cómo se puede hablar de objetivos comunes si con las políticas que sugiere Duque y que en estos primeros días de gobierno ya se empiezan a esbozar, la pobreza extrema según la CEPAL ha llegado casi al 10%? ¿cómo se puede conquistar la unidad del pueblo cuando los campesinos e indígenas, son perseguidos y asesinados por resistir a las corporaciones que quieren expandir las actividades extractivas prohijadas por las políticas neoliberales que promovíó el partido del presidente Duque? ¿Y la realidad de los jubilados y los trabajadores? ¿de los productores nacionales asfixiados por la invasión de productos extranjeros alentados por el libre comercio? Hoy solamente se jubila uno de cada cuatro personas en edad de hacerlo y la mayoría con un salario real paupérrimo que cada vez es menor. En el caso de los trabajadores activos, el 80 % gana menos de dos millones, mientras que casi el 20% está por debajo del salario mínimo. Haciendo cálculos se puede ver que se gana más mendigando o en la venta ambulante que teniendo un empleo fijo. Y ni que hablar en el traqueteo. ¿Esa realidad es resultado de malos gobiernos o de una concepción sobre la economía y el hombre?
La división y el enfrentamiento; la “grieta argentina”, el conflicto social y la violencia es propia del sistema capitalista y mucho más en su versión neoliberal. El neoliberalismo entiende que el Estado no debe involucrarse en las relaciones sociales y económicas entre los que se consideran actores o jugadores que concurren al mercado y que compiten en mejores o peores condiciones de acuerdo a su productividad. En esa concepción hay ganadores y perdedores. Lógicamente pierden los que no han tenido posibilidades de capacitarse, partir de un capital inicial familiar u obtenerlo a través de actividades ilícitas, o sacándoles el jugo a otros que producen para ellos. Ni que decir que el mercado que describió Adam Smith ya no existe porque el grado de concentración de la riqueza, ineluctable en el capitalismo, como resultado de la caída de la tasa de ganancia, da como resultado algunos poderosos jugadores que ponen las condiciones y hacen del libre juego de la oferta y la demanda una ficción o un sofisma. Al decir del genial Quino, padre de Mafalda, “nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás”.
No es posible armonizar los intereses de explotados y explotadores, de pobres y ricos, de los que deambulan por el sistema de salud público con los que con toda premura y garantías son atendidos en lujosas clínicas privadas, de los que tienen todo con los que no tienen nada. Solo es posible dentro del capitalismo y particularmente en esta su versión neoliberal y financierizada, morigerar esas contradicciones a partir de la intervención estatal. De manera de que, a través de cobrarles más impuestos a los que más tienen -al contrario de lo que parece que Duque va a hacer-se puedan asignar recursos del estado a solventar la educación y la salud pública universal y gratuita en todos los niveles, se asegure un piso de ingresos a las familias que protejan la niñez, se subsidie el sistema jubilatorio de manera de garantizar un ingreso mínimo a toda persona que superó la edad correspondiente aunque no haya tenido la posibilidad de aportar al sistema, se proteja la producción local y de las comunidades que son las que más empleo generan. Estas y otras medidas proteccionistas, en el sentido económico y social son necesarias para incrementar la demanda y movilizar la rueda económica, generando una transferencia progresiva del ingreso que beneficie a los que hoy están en la parte de abajo de la escala social.
Solo así, con un Estado presente y no subsidiario, se podrían alcanzar -aunque más no sea parcialmente, ya que siempre habrá disputa por el ingreso-los objetivos de unidad y armonía del pueblo colombiano. Y guay con las promesas de equidad del nuevo presidente, que le calzan perfecto a este modelo. Según la Real Academia Española es la cualidad que mueve a dar a cada uno lo que merece y ya sabemos que en este sistema los merecimientos los asigna el mercado. Lo que hay que buscar es la igualdad de oportunidades y eso es una utopía dentro del neoliberalismo.
Como dijimos al comienzo de la nota, es temprano para condenarlo, pero ya el armado del gabinete con todos sus miembros formados en universidades privadas, ex funcionarios del uribismo, o con funciones en organismos neoliberales por antonomasia, preanuncian la continuidad de las políticas de clase. En esa línea se evidenciará que Duque -al que sabemos informado y formado -a sabiendas o no, le mintió a todos los colombianos.
El desastre, ya sabido de todas esas políticas, lo evidencia la realidad de Argentina que está al bordo de la explosión, y su amigo Macri, poniendo a punto el helicóptero. Por las dudas ¿vió?

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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