Me autoproclamo presidente (parte de guerra)

golpe en venezuela

Así dijo Juan Guaidó y asumió como “presidente encargado” de Venezuela. Enseguida nomás llovieron los reconocimientos de los EEUU, de Europa y todas las derechas del continente. También proliferaron los memes y las burlas y aparecieron cientos de proclamados en las redes a cualquier cargo. Esta fantochada de la oposición venezolana y de los países que pugnan por la “libertad y la democracia” contra la “dictadura” de Maduro, más propia del realismo mágico de García Márquez, sería para reírse por mucho tiempo si no fuera algo tan serio como la puesta en marcha de un golpe contra un gobierno legítimamente elegido por su pueblo.
Y es tal la legitimidad y la legalidad de sus actos que por contrapartida ha sido respaldado por una abrumadora mayoría de los países del mundo que tienen su representación en las Naciones Unidas y no responden a los intereses imperialistas de los EEUU. Sin embargo los medios hegemónicos -caso notorio de Colombia- repiten falazmente que “la comunidad internacional” reconoció al fantoche y hasta ahora oscuro y desconocido presidente autoproclamado. Para ellos y toda la derecha del continente “la comunidad internacional” se reduce a EEUU y todos los países subordinados a su geopolítica imperial cada vez mas clara e indisimulada.
No es ocioso repetir algunas cuestiones sobre lo que llaman “dictadura” venezolana. En primer lugar hay que citar a un testigo clave que para nada puede ser reputado como chavista: Jimmy Carter, que hace

unos años afirmó que “Venezuela cuenta con el mejor sistema electoral del mundo” por lo tanto las acusaciones de fraude a las que recurre la oposición son infundadas o al menos no son tan evidentes como las que se sospecha que permitieron la elección de Bush en su momento, ni tan viciadas como las brasileñas con la proscripción de Lula o las de Trump cuyo sistema permite que habiendo tenido dos millones de votos menos que Hillary Clinton haya podido ser presidente. Pero de ellos no dicen nada.
Desde que se puso en marcha la Revolución Bolivariana conducida por Hugo Chávez y hasta el presente se llevaron a cabo más de dos decenas de elecciones, dos de las cuales ganó la oposición y fueron reconocidas. Nada compatible con una dictadura. Todo de acuerdo a lo que manda la Constitución Venezolana consagrada en 1999. Y en la última elección donde por abrumadora mayoría triunfó Maduro y participaron varios partidos de la oposición, hasta se hizo lugar al reclamo de ésta adelantando la fecha. ¿Que clase de dictadura es esta? ¡Dictaduras fueron las de Pinochet, Videla y Somoza, por citar algunos, que si a alguien se le ocurría proclamarse presidente, no duraba dos horas sin ser desaparecido, torturado y luego fusilado!
Se podría decir que al ilegalizar a la Asamblea Nacional, órgano legislativo de Venezuela y controlado por la oposición, el Tribunal Superior de Justicia procedió autoritariamente siguiendo instrucciones del poder ejecutivo. Desde el desconocimiento se puede sospechar eso, pero ¿que queda entonces decir de las persecuciones y encarcelamiento sin pruebas, de políticos opositores en Argentina, Brasil, Ecuador, Chile?. ¿No es acaso parte de la guerra judicial que es la forma que asume la pretensión imperial de los EEUU de volver a controlar su patio trasero?. ¿No es acaso una justicia corrompida al servicio del poder económico la que opera en nuestros países? ¡No se oye padre! dicen como en el cuento.
Estamos en guerra y en Venezuela hay una revolución socialista – a su modo, pero socialista- en marcha y, como dijera el Che Guevara, “si una revolución es verdadera, se triunfa o se muere” por lo que no hay lugar para hacer concesiones que la pongan en peligro. En ese sentido lo que hay que decir es que el chavismo se ha quedado corto. Samir Amin decía, con razón, que para construir-y consolidar-, en los países de la periferia capitalista, una sociedad sustentablemente igualitaria es condición necesaria que el estado-es decir la sociedad- controle la acumulación de capital en función de un proyecto nacional que, en nuestros países, solo puede ser inexorablemente latinoamericano (La desconexión). Esto es, regular la tasa de ganancia y el destino y distribución de los excedentes de la economía, claro está si es que no se avanza en la dirección de la revolución cubana: la expropiación lisa y llana de los medios de producción capitalistas, cosa que sería absolutamente necesaria si la burguesía no acepta que el estado regule la economía y redistribuya la riqueza.
Más allá de los errores, que hoy hasta el mismo Maduro reconoce y de los vicios y dificultades de la Revolución Bolivariana, hoy es, en Latinoamérica, Venezuela, junto a Cuba, Bolivia, Nicaragua y ahora México, los países que resisten los designios imperiales de los EEUU en su afán de quedarse con las riquezas de nuestros pueblos. En ese sentido cualquier alternativa que se proponga darle batalla a las derechas del continente y recuperar el manejo del estado para ponerlo al ,servicio del pueblo, debe hoy posicionarse en la defensa de la Revolución Bolivariana, porque de ello depende buena parte de nuestro destino. No habrá ningún proceso popular que pueda darse por fuera de los cambios que se operen en Latinoamérica. En esta cuestión o se está de un lado o del otro. Decir que se quiere la paz y la democracia en Venezuela y se reconoce a Guaidó como presidente, es convalidar la estrategia intervencionista de los EEUU y fortalecer el ciclo de derecha en el subcontinente. Esto es lo que han hecho en Argentina- al igual que Macri y sus socios neoliberales- Massa, Urtubey y Pichetto, mientras que Schiaretti y otros del Peronismo Federal hicieron silencio- y ya se sabe que el calla otorga- mientras critican hipócritamente al gobierno de Cambiemos y se proponen como una alternativa. En realidad representan el continuismo, la sumisión a los intereses imperiales y la miseria para la mayoría de los argentinos.
No puede haber unidad ni acuerdo sin definir con claridad esta cuestión. El próximo gobierno nacional y popular en Argentina, deberá gobernar con el pueblo organizado y en la calle, así como la mayoría de los venezolanos están defendiendo su revolución, y avanzar en la destrucción del poder oligárquico para que nunca más vuelvan a conculcar los derechos y a destruir los sueños de los argentinos. Sin esas medidas y esa vocación de poder, los doce años del kirchnerismo serán solo un buen recuerdo y una frustración más.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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