Argentina: Frente de Todos para ganar, organización popular para un “nunca más” a la derecha

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La decisión de Cristina de patear el tablero político con la fórmula Fernández por dos, ha dejado perplejos a los oficialistas y opinadores políticos y abierto una discusión entre quienes veíamos en la jefa del kirchnerismo la candidata natural para enfrentar al macrismo.
Lo cierto es que, como nos tiene acostumbrados, Cristina se ubicó en el centro de la cancha y desde ahí domina el universo político. Las reacciones del antikirchnerismo -que incluye no solo al macrismo- no se hicieron esperar y empezaron a balbucear algún discurso esmerilador recordando los duros cuestionamientos de Alberto Fernández a Cristina, no solo por algunas medidas de gobierno sino también por su forma de conducción política. Y sin entrar a analizar puntualmente cada cosa, hay que decir que tenía algo de razón, cosa que la propia Cristina reconoce autocríticamente en su Sinceramente, cuando refiriéndose a la muerte de Néstor dice: “Después, tal vez a mí me faltó todo lo que me aportaba él y eso no me permitió ver ciertas cosas en la construcción política”
También Alberto Fernández reconoció hace mucho, aunque la criticaba, que ella era la única que había construido un liderazgo y que nada se podía hacer sin ella.
Yo escribía por abril del 2012 en tiempos de su gobierno mi irritación contra el sicristinismo (Los porqués de una irritación) y cuestionaba algunas de sus decisiones y la falta de ellas en algunos temas y luego en el

balance de la derrota del 2015 el peso de los errores cometidos en ese resultado electoral, particularmente el de haber estrechado la base de apoyo de su gobierno, dejando afuera a importantes sectores políticos y sociales. Y, como decía Fidel, que de unidad sabía mucho, “si uno solo de los que debiera estar con nosotros, está del otro lado, ya estamos perdiendo”
En esta decisión de Cristina, hay que valorar su capacidad autocrítica, su comprensión de la coyuntura histórica y la necesidad de construir el más amplio frente contra la debacle neoliberal del macrismo. Si hay que sumar aliados hay que hacer concesiones. Hay que acordar alrededor de un programa mínimo que divida aguas. Y ese es el programa de los derechos de los argentinos.
La situación del país que deja el macrismo es peor que la de 2001, sobre todo por el contexto latinoamericano donde imperan las políticas dictadas por Washington y a las cuales la mayoría de los países están alineados. Ya no existe el Mercosur y la Unasur está jaqueada. Los procesos nacionales y populares han sido brutalmente desplazados. Solo resisten Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba esta tremenda ofensiva imperial. La deuda y las condiciones impuestas por el FMI serán un condicionante para le recuperación económica, la recuperación del mercado interno y el empleo. También para revertir la destrucción operada en otros ámbitos como la educación, la salud, la ciencia y tecnología y la soberanía nacional.
En política generalmente no se hace todo lo que se quiere y no estamos en tiempos de revoluciones. Como decíamos, hoy los movimientos nacionales y populares están a la defensiva y no es la hora de consignas maximalistas. Y para empezar a cambiar estas condiciones primero hay que recuperar el gobierno y luego reconstruir poder popular. Habrá que gobernar con el pueblo en la calle. No hay proyecto político, ni siquiera decisiones políticas puntuales, que se pueda llevar adelante sin tener en cuenta la correlación de fuerzas entre las clases. Una muestra aleccionadora debería ser lo que sucedió con la pretensión de imponer retenciones móviles -la famosa 125- a los productores agropecuarios. Y hoy la correlación de fuerzas en el marco latinoamericano -universo en el que tenemos que considerar todas nuestras decisiones políticas-no favorece a las opciones nacionales y populares. En ese sentido la construcción del Frente de Todos parte de acuerdos mas elementales. Como dijo Máximo Kirchner, hay cuatro puntos que acordar: que todos los argentinos puedan desayunar, almorzar, merendar y cenar todos los días. A ese subsuelo de la condición y fractura social nos ha llevado este plan de saqueo y destrucción del país.
El nuevo contrato social que propone Cristina está lejos de ser la puesta en práctica de la Comunidad Organizada. Es un pacto que puede permitir empezar a ordenar la economía nacional, reactivar el mercado interno, empezar a recuperar el empleo y devolverle vida a un montón de empresas que quebraron, están paralizadas, o disminuyeron su actividad. Y funcionará hasta que las mismas empresas vuelvan a encontrar que sus ganancias en el marco de un gobierno popular no responden a sus expectativas. Los burgueses nacionales son como Supermán, pura ficción. Volverán, al igual que con el pacto social en épocas de Gelbard, a quebrar sus compromisos. No porque sean malos, ni poco patriotas. Es su naturaleza de clase. Pero el pacto habrá de funcionar como ese boxeador que ante la andanada de golpes se amarra al adversario para neutralizarlo y recuperar fuerzas para poder luego contragolpear. Estamos a la defensiva. No hay que olvidarlo. El Frente de Todos con Alberto Fernández a la cabeza, es el mejor frente posible en estas circunstancias.
Un frente que en la búsqueda de ampliarse a sumado a muchos del “peornismo” que le dio sustanciales ayudas al macrismo para llevar con éxito su tarea de destrucción económica, social y cultural del país. Algunos de ellos desembozadamente miembros de la Fundación RAP sostenida por los EEUU y Gran Bretaña y organizaciones que son pantalla de la CIA y a la cual también pertenecen funcionarios del actual gobierno como Gabriela MIchetti, Oscar Aguad, algunos pseudosocialistas y otros (Kontrainfo). Evidentemente, de ganar, que es lo que se busca, habrá que dormir con el cuchillo bajo la almohada y la tarea permanente será la de organización y movilización, pero esta vez estableciendo una conexión genuina y no clientelar con las personas. Soportando la diversidad y la heterogeneidad, el disenso, los debates y las críticas.
Sin una construcción de base genuina y una agresiva política de disputa del sentido común, de la hegemonía en el sentido gramsciano del término, sin una batalla cultural casa por casa – como la que sostiene hoy la revolución Bolivariana de Venezuela- que pueda contrarrestar el poder, que seguirá intacto, de la corporación política-económica-judicial-mediática de la derecha de este país y la agresión internacional, jamás se podrá retomar y menos sostener el camino de transformaciones iniciado en el 2003.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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