Latinoamérica en disputa

Latinoamérica arde y el cambio de década no dejó tiempo para los festejos. Como en la saga de La guerra de las galaxias, el imperio contraataca. Después de los ciclos nacionales y populares durante el cual varios países de la región se fueron del control hegemónico de los EEUU, cuando por el empuje de Chávez y Kirchner se pulverizó al ALCA, la “gran democracia del Norte” como la llaman sus colonizados admiradores, ha puesto en marcha una reedición del Plan Cóndor, aunque no deja de asesinar -y vanagloriarse obscenamente por eso- a sus enemigos de medio oriente.
Sus pretensiones imperiales a las que han puesto freno la disputa comercial y política con China y Rusia, ha llevado a Trump a volver sus ojos sobre Latinoamérica, para recuperar su patio trasero y explotar sus recursos: petroleo, litio, cobre, estaño, agua y más y reconquistar un territorio para el modelo de “libertad” y “democracia” que venden en el mercado y que en realidad son dictaduras del capital para satisfacer los intereses de las corporaciones.
Si no fuera suficiente con los renovados y furibundos ataques económicos, diplomáticos y militares a Venezuela, Cuba y Nicaragua. Si no fuera suficiente con las muchas pruebas que hay de participación de agentes de inteligencia norteamericanos, de las operaciones de sus embajadores, de los apoyos en dinero y armas, del propio accionar de la OEA que no es otra cosa que una oficina de asuntos imperiales, en la desestabilización de los países de

la región con gobiernos nacionales y populares, bastaría hacer un compendio de las declaraciones o amenazas sin eufemismo de sus mentores. El ahora en la picota, Donald Trump y su Secretario de Estado Mike Pompeo han sido explícitos en innumerables ocasiones en poner como objetivos de desestabilización -y actuar en consecuencia- los gobiernos de la región que escapan a su control, a los que califican de dictaduras y ofrecer su apoyo incondicional a las “democracias blancas” que actúan como títeres de sus pretensiones hegemónicas y neoliberales. Chile, Ecuador, Colombia, y el gobierno golpista de Bolivia, que reprimen, asesinan, torturan y desaparecen a quienes se rebelan contra las políticas de hambre y exclusión, son países donde reina la “democracia” y la “libertad”. Piñera no trepidó en decir que estaban “… en guerra contra un enemigo poderoso que no respeta a nada ni a nadie…”-y que sería la “brisa bolivariana” con Maduro a la cabeza o el castro-chavismo que seguramente está asociado a Rusia, China, Irán y otros malos de la película.
Así como se apresuraron a reconocer a la “demócrata” Jeanine Añez en Bolivia, también advirtieron a Alberto Fernández que no debía sacar los pies del plato y pusieron aranceles a las exportaciones argentinas de aluminio y acero para que vaya teniendo (1). Esa descarada injerencia norteamericana en la región, y el crecimiento de la derecha regional, que sumó a Uruguay en su entente, ha envalentonado a la oligarquía y gran burguesía argentina que sin dejarlo sentarse en el sillón de Rivadavia le declararon la guerra. Y sonó el Clarín destituyente. Todos los medios serviles al gran capital comenzaron su acción intrigante desinformando y mintiendo, los prodiputados obstaculizando el accionar del congreso, Carrió vociferando con denunciar todo ante la nada imparcial OEA y la titular del PRO amenazando con tirar toneladas de piedras, mientras su jefe sigue agotando reposeras y todo le interesa un pito, viendo fútbol en Qatar o vacacionando.
No va a ser fácil recuperar el país a partir de la tierra arrasada que deja el macrismo. No va a ser fácil llevar adelante políticas de redistribución del ingreso, democratización de la justicia, de los medios y las fuerzas de seguridad. Hay una guerra declarada y hay que prepararse para ello. La democracia, está visto, hace agua. Hay que replanteársela, hay que sacarla del pulmotor para que vuelva a andar vigorosa y creíble. No alcanza con que se vote cada dos años. Por sí sola no asegura que se coma, se cure o se eduque como aspiraba Alfonsín ni tampoco que permita resolver los conflictos de intereses de clase por la vía del diálogo, de la negociación o el debate de ideas. Empieza a aparecer mas claro que “neoliberalismo democrático”, o “democracia neoliberal” son verdaderos oximorones. Para el neoliberalismo, para las clases dominantes y subalternas, la democracia sirve si enrosca para la derecha, cuando gira para el otro lado, apelan al golpe como en Bolivia o a la desestabilización, como lo hicieron apelando a variados mecanismos, en Brasil, Venezuela, Nicaragua o Argentina durante el kirchnerismo. Ya conocemos esa ingeniería; hemos aprendido dolorosamente como operan y de los errores cometidos y respuestas ingenuas, demoliberales o sectarias conque pretendimos hacerles frente. Si algo hay que aprender del macrismo, es que el poder ser ejerce más allá de las formas. Si se está en guerra – y todo indica que sí y no porque lo hayan propuesto las mayorías populares- hay que preparar ejército, armas y municiones para responder. Modificar las correlaciones de fuerza para no tener que apelar a reclamos de una gobernabilidad claudicante. Los medios hegemónicos y las diversas formas de comunicación, la justicia, el espionajes, la compra de voluntades, la extorsión económica, el chantaje, y la penetración de algunas prósperas iglesias, son las herramientas usadas para derribar gobiernos populares. Los objetivos son difamar, mentir, generar el odio, como forma de ir construyendo un sentido común opositor; a través de la guerra judicial (lawfare) inventar causas y perseguir, detener o desprestigiar dirigentes; producir corridas bancarias, desabastecer, generar aumentos injustificados de precios, producir el caos, etc. Los golpes ya no son los de antaño, aunque la experiencia boliviana muestra que por un puñado de dólares se puede lograr que un general “sugiera” al presidente que debe presentar la renuncia. Hay que prepararse para todo eso porque estamos rodeados: el mapa de la derecha latinoamericana y pro imperialista se ha ampliado.
Habrá que producir reformas en la justicia, en las fuerzas de seguridad, neutralizar la postverdad que construyen todos los días los medios hegemónicos, accionar sobre algunos cultos evangélicos que mueven fortunas incalculables y hacen millonarios a sus pastores y que de tener algunas horas en televisión han pasado a poseer canales completos. Habrá que ser implacable con la corrupción propia y ajena y penar severamente la especulación financiera y económica. Si hacen falta divisas al país, es traición a la patria sacarlas afuera o guardarlas bajo el colchón. A casi todo eso ha empezado a darle respuesta con decisión y buena cintura Alberto Fernández.
Pero nada de eso alcanzará si no se tiene un pueblo movilizado y organizado, aunque sea para reclamarle al gobierno. Defendiendo sus gobiernos populares, como en Cuba, Venezuela o Nicaragua; enfrentando gobiernos neoliberales, hambreadores y represivos, como en Chile, Ecuador, Colombia, Haiti, Honduras o resistiendo la dictadura como en Bolivia, las masas populares en la calle son y serán los protagonistas principales a la hora de defender derechos y exigir cambios en dirección a una sociedad más justa y democrática. En ese sentido el pueblo mendocino ha dado un formidable ejemplo en su lucha contra la megaminería. Lo peor que puede hacer el gobierno de los Fernández es desmovilizar a la sociedad ejerciendo un paternalismo burocrático. Por el contrario, potenciar el empoderamiento de los diversos sectores que reclaman por sus derechos- particularmente el dinámico movimiento feminista- los ambientalistas, las organizaciones sociales, de derechos humanos, los pueblos originarios, los trabajadores de la economía popular, los reclamos contra el gatillo fácil, y obviamente los trabajadores organizados. No solamente tolerar la movilización social, sino fomentarla – “hagan lío” dijo Francisco -aceptar las interpelaciones que abren debates, afrontarlos, administrar el conflicto y dar cauce a las expresiones mas dinámicas y transformadoras de la sociedad. Sumar, siempre sumar, construir un movimiento donde el pluralismo, la heterogeneidad, los diferentes, podamos convivir en ese camino hacia una nueva sociedad más justa donde el neoliberalismo no tenga más cabida.
Los pueblos de América – y del mundo- que luchan contra el neoliberalismo y por una sociedad solidaria y justa, empiezan a ver a Argentina como el gran faro. No debemos defraudarlos. No debemos perder esta oportunidad.

1) Esa amenaza finalmente no se concretó pero sirvió de advertencia. En tanto el país haga “buena letra” en sus relaciones internacionales seguramente no recibirá sanciones

Alberto Hernández

Para La Idea de Cruz del Eje de fin de 2019

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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4 respuestas a Latinoamérica en disputa

  1. CARLOS ALBERTO ETCHART dijo:

    Una gran alegria al conectarme hoy y encontrar CAMPANEANDO. Fuerza Alberto!!!

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  2. miguel dijo:

    Me gusta el artículo, se podría observar que falto hacer mención a la lucha de genero, pero seria imposible hacer el listado de la diversidad de luchas de los sectores oprimido. Quizas en mi criterio lo que esta faltando es integrar todas ellas, para no terminar siendo funcional al divide y reinaras construyendo puentes y rompiendo los muros en el pensamiento que nos impusieron.

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  3. Dario Gomez Pucheta dijo:

    Muy bueno!!!

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  4. zaida dijo:

    muy bueno

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