¿Colombia arde? y si no, que arda!

paro colombia

Desde el 21 de noviembre del año pasado el pueblo colombiano está en estado de rebelión contra las políticas neoliberales del “subpresidente” Duque (llamado así popularmente por ser un títere del uribismo), que al igual que su par chileno no escatima en reprimir salvajemente las manifestaciones sumando detenidos, torturados y muertos por el ESMAD su principal fuerza de choque contra los manifestantes. Y como es de práctica, le echan la culpa a los infilitrados de las Farc o cualquier otro grupo irregular por los desmanes pero lo cierto es que se han visto filmados policías de civil colados entre los reclamantes. Por otra parte si la violencia ejercida, más allá de las recomendaciones de los integrantes del Comité de Paro, fuera espontánea, no sería otra cosa que la reacción a la brutal violencia de un Estado al servicio de los poderosos y que deja afuera de toda vida digna a una inmenso porcentaje de colombianos. Es la realidad del neoliberalismo que impera hoy en la mayoría de los países de latinoamérica gobernado por estas derechas lacayas del imperialismo yanqui.
En estos días el propio organismo de estadística del gobierno (DANE) dio a conocer cifras contundentes sobre la situación social y laboral: Más de 10 % de desocupación; de los ocupados, casi un 40 % se desempeña en trabajos informales, y de los asalariados pocos son los que ganan algo más que un salario mínimo y tienen estabilidad. De 100 jóvenes solo 52 entrarán en la

educación superior y solo 16 se graduarán; de 100 adultos mayores solo 23 se pensionarán, 180.000 colombianos morirán en el año por mala atención. Para tener un futuro profesional hay que tener billete o endeudarse de por vida, y para tener salud de primera hay que ser rico. El mapa de la pobreza distribuido por alcaldías refleja que solo en las de alto poder adquisitivo el índice no supera el 5%, las demás que son la mayoría y en las ciudades grandes, llega hasta el 30 % y hay departamentos (provincias) enteros donde alcanza el 70% y 90 %. Colombia es el país más desigual de la región o por lo menos está entre los primeros. Ni hablar de las tenebrosas cifras de la violencia estatal o paraestatal que a todas luces es apañada por el Estado o prohijada por él. Desde el inicio del proceso de paz, casi una centena y media de ex guerrilleros desmovilizados han sido asesinados. Cada dos días asesinan un dirigente social, que defienden el territorio, el medio ambiente o reclaman vida digna para sus comunidades. En la campaña electoral del año pasado una decenas de candidatos (de varios partidos) fueron asesinados por denunciar hechos de corrupción o molestar a algunos intereses corporativos, políticos o delincuenciales.
La violencia que ejerce el estado colombiano contra su pueblo viene de antaño. A partir de la constitución de la Justicia Especial de la Paz surgida de los acuerdos de La Habana con las FARC, no solo se ha puesto sobre el tapete el accionar del grupo guerrillero, sino en el camino de la búsqueda de la verdad, han ido emergiendo a la superficie las iniquidades y el pestilente aroma de las atrocidades cometidas por el ejército colombiano: los falsos positivos (asesinatos cometidos contra personas a las que hicieron pasar por guerrilleros), fosas comunes donde hasta ahora se encontraron medio centenar de NN, pero que según cálculos del Instituto de Medicina Legal serían unos doscientos mil. Cifra que espanta y que pone negro sobre blanco la dimensión del drama colombiano.
Desde hace años Colombia es cabecera de playa de los EEUU en la región, a quien obedece este gobierno hasta caer en el ridículo, como por ejemplo solicitar al payaso y empleado del Departamento de Estado yanqui, Juan Guaidó la extradición de la congresista Aída Merlano, refugiada en Venezuela. Maduro no para hasta hoy de reírse. Lo cierto es que la presencia yanqui en el país con ocho bases militares y el accionar de la DEA so pretexto de la lucha contra el narcotráfico, solo es una pústula del nuevo sometimiento colonial ya que los resultados en ese sentido son pobrísimos. Colombia sigue siendo uno de los principales exportadores de droga y su principal destino, sin pagar impuestos, es EEUU, donde, al decir de Brad Pitt, “la tan mentada lucha contra el narcotráfico es una farsa”. No se conoce que en aquél país hayan detenido a ningun importante distribuidor nunca. Por otra parte son innumerables los casos de corrupción y mentados y conocidos casos de vinculaciones de de políticos y empresarios con narcotráfico. Como si fuera una especie de reconocimiento de este maridaje, el Comandante del Ejército Nacional de Colombia, General Eduardo Zapateiro en una alocución oficial, envió sus condolencias a la familia de Popeye, el principal sicario de Pablo Escobar, asesino de miles de colombianos y muerto hace unos días: “ha muerto un colombiano” dijo sin ponerse colorado, como si ante cada asesinato de líderes sociales o manifestantes pusiera la cara para expresar el mismo sentimiento. Vergonzozo.
Este hermoso país, de naturaleza exhuberante, con riquezas incalculables, con un pueblo alegre y laborioso, merece otro destino junto a los demás países de Latinoamérica, concretando el sueño de la Patria Grande de Bolívar, San Martín y Artigas. Pero el descaro con que se gobierna para un puñado de familias ricachonas, la expoliación a que se somete al pueblo ha empezado a tener respuesta en las calles, en los paros, en las movilizaciones, donde convergen estudiantes, trabajadores, indígenas, gente común. Al igual que el pueblo Chileno, se rebelan contra años de políticas neoliberales que favorecen a los ricos y a los intereses geopolíticos del imperio. La diferencia con el país trasandino es que acá al calor de la movilización popular se van referenciando algunos dirigentes políticos como Gustavo Petro y otros, que permiten avizorar con esperanza la posibilidad de conformar un amplio frente contra el Uribismo (al igual que el que le permitió a Alberto Fernández llegar a la presidencia en Argentina) para desterrarlo en las próximas elecciones de la historia futura de Colombia. Mientras tanto y como falta mucho, habrá que seguir en la calle enfrentando las políticas de ajuste y de muerte del cada vez más desprestigiado gobierno del subpresidente Duque.
Si no está ardiendo Colombia, será menester que arda hasta que queme y ponga en tensión a las grandes mayorías para no bajar los brazos en la lucha por una vida digna de ser vivida para todos.
Alberto Hernández
Para La Idea de Cruz del Eje, Córdoba, Argentina (febrero 2020)

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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