#Bancar a Alberto


arca de noeLos dos gobiernos progresistas de la región recientemente asumidos y que pusieron fin a gobiernos neoliberales, en Argentina y México, caminan por la cuerda floja intentando hacer un difícil equilibrio. Ambos anunciaron el fin de ese ciclo y se propusieron terminar con el capitalismo salvaje en sus países abogando por un nuevo orden internacional más justo y solidario. Claro que una cosa es enunciarlo y otra ponerlo en práctica.
Los gobiernos de López Obrador y de Alberto Fernández están recibiendo embates feroces de los poderes establecidos y de

sus expresiones políticas y no están exentos de las críticas de su propia tropa que reclama mayor celeridad en tomar medidas prometidas y otras que cada sector considera adecuadas para obtener los resultados que se esperan de un gobierno nacional y popular.

En ambos casos a los condicionantes del desastre económico y social heredado se le sumó la pandemia que ha profundizado la crisis de la economía global con las secuelas sociales que se pueden contabilizar en millones de seres humanos caídos en la pobreza y la desocupación y en una destrucción de los aparatos productivos que no tienen parangón desde la crisis de los años treinta. La situación de la región conspira también contra esos objetivos propuestos, ya que a la agresividad de los embates norteamericanos contra Cuba y Venezuela, se le agregan la cohorte de gobiernos sumisos a la geopolítica yanki en casi toda Latinoamérica.

Si además sumamos a ese desfavorable cóctel, la desmovilización de los sectores sociales que hasta antes de la peste pugnaban con vigor por mas derechos y por un nuevo orden social, tenemos completo el listado de dificultades con que estos gobiernos se topan para dar respuestas a sus bases sociales y votantes.
Tanto en el caso Mexicano como en el Argentino, ambos gobiernos han asumido con un discurso condenatorio del neoliberalismo o capitalismo salvaje, que vendría a ser una especie de malformación del “capitalismo serio” como gustaba decir a Cristina o del “capitalismo progresista” definición acuñada por Josep Stiglitz, cuyo pollo Martín Guzmán está al frente de la política económica argentina. Tanto para los que abogamos por un capitalismo donde el estado, en un sentido lato, tenga el control de la acumulación del capital, como tránsito hacia alguna forma de socialismo, tal como desde hace varias décadas lo ha venido sosteniendo el egipcio Samir Amin (1) como salida para los países de la periferia capitalista, como para los que creen que se puede enderezar este capitalismo cuasimodo, el objetivo común debe ser desterrar de la faz de la tierra al neoliberalismo si es que se quiere superar esta crisis civilizatoria. Fidel decía: “El neoliberalismo no es una teoria del desarrollo, es la doctrina del saqueo total de nuestros pueblos” y adquiere forma de organización mafiosa donde entrelazan intereses comunes los grupos económicos, el poder mediático, la justicia y sus expresiones políticas, que bailan al ritmo que se toca en la Casa Blanca. Si tenemos claro que hay que sacudirse esa lacra de encima de los hombros de la humanidad, ahora tenemos que ver cómo. Y, cómo Lenin, intentaremos descular el qué hacer.
Lo primero que habría que considerar es la correlación de fuerzas. Decíamos en una nota anterior (2) que aunque el capitalismo sufre una crisis descomunal, si no aparecía en el horizonte el sujeto histórico ni la fuerza política capaz de aprovechar estas condiciones objetivas que se presentan como una oportunidad histórica para instaurar un nuevo orden social, el capitalismo, como lo ha hecho a lo largo de su historia, se reconvierte para peor: con mayor concentración del capital, mayor pobreza, desigualdad y destrucción del medio ambiente. Hasta ahora esa fuerza social y esa fuerza política no aparecen. Hay algunos indicios alentadores, pero no configuran una base definitiva para dar la batalla que tenemos planteada. Por lo tanto todavía no hemos salido de una fase de defensiva. Ergo hay que construir esa correlación de fuerzas favorable y mientras tanto neutralizar en la medida de lo posible a los defensores del status quo. ¿Cómo hacerlo? Está claro que no hay recetas, pero como primera medida habría que tener claro cual es el enemigo. Si, al enemigo y hay que recalcarlo porque hay algunos que proponen desterrar de la política la dicotomía amigo-enemigo. No se puede caer en la ingenuidad de creer que las expresiones del capital financiero, las corporaciones, los especuladores y lavadores y fugadores de dineros escamoteados a la producción y al trabajo, van a consensuar alegre y cristianamente proyecto político alguno que nos instale en la ruta de un nuevo orden social. Gonzalo Tanoira presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) y uno de los interlocutores más condescendientes de los que estuvieron con el presidente en algunas reuniones con los grupos económicos, sostuvo a Clarín que está de acuerdo en una reconversión del sistema hacia un capitalismo de producción como el que impulsaba Enrique Shaw- próximo a ser santificado por el Papa (3)- “pero tenemos que entender que ese capitalismo se basaba en el respeto a la propiedad privada, en la libertad personal para emprender cualquier tipo de actividad licita y en la libre competencia del mercado”, y ya sabemos lo que significa para los capitalistas y sobre todo para los más importantes grupos empresarios argentino que se han forjado a expensas del Estado, libertad, propiedad y libre mercado. El enemigo del proyecto nacional y popular existe y no porque lo queramos nosotros sino que ellos se ponen en ese lugar y más allá de la vocación de diálogo y de consenso hay que tenerlo bien claro si no queremos volver a padecerlos. Recordar siempre a Pugliese, efímero Ministro de Economía de Alfonsín, que les habló “con el corazón” y -como no podía ser de otra manera – le contestaron con el bolsillo. Si sobre esto hay alguna duda, basta con registrar las manifestaciones de odio, violencia, chantaje, descalificación y golpismo que se ciernen sobre el gobierno argentino. El proyecto nacional y popular tiene enemigos que están del otro lado de la grieta y nunca van a estar de este lado. En lo que no hay que equivocarse es en poner del otro lado a los que debieran estar con nosotros. Los necesitamos a todos los que poco o mucho tengan contradicciones con quienes consideran la especulación financiera, la concentración de la riqueza y la existencias de ricos, pobres y excluidos como manifestación del orden natural de las cosas.
Dicho esto resulta útil incorporar o reincorporar la noción de bloque de poder, tanto en el orden internacional como al interior de las fronteras nacionales. Y en este sentido juega a favor el deterioro de la hegemonía de los EEUU y la multipolaridad del mundo de hoy con actores poderosos como China, Rusia e Irán que constituyen la primera barrera a las pretensiones norteamericanas de seguir siendo la policía global como guardia pretoriana de un sistema que hoy aparece cuestionado también dentro de sus propias fronteras. La U.E. tampoco se presta dócilmente a las operaciones yankis y tiene sus propios fuegos encendidos. En este terreno hay tres acciones que habría que llevar adelante: una política de cooperación e integración con los países que disputan el control global a los EEUU y sus principales socios: Inglaterra e Israel. Avanzar en la desdolarización de las transacciones internacionales, fomentando el comercio bilateral en monedas locales o monedas digitales y dar forma a un espacio internacional como el que plantea Amín (La quinta internacional) y que bien puede ser el que recientemente han promovido como Internacional Progresista, intelectuales de la talla de Katrín Jakobsdóttir, Fernando Haddad, Aruna Roy, Noam Chomsky, Vanessa Nakate, Vijay Prashad, Carola Rackete, Yanis Varoufakis, Elizabeth Gómez Alcorta, Pierre Sané, Naomi Klein, Varshini Prakash y muchos otros, con la pretensión de reunir a gobiernos, personalidades, movimientos sociales, sindicatos y partidos políticos, que se constituya no solo en un laboratorios de ideas, debates y denuncias , no solo en una referencia discursiva que dispute el sentido común, sino que sea capaz de acordar cursos de acción a nivel global y en cada país en particular, como una instancia de coordinación mundial en la lucha contra el neoliberalismo y un nuevo orden social, más justo.

Argentina

Accedimos al gobierno poniendo fin a un corto pero devastador ciclo de un gobierno neoliberal, conformando un amplio arco de alianzas (que no incluyó a la totalidad del peronismo donde algunos decididamente jugaron en contra) que ganó sin alcanzar el 50% de los votos. El Frente de todos, incluyó desde Pino Solana y Claudio Lozano por izquierda hasta Sergio Massa amigo de la embajada y alineado con el fantoche de Guaidó respecto de la situación de Venezuela, que dicho sea de paso contradice la firme posición de Alberto Fernández en el reconocimiento del gobierno de Maduro. Este frente se constituyó fundamentalmente sobre la base de un acuerdo antimacrista y con la lúcida visión de Cristina sabedora de que al kirchnerismo no le alcanzaba y había que sumar a los sectores medios refractarios a su figura. Con algunas definiciones sobre la defensa de los más postergados, combatir la pobreza, recuperar y ampliar derechos, recuperar el mercado interno y la capacidad de consumo, redistribuir la riqueza, con una intervención del estado en la economía que ponga límites a la dinámica especulativa del mercados y cambiar la justicia, entre otras, reunió sectores con diferentes concepciones y propuestas y en algunos casos contradictorias.
Como hemos dicho, todavía no hemos salido de una situación de defensiva y si bien la crisis del capitalismo potenciada por la pandemia nos pone en una coyuntura aprovechable para instalar la idea de la necesidad de un nuevo orden social – y de hecho que, salvo los defensores recalcitrantes del presente régimen mafioso, es un clamor global- todavía no aparece con claridad con qué fuerza vamos a pasar a la ofensiva. Alberto Fernández dio un mal paso al plantear la expropiación de Vicentín, sin tener en cuenta que la justicia juega en contra, que no hay suficientes votos en diputados para aprobar la ley y que el algo que parecía casi de sentido común por el proceder delictivo del grupo y su impacto social y económico para el país, fuera resistido tan furibundamente por el establecimiento y una importante porción de la sociedad colonizada por las clases dominantes. Tuvimos suerte de que no llegó a ser otra “125” cuya experiencia debía habernos aleccionado. La primera lección es que no podemos embarcarnos en batallas que vamos a perder.
También hemos dicho, al igual que otros que han sumado voces en ese sentido, que ahora es cuando y que mañana será tarde. La situación de excepcionalidad que nos da la pandemia nos da también la oportunidad de tomar medidas excepcionales, que vayan al hueso, que pueden ser aceptadas por aquellos sectores vacilantes de la sociedad que en otras circunstancias no lo harían. De hecho que se han ido tomando algunas en ese sentido y que el manejo de la pandemia por parte del gobierno, el carácter dialoguista del Capitán Beto, tirar puentes con sectores del pro, con empresarios hostiles a la intervención del estado en la economía y defensores a ultranza del “libre mercado”, aceptar los disensos y reconocer errores, le ha permitido ampliar la aceptación con la que llegó al gobierno. Se pueden y se debería en ese contexto tomar medidas mas audaces y de hecho en los últimos anuncios se avizora que se van a tomar algunas, pero debe quedar claro que no se pueden dar pasos en falso para tener que recular luego, como tampoco perder el apoyo de ese 20% de sectores medios que se comportan pendularmente y que son propensos a caer en la prédica disociadora de la oposición en la tarea de horadar al gobierno. Una de las tareas que tenemos por delante es generar las condiciones para ganar más holgadamente las elecciones legislativas del año que viene, a los efectos de mejorar la correlación de fuerzas en las cámaras y poder darle curso a los proyectos legislativos necesarios sin tanto conflicto. En ese sentido es bueno que @alferdez siga dialogando, tirando puentes y haciendo gestos conciliadores, negociando aun con los que se sabe no van a respetar ningún acuerdo porque es parte de su naturaleza. El asunto es saber lo que se quiere y a quien se representa, como él mismo lo enfatiza. Pero a la hora de conservar ese apoyo no alcanza con los buenos modales, hay que tomar medidas que den respuestas a los sectores mayoritarios de la sociedad que sufren los efectos de la desigualdad estructural de este capitalismo neoliberal, de la destrucción social de cuatro años de macrismo y de la acción devastadora de la pandemia. Hay que darles respuestas con políticas públicas que no siempre van a poder ser consensuadas y que seguramente muchas de ellas van a ser resistidas por el poder económico y sus cortesanos prestos a sembrar odio y cacerolear. Esas medidas requieren la celeridad de las urgencias sociales y son fundamentales para empezar a construir un bloque de poder económico y social que respalde las transformaciones necesarias para alejar para siempre la peste neoliberal. Para eso hace falta plata y con una deuda descomunal, con una fenomenal caída del PBI, ¿de dónde van a salir los recursos?. La respuesta es obvia: de los que la tienen; afuera o en el país. El impuesto a las grandes fortunas es ya. Pero no alcanza; hay que sancionar una reforma impositiva que descargue el peso de los gravámenes sobre los que más tienen y alivie a los más postergados terminando con el impuesto al consumo. No es de esperar que las clases dominantes de este país acepten esto con una sonrisa.
Entonces tenemos hasta aquí los siguientes ingredientes: Un bloque a nivel global que ponga freno a las pretensiones de control mundial de los EEUU y sus socios y abogue por una cambio de paradigma económico; sostener el frente de todos con todas las contradicciones y diferencias existentes y sobre todo bancar a Alberto Fernández aunque cometa errores o se pase de dialoguista (lo que no quiere decir que no se le haga saber); y a tono con esto, generar políticas públicas que den respuesta a la pobreza, la caída salarial, el desempleo, la inflación y la reactivación productiva. En ese sentido el gobierno va a tener que tomar medidas en el plano impositivo -como ya mencionamos-, en el control del crédito y sobre el mercado del dólar, la intervención (¿estatización?) de algunas empresas de servicios, establecer una renta universal básica y suficiente, y otras que no van a ser muy simpáticas a los círculos del poder, pero que en aras de sostener la fidelidad hacia el gobierno nacional de la mayoría de la población se van a tener que tomar aunque la maquinaria del odio y el golpismo brame y cacerolee en contra del advenimiento del comunismo.
¿Que falta? Lo fundamental: la organización de masas. Y aquí no puede exigírsele todo a @alferdez. Nuestro pueblo tiene larga experiencia en organizarse para sobrevivir, para conquistar derechos, para resistir, y de hecho, aunque la pandemia haya generado desmovilización y que la CGT negocie de rodillas con el frente patronal, se siguen expresando hoy de múltiples formas aunque no sean tan contundentes: paros, movilizaciones, acciones solidarias, reclamos por las redes, ollas populares, etc. Son las organizaciones libres del pueblo (4) que hay que reunir en un objetivo común. Las centrales sindicales sentadas a la mesa con los empresarios en un Concejo Económico Social, es una pobre pintura de la realidad social con la multiplicidad de facetas que tiene la lucha popular por derechos y reivindicaciones. Además de los sindicatos, hay que contabilizar al potente movimiento feminista y LGTBI, los pequeños y medianos, productores del campo, las Pyme, el movimiento cooperativo, los trabajadores de la economía popular, los colegios profesionales, los ambientalistas, los inquilinos, los pueblos originarios, los centros de estudiantes, los centros de jubilados, los clubes de barrio, los centros culturales. Todos son puntos y expresiones de organización popular. Sería pertinente ir trabajando la idea-como se pueda y apelando al ingenio y experiencia popular- de una articulación de dichas formas organizativas (5), donde cada uno lleve la mochila de sus derechos y reivindicaciones y su mirada sobre como caminar hacia un nuevo orden social y formas de organización.
El Frente de Todos es el arca de Noé. Nos salvó del diluvio pro y promete llevarnos a costas mas seguras y reconfortantes. Adentro hay toda clase de bichos y unos quieren ir para un lado y otros para otro, unos más rápido y otros que piden paciencia. Noé Fernández trata de contenerlos a todos aunque desde algunos lugares del arca lo critican. Está bien la discusión, la crítica y hasta los enojos, lo que no se puede hacer es sembrar sospechas, tirar remeros por la borda porque los necesitamos a todos, enfrentar tormentas de las que no vamos a zafar y mucho menos, y sobre todo, hundir el arca.

Alberto Hernández

(1 y 2) De la postpandemia al postcapitalismo

(3) Desde hace unos años se presentó su caso para la santificación y durante el año pasado se presentaron en Roma “los documentos de instrucción diocesana del presunto milagro del Siervo de Dios Enrique Shaw” Historia de la causa

 
(4) Es una categoría nodal del peronismo que puede consultarse aquí
 

 (5) Después de un intercambio de opiniones con compañeros que están en el territorio y aprovechando este ida y vuelta que te permite Internet, he decidido cambiar la formulación original ” convocatoria o autoconvocatoria a un congreso de organizaciones libres del pueblo” por parecérseme que está, al menos hoy, fuera de toda realidad. Dejo esta constancia para no traicionar a los lectores que ya lo leyeron y que hayan formado una opinión sobre esa propuesta. De todas maneras estoy convencido de que a la hora de construir poder popular es necesario volver a esa concepción del peronismo que a  mi juicio  ha visto debilitada su identidad movimientista y se ha transformado en un partido demoliberal incapaz de encarar transformaciones revolucionarias. Ya no existen más la representación por ramas y las unidades básicas pasaron de ser centros de organización popular a meros comité electorales que desaparecen una vez finalizados los comicios.

En ese sentido, sin ser santo de mi devoción y sin compartir todo su análisis titulado Como salir de la pandemia de modo sostenible publicado por la Agencia Paco Urondo, debo coincidir con Mario Firmenich cuando afirma que “hoy (…) el movimiento popular incluye a millones de compatriotas excluidos del sistema, desocupados crónicos en un país desindustrializado, cuyas organizaciones sociales de carácter gremial carecen de pertenencia política a un Movimiento Nacional como era el peronismo y cuyos referentes militantes son de una muy variada pertenencia político-organizativa.

Por otra parte, la organización de los militantes políticos del peronismo tiene una lógica básicamente electoralista que, además, suelen operar fuera del Partido Justicialista.”

“La clase trabajadora sindicalmente organizada en la CGT se ha reducido cuantitativa y cualitativamente, se ha dividido en varias centrales sindicales, sus obras sociales están en crisis y las 62 Organizaciones no tiene ninguna presencia política.”

“En suma, el movimiento popular hoy en día no es sinónimo del movimiento de las masas peronistas políticamente organizadas. No existe un movimiento popular políticamente organizado capaz de ser un motor político generador de propuestas estratégicas e impulsor de las transformaciones estructurales necesarias”

“Esto plantea la necesidad y la obligación moral y política de construir una unidad programática transversal del movimiento popular entre dirigentes de diversos sectores, abarcando los espacios sociales y políticos…”

Nota: con un enfoque similar el periodista Dardo Castro publicó una excelente nota en el Diario Tiempo Argentino titulada ¿Hay tregua para Alberto Fernández si gobierna sin el círculo rojo?

En su posteo en Facebook le hace una introducción que la sintetiza muy bien:
CORRELACIÖN DE FUERZAS Y FRENTE DE MASAS “No hay que pincharle los huevos al tigre antes de que se los puedas cortar”, decía con picardía caribeña el comandante Tomás Borges, quizás el mayor estratega militar del sandinismo. De eso se trata, de leer correctamente la correlación de fuerzas y de contar con la acumulación de fuerzas propias, políticas y sociales, que sean capaces de equilibrar la enorme asimetría de poder entre los dueños de los medios de producción y los que verdaderamente producen, aman y sueñan.

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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2 respuestas a #Bancar a Alberto

  1. Diego Nadra dijo:

    Vamos Alberto. Te bancamos. Sos millones.

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  2. Aníbal dijo:

    Muy bueno amigo compañero., Me parece muy claro, siempre te he leído con atención, la misma que le prestaba al Pelado Santa. Creo que hubiera estado de acuerdo.
    Abrazo

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