Colombia: el neoliberalismo asesina a plomo o por hambre

Está nota se publicó cuando las movilizaciones llevaban once dias, hoy ya han superado el mes y este pueblo no afloja a pesar de la represión que ya es  terrorismo de estado. Ya son muchos más los muertos, heridos desaparecidos y torturados. Se han viralizado videos de ese accionar represivo y de civiles armados disparando a los manifestantes. Las negociaciones no avanzan y la respuesta del gobierno ha sido militarizar numerosos municipios poniendo a los alcaldes, elegidos democráticamente bajo el mando de las fuerzas armadas, en un auténtico golpe de estado. Las causas estructurales del conflicto

son las mismas por eso este artículo sigue teniendo vigencia.
AH

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Inicio este artículo con los ojos empapados de lágrimas. La bronca y la impotencia se imponen a la razón y la intención de hacer un análisis sereno de la situación que vive el pueblo colombiano. Y aunque hierve la sangre ante tanta represión hacemos el esfuerzo.

Colombia es un polvorín. Pero no de ahora. De siempre y mucho más desde que el Consenso de Washington empezó a implementar en el continente su plan de saqueo de nuestros pueblos. El capitalismo colombiano se hizo cada vez más salvaje y más desigual. La violencia y la muerte con que el Estado pretendió y pretende imponer el control social fue respondida también violentamente por las guerrillas de distintos signo y las reacciones de las masas agobiadas por la miseria y la injusticia. La violencia y la muerte, parte de la cotidianeidad colombiana, se expone en cifras que espantan.

Cuando asumió Duque proclamando que venía a unir a todos los colombianos, decíamos “¿Se puede pensar en la unidad de todos los colombianos con el nivel de injusticia social que hay en la sociedad? En Colombia, al impulso de la economía de libre mercado, de los TLC, de la economía extractivista y extranjerizada que se ha llevado a cabo en los últimos veinticinco años – e independientemente de los números que reflejen los resultados macroeconómicos- se han profundizado las desigualdades sociales. Según el último informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) que relevó a más de catorce millones de hogares colombianos, el decil más alto se lleva el 39,4 % de los ingresos nacionales mientras que los dos más bajos – es decir el 20 % de la población- participan en conjunto solo del 3,8 % del ingreso. ¿cómo se pueden armonizar los intereses de quienes lo tienen todo con la inmensa mayoría que no tiene nada o tiene poco?” (Colombia: Iván Duque ingenuo o falaz? Primera Nota). Colombia es el país más desigual de la región después de Haití y séptimo en el mundo. Y ahora esas cifras se han incrementado porque durante esta pandemia, los sectores más concentrados del capital han hecho su agosto.

Sigo repasando las cifras de la injusticia mientras ojeo los portales y escucho las noticias y me estremezco por la represión del régimen y por la heroicidad del pueblo colombiano. Ya entramos en el onceavo día de paro, de movilizaciones y bloqueos. Se empieza a sentir el desabastecimiento. Ya voltearon la reforma tributaria y al Ministro de Economía Alberto Carrasquilla, pero van por más, ahora contra la reforma en salud. Cada sector sumó sus reclamos. Los camioneros por los peajes y los impuestos sobre los combustibles, los estudiantes y docentes por la educación publica y los salarios como en general todos los trabajadores que reclaman estabilidad en los empleos y posibilidades de jubilarse; la defensa de la producción nacional y por la renta básica para todos los colombianos. Los indígenas vienen con reclamos de 500 años atrás y están volteando estatuas de los conquistadores para resignificar la historia de este pueblo. Los asesinatos de líderes sociales y la violencia policial está también en el pliego de la gente, la defensa del proceso de paz, la corrupción y hasta las calzadas rotas. El hartazgo del pueblo es generalizado contra el gobierno de Duque al que le están pidiendo la cabeza. Duque chau, chau, chau canta la gente.

Intento seguir concentrado en las cifras que explican esta rebelión, que no es la primera, ni tampoco será la última si no se producen cambios de fondo.

La corrupción es parte de los reclamos. Duque cuando asumió prometió combatirla. Pero más allá de la parte que se llevan los políticos a sus bolsillos que como decíamos en otra nota “Segun algunas estimaciones de algunas fuentes (Contraloduría General, Procuraduría, Sociedad Colombiana de Economistas) la corrupción le cuesta al país gg t entre 30 y 50 billones de pesos anuales, esto es entre 9.700 y 16.000 millones de dólares. Montos que servirían para, por ejemplo, atender los servicios de la deuda externa de la nación. Y según la procuraduría, estas cifras solo incluyen las pérdidas netas por contratos interrumpidos – los famosos “elefantes blancos”- y sirven para sustentar el desprestigio de políticos y funcionarios, en definitiva de la política, entre los ciudadanos, que en un 60% (encuesta anual del Barómetro de las Américas) creen que la corrupción está generalizada entre ellos. Pero los que quedan afuera de la estigmatización ciudadanas -como si eso fuera parte de la essentia empresaria-son los otros partícipes necesarios del hecho, los empresarios contratistas que ofrecen coimas de entre el 10 y el 25% de los valores de los contratos, según lo informa la propia procuraduría (…) pero esa, es una parte de los recursos que el sistema le escamotea al desarrollo y la buena vida de los colombianos. Y de las sospechas de ese escamoteo quedan afuera de la consideración ciudadana los empresarios, los dueños del capital, los banqueros que tienen mejor prensa que los políticos. En ese sentido hay que poner en evidencia otras cifras: Según informa el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de Colombia el déficit de la balanza comercial solamente en el período enero-julio del 2018 fue de 3403,8 millones de dólares y el de la balanza de pagos -de acuerdo a lo que informa el Banco de la República- de 5.991 millones de dólares para el mismo período que, anualizados y sumados a la evasión impositiva que según la revista especializada Portafolio estaría en el orden de los 40 billones de pesos al año, prácticamente estaríamos duplicando los valores imputados a la señalada corrupción oficial. Ni hablar si se contabilizaran los montos en negro que se fugan a paraísos fiscales, donde tienen empresas offshore numerosos empresarios colombianos. (Colombia: Iván Duque ingenuo o falaz? Segunda Nota) (según lo que surgió de los Panamá Papers habría unos 100.000 millones de dólares de colombianos en paraísos fiscales)

El déficit comercial indica claramente que es más lo que se importa que lo que se exporta. Es producción y trabajo extranjero que se quita a los productores colombianos, es menos empleo, son recursos que se van y que no pueden ser invertidos en el país. Lo mismo indica el déficit en la balanza de pagos -que incluye al anterior- que da cuenta de la remesas de utilidades de las empresas extranjeras, de pagos de deuda contraída que no siempre ha ido a parar a inversiones productivas. Es consecuencia de los TLC, de la apertura de la economía, de su extranjerización y concentración, de la ausencia de protección a la producción y el empleo local. De las políticas neoliberales en definitiva.” (Ibid.)

De nuevo las noticias me sacan de la cifras reveladoras de la desigualdad y la injusticia. Tres kilómetros de camiones que transporta a la minga indígena entran en Cali con sus reclamos centenarios y su orgullo. El pueblo caleño los saluda como si fuera un ejército de liberación. Pero también desembarcaron en la base Marco Fidel Suárez de la ciudad que se ha convertido en vanguardia de la lucha y que ha puesto la mayor cantidad de muertos y heridos, varios aviones Hércules con policías y militares como “para invadir el país entero” según denuncian y muestran las fotos. Pero no les temen y están dispuestos a todo los pobladores del humilde barrio Puerto Rellena, rebautizado en las huelgas de 2019 como Puerto Resistencia, centro de la insurgencia caleña. Imposible no pensar en el barrio Alberdi, uno de los focos de la resistencia en el Cordobazo de 1969 en Argentina, contra la dictadura.

Pero sigamos con las cifras. Cómo no reaccionar ante esto que decíamos en 2019 y que durante estos más de cuatrocientos días de la peste se han modificado para peor: “En estos días el propio organismo de estadística del gobierno (DANE) dio a conocer cifras contundentes sobre la situación social y laboral: Más de 10 % de desocupación (14, 2% en 2020); de los ocupados, casi un 40 % se desempeña en trabajos informales, y de los asalariados pocos son los que ganan algo más que un salario mínimo y tienen estabilidad. De 100 jóvenes solo 52 entrarán en la educación superior y solo 16 se graduarán; de 100 adultos mayores solo 23 se pensionarán, 180.000 colombianos morirán en el año por mala atención. Para tener un futuro profesional hay que tener billete o endeudarse de por vida, y para tener salud de primera hay que ser rico. El mapa de la pobreza distribuido por alcaldías refleja que solo en las de alto poder adquisitivo el índice no supera el 5%, las demás que son la mayoría y en las ciudades grandes, llega hasta el 30 % y hay departamentos (provincias) enteros donde alcanza el 70% y 90 %. Colombia es el país más desigual de la región (después de Haiti y séptimo en el mundo). Ni hablar de las tenebrosas cifras de la violencia estatal o paraestatal que a todas luces es apañada por el Estado o prohijada por él. Desde el inicio del proceso de paz, casi una centena y media de ex guerrilleros desmovilizados han sido asesinados. Cada dos días asesinan un dirigente social, que defienden el territorio, el medio ambiente o reclaman vida digna para sus comunidades. En la campaña electoral del año pasado una decenas de candidatos (de varios partidos) fueron asesinados por denunciar hechos de corrupción o molestar a algunos intereses corporativos, políticos delincuenciales.”  (Colombia arde. Y si no que arda!). Durante el 2020 hubieron 90 masacres y en lo que va de este año mas de 50 líderes sociales fueron asesinados. Por su parte las madres de los mas de 6000 falsos positivos reconocidos por la JEP siguen esperando justicia y buscando a los que siguen desaparecidos.

Y vuelven a invadirme las informaciones que se actualizan a cada instante: La cadena de solidaridad mundial con el pueblo colombiano. Los residentes en el exterior todos apoyando el paro y denunciando la feroz represión contra los manifestantes. En EEUU le impiden a Uribe participar de una conferencia que tenía agendada. En Argentina colombianos y argentinos, incluyéndolo al presidente Alberto Fernández se pronunciaron y reclamaron por el cese de la represión. Las redes están siendo censuradas, el poder del capital extiende sus tentáculos y mueve sus recursos para intentar invisibilizar la lucha del pueblo colombiano. Es un mal ejemplo no sea que cunda. Pero los videos, los informes, las denuncias, las fotos se filtran por todos lados en una tarea ardua para informar. Cada ciudadano se transforma en reportero.

Las cifras son contundentes. Ahí están las razones de tanta combatividad desafiando la feroz represión y la peste. Si no nos mata el Covid o las balas, nos mata el hambre. Dicen o piensan todos. Y no hay dudas de que ese es el camino. El neoliberalismo no va a recular con los votos o por buena voluntad, es necesaria la irrupción del pueblo organizado y dispuesto a cambiar su destino. Sin ese protagonismo la democracia es un cascarón vacío y los poderes fácticos siguen poniendo condiciones. La democracia será maradoniana o no será, titulábamos otro artículo graficando la necesidad de esa aparición disruptiva del movimiento de masas que cuestione la lógica del sistema y la ponga en crisis. Por eso decíamos en el estallido de fines de 2019, “si no está ardiendo Colombia, será menester que arda hasta que queme y ponga en tensión a las grandes mayorías para no bajar los brazos en la lucha por una vida digna de ser vivida para todos”. Ahora está ardiendo y su luz ilumina a todos los que luchamos por un mundo mejor, sin explotadores ni explotados.

Alberto Hernández

Fotos: Resumen Latinoamericano y otras fuentes

En versión reducida para La Idea de Cruz del Eje. (mayo 2021)

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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Una respuesta a Colombia: el neoliberalismo asesina a plomo o por hambre

  1. Muy buen artículo Alberto, con datos claros y “oficiales”. El estallido pone a Colombia en las noticias, pero como bien señalas desde que asumió Ivan Duque, el asesinato de lideres políticos y sociales tiene cifras que espantan, pero Bachelet no hizo en 2 años ni una sola mención. Eso si, está preocupada por Maduro. Abrazo

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