Elecciones en la Universidad de Córdoba. Una oportunidad para dejar atrás la gestión conservadora. Conversación con Alberto «Beto» León, candidato a rector por «Vamos»

Por Alberto Hernández

La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) es señera y punto de referencia no solo en la Argentina, sino en el mundo y mucho más aún en Latinoamérica. Desde la Reforma del ’18, que sacudió el continente para cuestionar los resabios feudales y clericales, hasta el actual modelo de gratuidad, calidad académica y democracia interna que son hechos distintivos. En sus más de 400 años, ha pasado por distintas etapas, en consonancia con cambios institucionales y sociales en el país: desde los movimientos estudiantiles contra las dictaduras inspirados en ideas revolucionarias, con el Taller Total de Arquitectura como avanzada pedagógica, pasando por conducciones progresistas como las de Luis Rébora en los albores de la democracia y las de Carolina Scotto y Francisco “Pancho” Tamarit en la década progresista de Latinoamérica. Pero no todo ha sido lineal, también hubo interregnos conservadores e intervenciones en períodos oscuros, como espejo de los conflictos y las fluctuaciones de nuestra vida como Nación. No obstante, se fueron dando avances como la elección directa de autoridades, la ampliación de la oferta educativa y la llegada a ámbitos de la sociedad tradicionalmente alejados del horizonte de la educación universitaria.

El 31 de mayo, 1 y 2 de junio se dirime una vez más la suerte de la UNC; entre la opción conservadora de “Somos”, encabezada por el binomio Jhon (el nombre lo delata) Boretto y Mariela Marchisio como continuidad de la gestión de Hugo Juri, y una progresista, “Vamos”, encabezada por Alberto “Beto” León aspirante a rector y María Inés Peralta como vice, que pretende rescatar y superar las gestiones de Scotto y Tamarit.

Quienes deben decidir en la contienda son estudiantes, docentes, no docentes y egresados. En el caso del movimiento estudiantil, dista mucho de ser aquel revolucionario de la década de los ´70 o el progresista de los albores de la democracia y también se ha modificado su composición de clase; hoy ha calado el discurso neoliberal hegemónico y predominan el radicalismo gorila y el schiarettismo, por lo que en ese claustro la batalla va a ser despareja para Vamos. En docentes y no docentes la disputa cambia un poco, y son los egresados los que quizás den el golpe, como que Vamos ya ganó holgadamente en la anterior elección. Los graduados deberán salir de su confort (y algunos de su desinterés y desconocimiento) y concurrir masivamente a votar si es que se quiere aportar para un triunfo progresista. Con ellos, León y Peralta tienen un trabajo arduo por hacer.

Sobre esta disputa y sus expectativas conversamos con el villamariense Alberto León quien, al igual que Luis Bazán, secretario General de SIVIALCO y al que entrevistara CAMPANEANDO hace poco, debió asumir la candidatura, cambiando sus planes de vida y de trabajo, obligado por su conciencia militante y por las circunstancias de una coyuntura complicada.

-En algunas cosas, las dos propuestas parecen coincidir. Somos también reivindica el reformismo del 18, la apertura hacia la sociedad… ¿cuál es la diferencia?

-Es posible que coincidamos en algunas cosas, pero la diferencia fundamental está en los hechos, no solamente en los discursos. Nosotros hemos gobernado durante nueve años la UNC y la hemos movilizado. La universidad que recibimos en 2007 no tiene nada que ver con la que entregamos en 2016; una universidad con una gran incidencia sobre la realidad cordobesa y argentina. La “Universidad de los 400 años”, todo el mundo la recuerda. Hicimos un salto académico importantísimo regularizando la situación de los docentes en muchas facultades con problemas de normalización debido a la falta de concursos; llevamos adelante la ampliación de numerosos derechos, como la extensión de las licencias por embarazo y maternidad, la identidad de género auto-percibida antes de que rigiera en la Nación; hicimos profundas inversiones en investigación y desarrollamos un programa de Extensión que ha sido revolucionario para las universidades argentinas, entre muchas otras acciones. El rectorado de Juri – Yanzi ha seguido con algunas pocas de esas iniciativas, manteniéndolas en el tiempo sin proponer nada nuevo. Los proyectos de esta gestión han sido conocidos por comunicados o a través de los medios de prensa, jamás fueron sometidos a la discusión en los órganos pertinentes, ya sea el Consejo Superior o la Asamblea Universitaria y -por lo tanto- se convirtieron en propuestas vacías porque no se tomaron el trabajo de generar un consenso a su alrededor… O sea, si el Rector tenía una iniciativa sobre la modificación del Reglamento Electoral sobre la bases de la metodología “una persona un voto” como lo dijo en algunos de sus documentos- pues bien lo podría haber consensuado dentro de su espacio y que Somos llevara adelante esa iniciativa y se discutiera, pero lo saca en un comunicado y jamás lo planteó en ningún ámbito de la universidad.

-Una gestión burocrática…

-Burocrática y vacía de contenido, con muchas dificultades para resolver lo operativo. Juri ha tenido algunas definiciones interesantes para el debate pero él ni siquiera las consensuaba en su propio espacio. El documento que él deja a modo de legado -que hizo público hace un mes- no lo firman ni el Vicerrector, ni ninguno de los decanos que participan de Somos.

-Está claro que Somos se reivindica oficialista como la continuidad de la gestión de Juri y Yanzi Ferreira, ¿ustedes son el scottismo?

-Nosotros reivindicamos los rectorados de Carolina y de Tamarit; es más, tanto María Inés como yo, hemos sido funcionarios de esas gestiones. Compartimos el gabinete de Carolina, ella como Secretaria de Extensión y yo como Secretario de Ciencia y Tecnología. Y luego, yo seguí como Secretario General de Tamarit y María Inés volvió a su facultad y luego pasó a ser la primera decana electa en Ciencias Sociales.

-¿No hay nada para corregir o revisar de esas gestiones?

-Seguramente. En general fueron rectores muy autoexigentes; si le preguntas a ellos te van a decir que quedaron muchas cosas sin hacer. Nos quedamos con muchas ganas de avanzar en una idea sobre la que estuvimos trabajando: hacer una escuela técnica secundaria dependiente de la universidad, así como tenemos el Monserrat y el Belgrano… fue una de las iniciativas que no logramos concretar.

-En la propuesta de Vamos, ustedes hablan de una universidad en función de un proyecto de país, comprometida con los debates públicos…

-Sí, nosotros nos caracterizamos en general por ser docentes universitarios que hacemos investigación y extensión y -como parte de nuestras tareas como docentes universitarios- asumimos también responsabilidades de gestión. No es que nos dedicamos a hacer política y ahora nos toca en la universidad, desde allí nos comprometemos con los debates nacionales. Creemos que en este momento hay una crisis humanitaria que se expresa en una crisis ambiental y de relaciones, en una crisis alimentaria, en una crisis sanitaria que requieren del aporte de las universidades y –justamente- las universidades argentinas tienen la particularidad de ser co-gobernadas, gratuitas, inclusivas y de calidad y esto no ocurre en muchos otros lugares. Prácticamente es un modelo único en el mundo y es exitoso. Entonces, la necesidad de la articulación de esta producción científica, tecnológica, de formas de enseñanza, que puede ofrecer la universidad, tiene que participar de las necesarias respuestas a estas crisis humanitarias que ocurren en la Argentina y en el mundo. Tenemos muchas expectativas puestas en lo que pueda producir la universidad argentina

-En este contexto de hegemonía neoliberal, con altos niveles de desocupación y de pobreza, ¿Cómo ves el papel de la universidad? ¿Podemos hablar de una universidad nacional y popular?

-No. La universidad no vive procesos muy distintos a los que ocurren en el país y en la provincia. En ese sentido nos constituimos como Vamos, pero no solamente para las elecciones sino también para dar la disputa político-ideológica. La UNESCO ha puesto de nuevo en discusión el papel de la educación superior como un derecho y lo quiere definir como un “bien transable”. Y esa discusión estamos dispuestos a darla y estamos esperando la instancia de la próxima reunión internacional que se va a dar acá en Córdoba, porque entendemos que es una ofensiva del neoliberalismo y que tenemos que enfrentarla. Y eso excede la cuestión electoral. En lo electoral está claro que el individualismo -que está haciendo cada vez más pie en la sociedad- afecta en algún sentido nuestras propuestas. Pero también es cierto que nuestra idea de universidad pública, gratuita y de calidad, no sólo es un anhelo colectivo, también es lo mejor para cada uno de los estudiantes. Si se empieza a degradar la calidad académica de la universidad, como pasó con un docente de la Facultad de Odontología que obligaba a los estudiantes a pagar en su academia privada para que aprobaran la materia que dictaba, y que el rectorado no haya tomado las medidas suficientes para contener el caso en el único lugar donde ocurría, esto empieza a extenderse como una mancha hacia el resto de la UNC. En ese sentido afecta, no solamente al colectivo, sino a cada estudiante porque se menoscaba la imagen del título que él va a obtener.

-Sobre el contenido de la enseñanza y los modelos en los que se basa… ¿no se imparte en algunas disciplinas una formación fragmentada, especializada, que pierde de vista lo general y su impacto social y está orientada a satisfacer las necesidades del mercado?

-Eso sí es una preocupación. El proceso de enseñanza-aprendizaje no es una sumatoria de créditos, cursitos y prácticas que uno va haciendo por su cuenta. En ese sentido, esta conducción de la universidad va por el mal camino porque lleva adelante un programa para el reconocimiento de “trayectos académicos”, por el cual vos podés cursar cualquier “trayecto” y vas armando la carrera a tu gusto y paladar, con el agravante de no diferenciar el rol de las universidades públicas del de las privadas. Esto equivale a tirar a la basura cien años de concursos: los docentes en la universidad pública no pueden serlo sin concursar, si no está comprobada su calidad, si no revalida sus conocimientos cada tanto; pero los estudiantes van a poder elegir cursos en una universidad privada, con docentes designados no se sabe cómo, sin conocer sus capacidades, y la UNC va a tener que validar ese “trayecto”. Esa es una propuesta muy peligrosa y que –además- no comprende que la enseñanza-aprendizaje es un proceso, no una sumatoria de retazos, y menos aún realizada por cada uno a su gusto.

-¿No se están formando profesionales, al menos en algunas áreas, a pedido del mercado?

-En la universidad pública no, porque no tiene la misma velocidad del mercado, que hoy quiere una cosa y la quiere para el año que viene. Los mecanismos para la creación de nuevas carreras y los requisitos para su aprobación, hacen que la universidad pública no tenga esa capacidad de respuesta. Lo que puede ser un defecto, pero es también una ventaja, porque ayuda que no se creen carreras que “se ponen de moda” y duran dos años. Sí son necesarias -en cambio- políticas de promoción e incentivos para carreras en las que faltan muchísimos profesionales, por ejemplo todas las ingenierías y los informáticos. La carencia que hay en la Argentina de egresados en informática y de diseñadores es increíble, sobre todo porque -además de ser pocos- muchos trabajan a distancia para el exterior con sueldos en dólares.

-¿Cómo está la participación de la mujer en la universidad?

-Se da lo mismo que ocurre en muchas otras áreas del Estado donde hay más mujeres que hombres, pero en los cargos jerárquicos es al revés. Por eso, estamos proponiendo la equidad de género en todos los cargos jerárquicos y electivos.

-¿Y cómo es la actual composición social del estudiantado? Parecen predominar los sectores con mayor poder adquisitivo…

-Sí, hay una buena cantidad de estudiantes que provienen esos sectores. Pero hay que tener en cuenta que, por la creación de nuevas universidades nacionales en el territorio, ya no vienen tantos estudiantes de otras provincias, predominan los provenientes del interior de Córdoba.

-Obviamente tiene que ver con la realidad económica y social del país, pero ¿hay alguna iniciativa para brindar mayores posibilidades de estudios a los trabajadores? ¿Qué proponen ustedes? ¿Las universidades populares apuntan en esa dirección?

-Las “universidades populares” tienen un defecto -al menos- generan falsas expectativas. Se instalan en barrios, en localidades del interior y las llaman “universidades”. Entonces la gente cree que va a la UNC. En realidad, dan certificados prácticamente nulos en cuanto a su validez, ningún título ni diploma, sobre los más variados cursos. Y lo peor es que en algunos municipios los cobran, mientras nosotros tenemos la universidad pública y gratuita.

-¿Es una experiencia para desechar o se puede mejorar o replantear?

-Las llamadas “universidades populares” siguieron con la concepción política con la que nosotros hicimos el Programa Suma 400. Pero ese programa estaba lleno de contenido. No se firmaban convenios para dictar cursos, se hacían intervenciones de apoyo a la gestión local sobre los problemas que los municipios señalaban como necesarios. Además, en la elaboración del Suma 400 participaban los Consejos Asesores de Ciencia y Tecnología y de Extensión, integrados por representantes de todas las facultades. Las 15 unidades académicas estaban –entonces- comprometidas con ese Programa, porque cualquier demanda de los municipios se discutía con la participación de todas las unidades académicas para poder otorgar respuestas. Lo de ahora es una iniciativa que lleva una Secretaría que, de vez en cuando engancha alguna problemática, o cursos que imparte gente de la misma localidad y que antes dictaban en su casa o en una academia, y ahora los da la “universidad popular”.

-¿Y con el tema del presupuesto?

-El presupuesto… los cuatro años de macrismo fueron tremendos para la universidad; los dos años de pandemia no se pueden evaluar porque son muy difíciles de comparar, pero vemos con preocupación que hubo muchos rubros en la universidad donde forzosamente se hizo un ahorro: luz, limpieza, horas extras. Y ese dinero no se volcó a mejorar la calidad de la enseñanza virtual. No sabemos qué se hizo con ese ahorro.

-¿Y la cuestión salarial?

-El tema salarial va por otro carril. En la última paritaria docente no se logró recuperar lo que perdimos durante el macrismo. Venimos cerrando paritarias que están un punto o dos por arriba de la inflación, pero al mes siguiente ya estás de nuevo tres abajo porque la inflación mensual no se detiene. Los que somos del Conicet estamos más atrasados porque participamos de las paritarias de los estatales nacionales, somos uno de los pocos sectores que no tenemos convenio colectivo de trabajo. Ese es uno de los ejes de campaña que propuse al directorio del Conicet.

-¿Políticamente cómo definís a Vamos?

-Vamos tiene mucho peronismo y mucho progresismo, pero también mucha gente no alineada. Todos nosotros, inclusive los que dejaron de ser funcionarios, están en las cátedras. No son funcionarios nacionales o provinciales, que es lo que puede darte una identificación partidaria. Tamarit y Scotto están en sus cátedras; yo he sido Secretario General de la UNC y volví al laboratorio y a mi cátedra, Gustavo Chiabrando (nuestro anterior candidato a rector) volvió a ser director de un instituto, Ana Falú (candidata a vicerrectora) está jubilada pero sigue trabajando políticas feministas amplias, y está organizando un acto de todos los movimientos feministas de apoyo a Vamos… por eso no es tan fácil adjudicarle una identidad partidaria a nuestro espacio.

-¿Pero podemos decir que es un espacio nacional y popular o de centro izquierda?

-En general podemos decir que respondemos a esos lineamientos, pero no sé… mi laboratorio me vota completo y ahí trabaja gente que en elecciones generales vota al Pro. Si yo fuera Secretario General y me voy de funcionario de Cristina, y después vengo y me conchabo con Walter Robledo, que es del enclave de Schiaretti… entonces sí se puede decir que uno tiene un perfil partidario, pero yo estoy siempre en la cátedra y produzco para el Conicet y la UNC, con el presidente que esté. Y eso es muy fácil de comprobar, y no es sólo mi caso. María Inés Peralta dejó la Secretaría de Extensión, después fue Decana, terminará en par de años en el peor de los casos, y vuelve a la cátedra. No es que estemos haciendo política como parte de nuestro trabajo como docentes e investigadores

-En la actividad universitaria ¿qué jerarquizan más: la docencia, la extensión o la investigación?

-A ver…las tres. Aunque sabemos que no todos los docentes pueden hacer las tres cosas. Sobre todo los que no son de dedicación exclusiva. No le podés pedir a quien trabaja veinte horas por semana en la universidad que haga las tres cosas. Las tiene que hacer un equipo de cátedra donde tiene que haber gente que haga docencia, extensión e investigación y también gente que haga ejercicio de su profesión. Porque en las carreras profesionalistas vos no podés dictar clases sólo con docentes que están todo el día en la universidad. Cómo vas a formar arquitectos o ingenieros si no contás con profesionales que trabajen en la construcción de casas, puentes y edificios. Lo que necesitás es que los docentes no tengan como única fuente de formación los libros. Necesitás que estén investigando en la frontera del conocimiento, y por eso el objeto de estudio es el objeto con el que se vinculan todos los días. O que se vinculen todos los días con la práctica profesional y -por lo tanto- eso se vuelque en su docencia. Si tenés docentes que van y leen un libro y repiten lo que leyeron, tenés una escuela terciaria.

-Volviendo al tema de la formación fragmentada… por ejemplo el caso de medicina respecto del modelo médico hegemónico y el interdisciplinario y la idea de la medicina preventiva. Ahora… los profesionales no salen de la Facultad de Ciencias Médicas con esa formación. Salen y se incorporan en general al mercado de la salud…

-También tenemos algunos propios que tienen esa concepción, pero son muy pocos, el plan de estudios apunta para eso y a la necesidad de una inmediata especialización. Hay muy pocos médicos generalistas. Se está lejos del modelo de los médicos formados en Cuba en la ELAM, por ejemplo.

-Bueno… de las facultades de Ciencias Económicas, no sólo de Córdoba sino del país, salen los profesionales formados en teorías monetaristas ortodoxas que después van a los ministerios de economía y le cagan la vida a todos los argentinos… y de la Facultad de Ciencias Médicas salen muchos médicos que trabajan de acuerdo a los intereses de la industria farmacéutica y tecnológica. Eso debe ser durísimo de cambiar…

-Sí, en algunos casos es así, pero los cambios de los planes de estudios tienen que venir de las facultades, son las unidades académicas las que tienen que proponer una currícula que luego se eleva por intermedio del rector a la Comisión de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Este organismo es el que establece si cumple con las reglamentaciones vigentes para la carrera y si va a reunir las atribuciones que va a cubrir el título, devuelve los proyectos si hay que hacer correcciones y también por ese mecanismo se modifica.

-Actualmente ¿cuáles serían las facultades donde está gobernando Vamos y de dónde pueden venir los mayores apoyos?

-Son cinco las facultades donde gobierna Vamos: la Facultad de Astronomía, Matemáticas y Física (Famaf), la Facultad de Artes, la Facultad de Ciencias Sociales, la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Facultad de Ciencias Químicas. Hay dos facultades que no tienen una conducción radical, Comunicación y Psicología, donde esperamos ganar aunque no las conducimos; y además pensamos sacar una buena cantidad de votos, aunque no significa ganar, en Ciencias Exactas y en Arquitectura, hacer una elección relativamente buena en la Facultad de Lenguas, Odontología y en la Facultad de Ciencias Agronómicas. Sacar algo en Derecho también. Pensamos que nos va a ir mal en Ciencias Médicas y en Ciencias Económicas. En Agro vamos a sacar votos porque soy candidato yo, pero es una facultad muy radical y muy enfrentada con el kirchnerismo por el tema del campo, hay muchos hijos de productores del interior.

-¿Votan también el colegio Manuel Belgrano y el Monserrat?

Sólo los no docentes. Es un tema que quedó por resolver y no pudo hacerse en la Asamblea convocada a las apuradas e ilegítima que sancionó el cambio del régimen electoral convocada por el actual Rector.

-¿Cuál es la experiencia del voto directo, fue positivo?

-Hasta ahora, se ha votado sólo una vez para elegir Rector/a y Vicerrector/a con esa metodología y creo que sí, ha sido positivo. Es mucho mejor el sistema de elección directa. En lo que no estamos de acuerdo es en que el voto se pondere sólo por claustro. La universidad es el conjunto de las 15 facultades, así lo define el Estatuto, por eso el 50 por ciento de los votos es de los docentes. Nosotros acordamos con eso pero sostenemos que una quinceava parte debe ser para cada facultad. Y así está constituida la Asamblea Universitaria, con esa representación de las quince unidades académicas. Por eso pensamos que la Asamblea convocada por Juri en 2016 para modificar el sistema electoral de la UNC fue un escándalo: dicen que sesionó con el quorum justo, dicen que tenían los votos que les hacían falta, no estaba el Rector, no estaba el Vicerrector, los docentes no podían llegar porque había policías y perros alrededor, se convocó en un lado y se hizo en otro. Fue un verdadero escándalo esa Asamblea. Duró siete minutos y cambiaron decenas de artículos del Estatuto universitario.

-¿En el marco internacional y particularmente en Latinoamérica, qué ubicación tiene la UNC y qué se plantean ustedes?

-La UNC es una universidad de referencia para el norte y el oeste de la Nación, eso es algo que las actuales autoridades han abandonado, yo creo que deben establecerse vínculos y articular políticas con las otras casas de estudios de esas regiones para contraponer el peso que tiene la región metropolitana. No se trata de confrontar, pero sí de generar propuestas diferentes, de manera que no sea todo propuesto desde la centralidad, desde Buenos Aires, el conurbano o La Plata. En eso, la UNC ha perdido un poco su rol.

-La universidad pública argentina es un referente a nivel latinoamericano, y debe ser un caso único en el mundo de gratuidad e ingreso irrestricto ¿qué se plantean ustedes en ese marco? Yo veo que hay muchos extranjeros que en su país tienen que pagar para estudiar y se vienen acá…

-Tenemos muchos colombianos y chilenos estudiando acá. Cuando tenemos reuniones de cooperación internacional o de definiciones políticas en el marco latinoamericano, nos cuesta encontrar aliados con este modelo tan particular, inclusive en universidades conducidas por espacios políticos afines. Nos cuesta. Y damos las discusiones punto por punto con la concepción de universidad, la universidad pública argentina es gratuita desde hace 70 años, es patrimonio del pueblo.

-Sobre el ingreso irrestricto… recuerdo una polémica del Che Guevara al respecto. En Cuba te filtran el ingreso de acuerdo a las necesidades de la economía o del proyecto de país. ¿Acá cómo se da eso? Claro que hablar hoy en Argentina de un proyecto de país es complicado…

-No se pueden hacer comparaciones con Cuba, que tiene una economía planificada y que tiene en claro qué necesitan. Primera cosa: en la Argentina el ingreso irrestricto es producto de luchas, y eso es algo a tener en cuenta, nadie se lo regaló al movimiento estudiantil. Segundo tema: la universidad masiva argentina es de calidad, entonces ¿cuál es el problema?: el gasto. Nosotros estamos en contra de contar cuánto demora en recibirse un ingeniero en la Argentina y cuanto le costó al Estado… ¿Cuánto le costó al Estado un joven frustrado que no pudo estudiar lo que quería?, ¿cuánto le costó al Estado un pibe que se tuvo que ir a trabajar en lo que no quería porque no pudo ingresar a la universidad, porque no tenía recursos para ir a una privada y la pública no lo aceptó? Está claro que los gastos en la universidad pública argentina no son lo que afecta a la economía nacional.

-Pero hay que considerar que hay un alto grado de deserción…

-Sí, alto grado de deserción y alto grado de demora en la finalización de las carreras. Pero eso no se resuelve haciendo entrar a los que sacan la mejor nota en un examen y mandando a los otros a la calle. Lo que sí es cierto, y se trata de un problema que tiene que resolver la universidad pública argentina, es que hay profesionales en falta, necesitamos que la universidad pública argentina forme un determinado tipo de profesionales y esas carreras no tienen estudiantes, o tienen estudiantes que – la mitad de la carrera- se los llevan las empresas y nunca egresan. Tiene que haber programas de becas para solucionar eso, como ya dije antes.

-También ocurre que hay determinado tipo de profesionales que sobreabundan y deambulan por un trabajo…

-Sí, pero no te creas que es tanto, ¿cuál es el caso que más se comenta?: psicólogos. Ha estallado la matrícula en la Facultad de Psicología, hasta el punto de que no ha podido volver a la presencialidad porque no tienen aulas donde entren todos. Seguramente debería haber más información para que la gente no se prenda en carreras de poca salida laboral… pero -sobre todo- creo que debería haber incentivos. Por ejemplo, para estudiar programación tendría que haber incentivos. Nos faltan un montón de programadores. Yo soy director desde hace tres años del Centro de Investigación y Transferencia Rafaela, una estructura que genera el Conicet con las universidades para radicar investigadores en lugares donde no hay tradición de investigación. Una de las áreas más pedidas por el centro comercial e industrial de Rafaela es formar gente en software y en sistemas embebidos porque ellos lo necesitan para las industrias de la región. No obstante, me dicen: “no vas a conseguir un becario, un investigador… nosotros, que estamos súper-consolidados, no conseguimos, porque no terminan la carrera de grado cuando les va saliendo laburo”. Y así fue, y en tres años no hemos conseguido a nadie. En la segunda presidencia de Cristina, se instituyó la beca General Belgrano para estudiantes de Ingeniería que habían dejado la carrera y se pudo recuperar una buena cantidad de ingenieros.

-¿Y qué piensan hacer con los Servicios de Radio y Televisión (SRT)?

-Hay que contextualizar la situación de los SRT, cuando los recibimos en 2007 estaban absolutamente abandonados, sin equipamiento, desactualizados, con una deuda millonaria con la obra social, sin programación propia, desvinculados de la universidad, con nula presencia de la producción de la UNC en las radios y el canal. Nosotros dedicamos muchísimos esfuerzos para superar esos déficits en todos los planos, creamos el canal Cba24n, el primer canal de noticias de Córdoba, construimos nuevos estudios, aumentamos sustancialmente la programación propia, sobre todo informativa, mejoramos la relación con el personal, saneamos las finanzas, trabajamos contenidos con el canal Encuentro y –particularmente- se inició un camino de mayor vinculación entre lo que acontece en la UNC y los SRT. Ese camino es el que debemos retomar, mediante lineamientos que deben discutirse en los ámbitos correspondientes para realizar un plan que evite las improvisaciones, garantizando la seriedad, la independencia y la pluralidad, que en buena medida ha perdido en los últimos 6 años. Hay que recordar que a los SRT los dirige un directorio y que la empresa recibe el apoyo del Rectorado, y aprovecho para transmitirle tranquilidad a la comunidad de los SRT en relación al futuro inmediato, en el que la jerarquización de los medios universitarios será nuevamente nuestro principal objetivo.

-Finalmente, ¿qué les dirías a los que no están muy interiorizados con la realidad universitaria para que voten a Vamos?

-Para quienes estamos en la vida cotidiana de la UNC, uno de los principales objetivos es superar la desigualdad existente entre las diferentes unidades académicas. Esto viene de años, pero se ha visto agravado por las restricciones que impuso la pandemia. En general, para la sociedad en su conjunto, para los egresados, que no están en el día a día de la universidad, les decimos que trabajaremos porque la UNC vuelva a ser protagonista de la vida pública de la provincia y de la ciudad de Córdoba, que vuelva a movilizar las fuerzas creativas y de gestión, que vuelva a interpelar a la sociedad cordobesa respecto a su rumbo, respecto a sus prácticas y su futuro. Que vuelva a ser una universidad movilizada.

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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2 respuestas a Elecciones en la Universidad de Córdoba. Una oportunidad para dejar atrás la gestión conservadora. Conversación con Alberto «Beto» León, candidato a rector por «Vamos»

  1. Guillermo Hossly dijo:

    Me parece tan, pero tan bueno el reportaje que, de ahí, se me ocurre, debería salir la plataforma, la comunicación, la convocatoria a votar al «Vamos». Digo esto porque me preguntaba qué diferencias hay, por qué votarlo al Beto León y a la actual Decana de la Fac de Cs Sociales. Me preguntaba para compartir la pregunta y promover el debate. Hacia afuera, hacia todo el espacio de la universidad. Por qué votarla a María Inés Peralta, al Beto y a ese proceso colectivo que vienen construyendo (Carolina Scotto, especial mención). Me parece que, en las respuestas claras a tan incisivas preguntas, aparecen las razones para votar un cambio en la conducción de la UNC. Abrazo

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