Barcelona: en las calles, la esperanza es compañera

El amplio Passeig de Joan de Borbó, bañado por un tímido sol que pretendía anunciar la inminente llegada de la primavera, se pobló repentinamente de miles, miles pero miles, de almas que exigían solidaridad de Europa con la marea de inmigrantes que hoy se agolpan en sus playas, fronteras

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y burocráticas oficinas. Barcelona Babel, Barcelona Republicana, Barcelona solidaria marchaba y exigía sus gargantas gritando en favor de los refugiados, en contra del racismo, por la igualdad de derechos de los seres humanos sean de la raza, religión, condición sexual o social que fueran. Negros, blancos, mestizos, asiáticos, hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados, todos sin distingos, todos seres humanos, todos codo a codo, con la alegría de saberse juntos y de ser muchos, y con la bronca por la urgencia y justicia del reclamo, marchaban a paso firme por esa calle de la balnearia Barceloneta. Y yo en el medio, sorprendido porque en un principio pensé, viendo la manifestación desde lejos, que era un anticipo de Semana Santa. Mi instinto me llevó a mezclarme y mirar cada cartel, cada rostro, cada actitud. Pocos cartelones de grupos organizados: los convocantes de la Comisión Catalana de Ayuda a los refugiados, una agrupación ambientalista, otras de solidaridad, algunas políticas, los infaltables independentistas y poco mas. La mayoría eran voluntades individuales con sus propias consignas y reclamos: “No al racismo”, “Europa Vergüenza”, “Por una república

catalana inclusiva”. Muchas banderas cat

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alanas y ni una de España como es en toda Barcelona. Y eran miles. Y yo ahí sintiendo que ese era mi lugar, que me unían las mismas cosas con esa multitud, que somos muchos los que en el mundo tenemos los mismos sentimientos, los que pensamos que un ser humano es igual a otro ser humano, hable el idioma que hable, que tiene sentido la solidaridad y la lucha por un mundo mejor. El capitalismo con su voracidad y su militarismo está sembrando de injusticias el planeta, condenando a millones de seres al hambre, el desempleo, el desarraigo y la muerte y hoy pareciera que ha extendido sus alas de buitre para sobrevolar amenazador sobre nuestras cabezas. A pesar de eso, en medio de esta multitud me sentí fuerte. Pensé que existiendo estos miles acá, que miles mas miles hacen millones, que millones acá, en Argentina, Brasil, y otros países del mundo, no hay forma de que puedan vencernos, no hay forma de que este sistema depredador pueda poner de rodillas a la raza humana. Sentí que hay esperanzas.

De nuestro corresponsal en Europa: Gringotilo

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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