Las campanas doblan a rebelión

Hebe agitó el bad

Macri para la mano
ajo y resonó el primer campanazo. Tenía que ser ella, la que nunca bajó los brazos, que no tiene miedo porque se construyó en el miedo como paradigma de rebelión, que subvierte, que provoca, que no naufraga en las aguas pastosas de los términos medios, la que fractura con un mazazo la sociedad entre legalidad y legitimidad, la que desnuda la hipocresía de los acólitos de la institucionalidad y la democracia que es propiedad de las clases dominantes y que es capaz de convocarnos con una consigna: “Macri pará la mano”.

Es hora de rebelión. El pueblo tiene derecho a la rebelión. Y no solo los que apoyamos en estos doce años al Kirchnerismo, también los que votaron a este gobierno porque fueron estafados.

La ofensiva lanzada contra el pueblo con argumentos que no resisten la menor discusión, que no pueden esconder su impronta de clase y su desprecio por la inteligencia y la vida de los argentinos, nos da ese derecho.

La pusilanimidad, la tibieza y la especulación personal, política o corporativa, las apelaciones a la gobernabilidad como excusa, no tienen cabida en esta hora donde se juegan tantas cosas. Desde el poder, desde los medios dijeron: “esta señora no respeta la institucionalidad”, también desde algunos bienintencionados referentes populares que dicen respetarla, pero que no entienden lo que está en juego, se escuchó en estos días: “…pero tendría que haber comparecido ante el juez”. Y uno se pregunta: ¿De que instituciones estamos hablando? ¿La justicia que

defiende el status quo, para la cual la propiedad privada es mas importante que la vida de los ciudadanos? ¿La justicia soporte de un sistema injusto, que defiende al rico y deja al pobre librado a su suerte? ¿La justicia que ha tomado partido por el régimen imperante y se dedica a perseguir a todo lo que huela a Kirchnerismo y no procede de la misma forma con los delitos más graves y más evidentes de quienes detentan el poder? ¿Esta justicia que tiene secuestrada desde hace meses a Milagro Sala sin que tenga ningún cargo en su contra que no sea excarcelable? ¿esta justicia que tiene jueces como Bonadío que aplica, al decir de quienes conocen el medio judicial, leyes y procedimientos propios con total arbitrariedad? ¿Esta justicia que bloqueó con chicanas la aplicación de la Ley de Medios obedeciendo los mandatos del grupo Clarín?

Hebe grita ¡despiértense, que la gente en la calle es mas fuerte que la dictadura de esta justicia venal y clasista!

Pero la justicia, esta justicia, con minúsculas, el “Partido Judicial” (para no involucrar a los pocos que tratan de dignificarla) es una pata del poder que se apropió para su beneficio y nuestro padecer, de las instituciones de la República y actúan de consuno con el poder político, económico y mediático para poner de rodillas al pueblo y a la Nación en aras de asegurar altas tasas de ganancia para los dueños del capital nacional e internacional, transfiriéndoles recursos de los trabajadores y las clases medias. Vieja costumbre de las oligarquías y dueños del capital a quien se reporta esta justicia que tenemos.

El abogado y sociólogo Roberto Gargarella, director de la Revista Argentina de Teoría Jurídica, en su obra “El derecho a resistir el derecho” (2007) afirma que los grupos sociales que han sufrido una grave marginación “no tienen un deber general de obedecer el derecho, dado que el orden legal no les ha asegurado la protección que necesitaban contra los daños más severos que sufrían, a la vez que ha sido en parte responsable de la imposición de algunos de esos severos daños” Y dice más: “ los oprimidos deben considerarse moralmente libres de desobedecer aquellas órdenes que causan o fortalecen su situación de opresión” Por caso sería que la justicia opte por una salida salomónica y convalide el “módico” 400% de aumento en el servicio de gas y ponga a la gente ante la opción de decidir si paga el gas o come, si paga la luz o se atiende la salud. Situación de opresión o violencia institucional es el desempleo, el hambre, la desigualdad, que para este gobierno no es otra cosa que sinceramiento, es decir bajarnos a tierra y sacarnos de la nube de pedos en donde nos puso el Kirchnerismo haciéndonos creer que nos merecemos una vida digna.

Pocos seres humanos se resignan a vivir su corto paso por este mundo ( y pensar que la vida es tan breve…como un siglo, cantaba en los ’70 Pancho Heredia) sumergidos en el barro, sin futuro, sin siquiera tener el derecho a soñar. La mayoría, al menos los que no dan tanto crédito a esto de soportar este valle de lágrimas para ganarse la vida eterna, se rebela, se retoba contra el orden establecido que ya ha decidido que ese es su destino (…asigún dicen nací varón porque en el pique faltaba un peón, cantaba Larralde). Unos nacen para mandar y otros para obedecer, unos para gozar de la vida y los otros para ponerle el hombro. Así son las cosas y a joderse, piensan los dueños de la plata y transmiten los funcionarios del gobierno. Pero la gente se rebela…(y otra vez Larralde: “…y clavé el garrón porque no quise ser chicharrón”) y busca torcer su destino. Cuando esa rebelión es individual, pocas veces concluye en la conquista del éxito tras un camino de sacrificio, es más probable que se canalice en el delito, el aislamiento o el suicidio. Solo la rebelión como hecho colectivo puede conducir a modificar la realidad.

Hoy ni siquiera la propia iglesia católica niega ese derecho. El Papa Francisco no pierde la ocasión de darle leña al capitalismo salvaje, a la explotación y la opresión del sistema y lejos de predicar la resignación convoca a “hacer lío”. ¡Pues hay que hacer un liazo!. Los creyentes deberían seguir sus consejos.

También lo dice la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa en sus artículos 33º, 34º y 35º incluidos en su reforma de 1793: “La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás derechos del hombre. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno solo de sus miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo social es oprimido. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el mas indispensable de los deberes.”

Hasta la “Gran Democracia del Norte” hace mención a ese derecho en la propia declaración de independencia de los EEUU, mientras que Miguel de Cervantes en su Don Quijote lo expresaba así: “Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. Y hablando de honra, no está de más citarlo a quien se nos fue hace unos días y que de haber estado hoy, al igual que Agustín Tosco, Atilio López o René Salamanca, no estarían dudando o quejándose de que esto va de mal en peor (¿que esperaban de un gobierno que tiene como objetivo declarado, la restauración conservadora?) sino llamando al combate. Decía Raimundo Ongaro: “Es preferible honra sin sindicatos que sindicatos sin honra” y a la hora de definir a la CGT de los Argentinos decía que eran todos los que sufrían y estaban luchando por sus derechos a lo ancho y a lo largo del país. Esa CGT es la que hoy necesitamos: para la lucha, no para las componendas o la defensa de intereses corporativos.

Como vemos, hay suficientes opiniones jerarquizadas, antecedentes históricos y nuestra propia experiencia de lucha que dicen que a la hora de defender los derechos, de pelear por la dignidad no hay justicia ni orden legal o institucional que pueda amordazar al pueblo.Hebe, con esa intuición de pueblo, con ese saber de quien sufrió y luchó mucho toda su vida, lo hace más sencillo: “…no entiendo nada de derecho, lo que sé es es que es muy bueno que pase esto y que los pueblos tengamos claro que cuando salimos a la calle y tenemos razón, tenemos razón”

Es hora de rebelarse contra el “sinceramiento necesario” porque el otro gobierno nos había hecho creer que teníamos derecho a vivir dignamente; hora de rebelarse contra el “que a Macri le vaya bien” porque si a él le va bien nos va ir como el tujes a nosotros, ya que este deja vu es bastante más fulero; hora de rebelarse contra el temor a que “la caldera explote” ya que los que piensan así temen que la explosión se los lleve puestos. Pues que explote y que se vayan al carajo, ya nos arreglaremos. En el corazón del pueblo y en su historia de lucha están las reservas para la reconstrucción de la Patria. Rebelarse contra esta ficción democrática y estas instituciones travestidas, que coartan la libertad con la pobreza y la marginación social. Contra la disminución de los salarios reales: huelga general; contra las cesantías: huelga general, tomas de fábricas y cortes de rutas; contra los tarifazos: no pagar; contra los cortes de servicios: piquetes vecinales para evitarlos y trabajadores de esos gremios negándose a hacerlos; si a pesar de todo los interrumpen: equipos de de electricistas y gasistas para hacer conexiones clandestinas. Y movilización y movilización. Las calles deben ser nuestras. Nada que no hayamos hecho antes en dictadura o en democracia.

Hebe, llamó a rebelarse. Es hora entonces de buscar la unidad para la rebelión organizada. Hay que ponerse en marcha porque no habrá clamor que nos traiga a Moisés.

Parafraseando a Hemingway nos preguntamos ¿por quien doblan las campanas?

Depende de nosotros, es la respuesta.

Alberto Hernández

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
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