Perfume de mujer

39660

El mundo del trabajo ha cambiado sustancialmente en los últimos cincuenta años. La incorporación de los acelerados avances tecnológicos a la producción, fue expulsando mano de obra y aumentando la tasa de explotación de los trabajadores. Para dar un ejemplo, tomemos el caso de Renault: en la época del Cordobazo tenía doce mil trabajadores entre obreros, empleados administrativos y técnicos, y producía 45.000 vehículos al año (promedio 1959-1970); hoy con dos mil trabajadores y más de treinta robots, produce en promedio 54.000 (promedio 1971-2015) que si contabilizamos solamente los últimos años ese promedio se eleva a entre 100.000 y 120.000 vehículos anuales. Esta evolución se dio en general en casi todo el sector manufacturero, incrementándose los trabajadores del sector terciario y aquellos de producción de tecnología que requiere poca mano de obra y altamente especializada.

De la mano de estas transformaciones también se ha ido operando un cambio en la conciencia de clase de los trabajadores y una fragmentación sobre la base de una notable desigualdad de ingresos. La pérdida de la percepción del carácter explotador de la empresa capitalista, que ha ido reemplazando sistemas productivos, agresivos para la salud y la vida de los trabajadores, por otros altamente sofisticados y más amigables, que requieren mano de obra calificada y en buena parte

profesional o científica, ha provocado un efecto de licuación del conflicto de clase. Una gran sector de estos nuevos “proletarios” se sienten parte de la empresa y comparten, colaboran y celebran sus éxitos. Su mayor capacidad de consumo, y sus nuevos hábitos de vida ha trastocado su identidad de clase ubicándolos en la gaseosa “clase media” con aspiraciones. Y los últimos procesos populistas latinoamericanos no han podido torcer ese destino sino que lo han profundizado. Al decir de Leonardo Boff, el teólogo brasileño, estos procesos que asentaron el crecimiento económico y el progreso social en el incentivo a la demanda, crearon “consumidores en lugar de ciudadanos” y con ello prácticas sociales que ponen por encima los intereses individuales sobre los colectivos.

Ya no existe el movimiento obrero del Cordobazo, el que parió los programas de La Falda y Huerta Grande y ni siquiera el de la GGT de Ubaldini. Y en consonancia con ese proceso, las dirigencias sindicales también han operado un cambio. De aquellos dirigentes que al decir de Tosco abogaban por un cambio social, a estos que van a los coloquios de IDEA a “aprender de los empresarios” media un abismo.

La CGT estuvo siempre dividida y en una de ellas también siempre se nuclearon los traidores y colaboracionistas, negociadores y participacionistas, burócratas y corruptos. Pero siempre también hubo referentes y organizaciones que se constituyeron en alternativas combativas y con capacidad de convocatoria a otros sectores del arco nacional y popular que permitían a los trabajadores tener capacidad de negociación frente al capital.

Hoy la resistencia a esta nueva e inédita oleada neoliberal en el país, no tiene muchos referentes: la Corriente Federal de Trabajadores que conduce el Bancario Palazzo, las dos CTA, que han manifestado voluntad de unirse, algunas regionales de la CGT y algunos gremios u organizaciones de base que también tienen que lidiar con sus propios compañeros que todavía creen que van a remontar vuelo aferrados a los globos amarillos.

Las políticas fondomonetaristas que a poco de andar tuvo que aplicar el gobierno de Alfonsín, recibió como respuesta trece paros generales de la CGT. Posteriormente la claudicación de Ubaldini durante el Menemismo, dio origen a la CTA que enarboló la bandera de defensa del trabajo, la lucha contra la pobreza y las privatizaciones; el MTA de Moyano y no hubo más. Las respuestas populares que a partir de allí se dieron fueron responsabilidad de sectores medios, desocupados, expulsados del aparato productivo y emergentes sociales. Cambiaron las formas de lucha, apareció el piquete y las cacerolas y aparecieron otros actores, que a muchos hicieron pensar que el sujeto social del cambio ya no eran más los trabajadores.

En todo este tiempo las más poderosas organizaciones sindicales se fueron convirtiendo en aparatos burocráticos que se asemejan mas a empresas que a organizaciones de trabajadores y sus dirigentes, gerentes que cuidan sus negocios, sus intereses corporativos y muy alejado de la situación de sus representados. Tienen patrimonios millonarios, son personajes del “jet set”, de la farándula, del mundo del deporte y muchas cosas oscuras que esconder. No tienen tanta diferencia en ese sentido con los CEOS que gobiernan y por eso se entienden bien con ellos. Basta conque alguno vaya en cana como el “Pata” Medina para que todos sepan que les puede pasar lo mismo. Por lo tanto a no hacerse el loco.

En buena medida esta es la explicación por la cual hoy ante los despidos, la precarización laboral, el aumento de la pobreza, la destrucción del estado de derecho, la propia esencia de la república y la flexibilización laboral, no haya reacción. Solo pucheritos, protestas tibias y vamos a seguir analizando porque en una de esas este gobierno perjudica a los trabajadores.

1014encuentronacionalmujeresg1-620x400

Aunque hay gremios que no han caído en esa lógica, no parece venir por ahí la recomposición del movimiento popular para resistir y finalmente dar vuelta este estado de cosas. Hoy parecen ser más dinámicos, tener mas energía, capacidad organizativa, y de convocatoria, los movimientos de genero, democráticos, de derechos humanos, ambientales, indigenistas y vecinales en torno a los abusos de las políticas de ajuste, que el sindicalismo.

Así las cosas, la tarea será unir. Unir y organizar y no sería raro que quien encauce todo ese conglomerado de energías sociales vaya a tener nombre, agallas y perfume de mujer.

Y estaría bien.

Alberto Hernández

Para La Idea de Cruz del Eje (noviembre 2017)

Acerca de Alberto Hernández

Militante popular. Ex dirigente político y sindical, ex concejal de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodista y escritor grado 4 en la escala Mercalli. Sueño con un mundo sin guerras, sin explotados ni explotadores donde el hombre no sea lobo del hombre.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s